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La revolera

Por Paco Mora
Por Paco Mora

Teruel, magisterio y sentimiento

Teruel ha sido este sábado la reserva espiritual del toreo. El homenaje a Víctor Barrio significó un compendio de magisterio y sentimiento. Los trofeos fueron lo de menos, sobre todo cuando en una tarde tan especial ocupó el palco presidencial un hombre carente de sensibilidad y conocimientos. Era como si hubieran colocado en la presidencia una piedra de granito, que ni siente ni padece.

Enrique Ponce entronizó la gran cátedra de la Tauromaquia en el ruedo turolense. En sus dos toros explicó sendas lecciones magistrales, que el “usía” ni disfrutó ni entendió. Lo contrario del público, que puesto en pie homenajeó al de Chiva, al terminar con el segundo de su lote, con una de las ovaciones más largamente sostenidas que uno recuerda en sus muchos años de aficionado. Enrique volvió a ser el mago capaz de lucir en sus adversarios lo que no tienen. Cabeza, corazón, sabiduría y arte a raudales fue su tónica. Arte, si: ¿Acaso no lo es la sublimación de la técnica y el buen gusto? Los primeros que disfrutaban contemplando sus dos obras eran sus propios compañeros de cartel. Se les veía en el rostro. Y como la tarde iba de emociones, la clase impartida por Ponce en honor del torero caído en combate en ese mismo escenario, redondeó el sentido de la entrañable cita taurina.

Curro Diaz no tuvo material en el que apoyar la profundidad de su arte indiscutible, por más que intentara sobreponerse a las escasas condiciones de su difícil lote. Así y todo, por momentos estalló el fogonazo de su brillante y recio toreo. La espada no le fue propicia y le robó los trofeos, pero disfrutó del aplauso y la admiración de un público al que ha deleitado en otras ocasiones.

A Morenito de Aranda le soplaron un poco más las musas del sorteo, y, dada su entrega y el afán de superación que informó su quehacer, consiguió una oreja en cada uno de sus toros. Se vio un Morenito más cuajado y sobre todo muy centrado, con dos toros con los que el burgalés tuvo que poner la raza y la emoción de las que carecían sus adversarios. Ponce y Morenito merecieron salir por la puerta grande en hombros. Pero al “reyezuelo” que usufructuaba el palco, no le dio la real gana. Y la Fiesta sigue. El pasado año fue Víctor Barrio, y hace pocos días Iván Fandiño. Dos héroes del toreo que han engrandecido la “Fiesta más culta”, en versión del gran Federico, aquel que escribiera, refiriéndose a Ignacio: “No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda”. La plaza, un ascua de oro. El público de Teruel, un lujo. La puesta en escena un acierto de principio a fin. Tarde para el recuerdo. Así se hacen las cosas que merecen la pena.

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