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La revolera

Por Paco Mora
Por Paco Mora

La suerte de matar y la pena de morir

Con razón le llaman suerte a atronar a los toros con la espada. Si no se hubieran confabulado este sábado los malos mengues en la punta de la toledana de Ginés Marín, el de Olivenza habría abierto la puerta grande de Las Ventas con tres orejas en el esportón. El señor Marín, el picador, debería castigar a su chiquillo sin postre durante todo lo que queda de año, pues sigue en estado de gracia y puso en pie al público madrileño una vez más, conquistándolo con la frescura, garbo, naturalidad y arte de su toreo, y si hubiera acertado con la tizona hubiera armado un escándalo considerable.

O mucho me equivoco o en el San Isidro de este año 2017 ha nacido una estrella del toreo. Marín es un torero con ángel y ha logrado lo que no consiguieron las fuerzas napoleónicas el día Dos de Mayo de 1808; rendir Madrid incondicionalmente con su gracia toreadora. Y eso con dos Núñez del Cuvillo, de los que su mejor condición fue la movilidad. Me atrevería a decir que el joven jerezano-extremeño ha caído tan de pie en los madriles que, aunque se fue al hotel sin tocar pelo, se metió en el bolsillo al público más difícil del Planeta de los Toros.

Morante dejó solo media docena de verónicas para el recuerdo y un principio de faena en su primero que hizo concebir ilusiones de faena grande. Pero su lote fue el único absolutamente infumable del encierro de Núñez del Cuvillo. Cayetano estuvo toda la tarde valiente y con detalles de calidad, sobre todo con la muleta, sin olvidar los arabescos familiares de corte rondeño con el capote. No pudo redondear su tarde, pero repican a vísperas. Cualquier día Cayetano nos dará la sorpresa. Tiene valor, buen concepto del toreo y parece que ahora sí quiere. Hay que esperarle. Contra el criterio de quienes veían en ella un pegote de la feria isidril, la Corrida de la Cultura fue un éxito de público. Y es que Simón Casas se encuentra una Primitiva en el suelo y resulta premiada y…

¡Dios mío! Me acaba de llamar Manuel Amador y me dice que un toro ha matado a Iván Fandiño en Francia. ¡Un gran respeto para los hombres que se visten de toreros cada tarde sin saber lo que les reserva el destino en las dos próximas horas…! ¡Dios mío, qué pena más grande!

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