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GANADERÍA.- SEPÚLVEDA DE YELTES

Un clásico renovado

El último refresco con sangre Domecq ha revitalizado la ganadería de Sepúlveda de Yeltes, vacada que en los años ochenta y noventa del pasado siglo vivió momentos de esplendor con la incorporación de la rama parladeña de Atanasio sobre el encaste originario de la ganadería: el de Murube-Contreras. Aquella base adquirida en tiempos de postguerra por el abuelo del actual propietario ha ido actualizándose en función de las necesidades de cada momento, es decir, de las demandas del público y los toreros, o, lo que es lo mismo, del propio toreo en definitiva.

Íñigo Sánchez-Urbina Chamorro arrancó su aventura como criador de bravo a la muerte de su padre. “Aquello fue en 1980, así que debo ser uno de los ganaderos más antiguos de España. Aunque tenga 59 años, no creo que haya muchos compañeros con más de cuarenta años de experiencia”, remarca de entrada quien presume orgulloso no sólo de su historia, sino también de la de sus ancestros: “La ganadería actual es la misma que la de 1942, sólo que con el tiempo hemos tenido que ir haciendo refrescos. Empezó mi abuelo con una base de origen Murube-Contreras comprada a la familia Sánchez Rico. Luego mi padre y mi tío incorporaron sangre Atanasio a mediados de los sesenta porque empezaron a exigirse animales con más volumen y nuestro toro se había quedado pequeño. Y la incorporación más reciente, de origen Domecq, la he hecho yo a través de Daniel Ruiz, Javier Sánchez Arjona, Juan Pedro Domecq y Conde de Mayalde. También entró algo de García Jiménez, pero el sello actual lo está dejando, fundamentalmente, lo de Arjona, Juan Pedro y Mayalde”, resume el propio ganadero, que matiza que en cada una de esas ganaderías “he ido buscando familias y líneas concretas que creo que pueden aportarme lo que necesito: bravura y prontitud”.

El hecho de no haber ido eliminando, sino incorporando nuevas sangres sobre las ya existentes, implica que reducir la procedencia actual de la vacada al encaste Domecq o, con anterioridad, a la sangre Atanasio, sea un error: “Esto ni antes era sólo Atanasio ni ahora es sólo Domecq. Sepúlveda es un encaste propio, resultado de una mezcolanza de sangres practicada por varias generaciones de una misma familia”, subraya su propietario. “Doy las gracias a grandes ganaderos como Atanasio, Javier Sánchez Arjona, Juan Pedro, mi padre... pero yo tengo mi camino, huyo de las generalizaciones y estoy convencido de que Sepúlveda es un hierro con identidad propia”.

Los motivos del último y necesario refresco de sangre son claros: “Los sementales, sobre todo sus hijos, no transmitían los caracteres de bravura y prontitud que yo busco. La ganadería manseaba en exceso. Además, el tipo de los animales había vuelto a quedarse desfasado. Ahora se lleva un toro más bajito, más armónico y con la cara para adelante. Más refinado, en definitiva”, comenta quien con este nuevo enfoque aspira a reeditar los momentos de gloria vividos en el pasado: “Hemos tenido dos cumbres: una que se ha olvidado, en los años 50 y 60, en la que nos anunciaron en Pamplona, Barcelona, Valencia, Salamanca... y otra, a raíz del refresco con Atanasio, que puede situarse entre los años 80 y mediados de los 90”. Sánchez-Urbina, además, insiste en la necesidad de refrescar periódicamente la sangre de las ganaderías. Y, de ser posible, insta a hacerlo antes de que llegue el bache: “Las vacadas son una continua masa de sangre en movimiento. Si no refrescas ya sabes cómo acabas: como los Borbones. Una consanguinidad excesivamente alta es nefasta y puede hundirte la ganadería”; y detalla que habla de refrescar, no de cruzar: “Un cruce es con razas diferentes, pero en este caso tiene todo un origen común: es el mismo árbol”.

