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La revolera

Por Paco Mora
Por Paco Mora

Finito y los gladiadores

El doctor Comino Delgado ha llamado la atención en esta página sobre el “torericidio” que significa que unos días antes de ver la luz los carteles de la Feria de Córdoba el nombre de Juan Serrano no circulaba entre los toreros que comparecerán en la misma. Si Finito quedara fuera de la Feria de Mayo de la Ciudad de los Califas, sería algo inconcebible y dejaría al descubierto una confabulación de enanos contra la grandeza de un torero que ha dejado páginas gloriosas en el toreo de los últimos veinticinco años. Cuesta creer en tanta estupidez... o saña.

Si Finito quedara fuera de la Feria de Mayo de la Ciudad de los Califas, sería algo inconcebible y dejaría al descubierto una confabulación de enanos contra la grandeza de un torero que ha dejado páginas gloriosas en el toreo de los últimos veinticinco años.

¿Qué ha hecho Finito para merecer tan mal trato y tanta inquina? Que yo sepa, ser un torero excepcional y un referente para todos los que se visten de luces. ¿Dónde está la solidaridad entre los toreros? Son sus propios compañeros los que no deberían consentir semejante desafuero. Llegó a los oídos de José Gómez “Gallito” que Rodolfo Gaona andaba diciendo que el hijo de la “señá” Gabriela no quería torear con él y le faltó tiempo para dirigirse a la empresa de Madrid y preguntarle por lo que tenía preparado en los corrales de la Plaza. Le dijeron que una hermosa corrida de Miura, y de inmediato le dijo al empresario: “Pues esa la matamos Gaona y yo mano a mano el próximo domingo”.

Gaona respondió al envite diciendo que él no estaba preparado para matar esa corrida... y menos en Madrid y con Joselito. Después de La tragedia de Talavera llegó Ignacio Sánchez Mejías a México y se encontró con una lluvia de declaraciones del torero de León de las Aldamas en las que presumía de haberle dado muchos dolores de cabeza al fallecido Gallito, e Ignacio le contestó también en la prensa: “Mire usted señor Gaona, yo sólo llegue a ser banderillero de mi cuñado José y soy mucho mejor que usted”. Y toreó con el azteca en la plaza de la capital mexicana y lo dejó hecho unos zorros. Así eran los toreros de entonces.

¿Qué torero ha sido capaz ahora de levantar la voz defendiendo el derecho de Finito a torear en la feria de su Córdoba? ¡Ninguno!

¿Qué torero ha sido capaz ahora de levantar la voz defendiendo el derecho de Finito a torear en la feria de su Córdoba? ¡Ninguno! Fuera de la manta con que los arropan los “truts” empresariales que se han adueñado de las plazas y manejan a su antojo y conveniencia a toreros, ganaderos y hasta los camiones de transporte, hace mucho frío. Mejor convertirse en mesnadas de gladiadores en manos de los “amos del negocio”, sin saber que toros van a torear, en qué ferias harán el paseíllo y cuánto van a cobrar, que esforzarse por imponer su propia valía luchando sin cuartel por defenderla.

Y a eso es a lo que siempre se negó Juan Serrano. Y se comprende la puesta de espaldas de los “consagrados”, porque debe ser muy duro salir en hombros una tarde tras otra y leer al día siguiente en la prensa, que sí, que cortaron muchas orejas pero quien toreo de verdad fue Finito de Córdoba. Ese es el gran pecado de ese enorme torero y de ahí viene la confabulación para mantenerlo en el dique seco. De eso y de que no digiere comprobar que a final de temporada se lleven el dinero los que no se ponen delante del toro. De esa sinrazón sólo se libran los cuatro o cinco de cabeza, porque todos los demás, si los trasportaran en jaulas como a los antiguos gladiadores de la Roma Imperial, su espíritu de esclavos lo tendría bien merecido.

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