MISMO FENOTIPO Y GENOTIPO

A pesar de los diversos ramales con que ha ido formándose la ganadería a lo largo de su historia, Sánchez-Urbina asegura que selecciona un fenotipo y un genotipo común. Sin distinciones según la genealogía: “En las tientas no sé ni el nombre de las vacas, ni el de los sementales -confiesa- y les exijo lo mismo: transmisión, prontitud, humillación... o sea, lo que demandamos todos. En cuanto a las hechuras, mis criterios son los mismos independientemente de la línea de la que venga cada animal, pero reconozco que mis gustos de ahora son distintos a los de hace años. En la actualidad busco un toro más rematado. Para serlo, a la fuerza tiene que ser más bajo porque, si no, pesaría 650 kilos. Pero, a pesar de su menor alzada, tiene que tener trapío porque, si no, tampoco vas a ningún lado”. Morfológicamente matiza que el toro-tipo de su ganadería, sin perder la cara de antes, “sí es ahora más astifino y un poquito más agresivo” y añade que tiene ante los engaños “más motor y más viveza”, especialmente lo de Domecq: “Lo de Atanasio es más noble, mete la cara doblándola, planeando como suele decirse; y lo de Domecq en cambio embiste con más agresividad y bravura”, realizando al respecto un curioso símil: “Te dan la sensación de conducir un deportivo”.

La vacada también ha ganado en variedad de pelos en los últimos tiempos: “Eso es algo que depende mucho de los sementales, pero a día de hoy salen colorados, burracos, negros...”, y admite: “A mí me gusta. Una ganadería variada en ese sentido alegra a la vista”. Lo que no la alegra, en cambio, es la utilización de fundas: “A mí no me gustan. Además, no debemos de ponerlas muy bien porque el otro día enfundé uno y a la semana no tenía ninguna”. Sin embargo, admite: “Acabaremos enfundando porque lo exige el guión”, y explica: “Para el año que viene tengo una corrida muy buena, que me gustaría llevar a alguna plaza importante -valdría para Madrid- y estoy obligado a enfundarlos porque los quieren tan astifinos que, si no los proteges, lo normal es que se rocen entre ellos, con el suelo, con la arena, con un árbol y se malogren. Pero a mí no me gusta y, estéticamente, es horroroso”.

Por otro lado a los animales, más que correrlos, se les mueve con temple: “Empiezan un día o dos a la semana trotando diez minutos, luego quince, después veinte... y no es correrlos a lo loco, sino darles galopes cortos para que estén en forma. Siempre sin asustarlos y despacito, con temple. Eso forma parte del manejo, que es muy importante en el devenir de una ganadería”.

MADRID, A TENER EN CUENTA

Todo lo descrito líneas más arriba pudo comprobarse en la novillada del pasado 3 de julio en Madrid, donde saltaron varios novillos de cierto interés: “Era la primera cita de la camada y dos fueron muy buenos. Yo salí muy contento”, asegura el ganadero, que desvela: “Aparte, era un corridón. Astifino tela”.

Llegado a este punto, sacamos a colación la polémica en torno al desmesurado trapío de las novilladas de Las Ventas: “Son corridas de San Isidro, con un año menos. No estoy de acuerdo con esa política. Creo que habría que echar novillos más agradables, porque lo de ahora es una barbaridad. Yo fui con lo que fui porque sabía que si no tendría problemas en los reconocimientos, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo. Lo que ocurre es que a mí, al igual que les sucede a los toreros que se pusieron delante de mis novillos, necesitamos estar en Madrid para sonar. Hoy en día hay tanto toro y tan poco hueco en las ferias, que o lidiamos en Madrid con lo que se exige por la mañana o no tenemos forma de sonar y recordar que existimos”.

En el horizonte asoma ese corridón de toros para el año próximo: “Será el primer festejo importante de esta nueva época”, adelanta Sánchez-Urbina. “No hemos querido lidiar festejos mayores hasta no estar un poco seguros del buen resultado del refresco que hemos hecho. El año que viene será cuando me presente de verdad en sociedad”, afirma, y concluye: “Lo haré con la ganadería muy bien seleccionada. Ahora tengo 110 vacas dieces. Es decir, de nota 10. Y las madres, de 10 también. Y las abuelas, también. Ahora cojo la lista de madres y no sé cuál quitar. Eso ha sido a base de mucha criba, pero los resultados ya están llegando”.

Fotos: DIEGO ALCALDE