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REPORTAJE

La Chata cumple cien años
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La Chata cumple cien años

El coso de Albacete celebra este sábado un siglo de vida y lo celebra con una feria por todo lo alto

La plaza de toros de Albacete cumplirá cien años de vida este sábado, 9 de septiembre. La Mancha es tierra de arraigada tradición taurina y su capital, en particular, vivero insaciable de toreros. Seguramente ninguna provincia como la albaceteña haya dado más espadas durante la segunda mitad del siglo XX. Pero la relación de la ciudad con la Fiesta se remonta tiempo atrás. No en vano, cuentan que ya en el siglo XVI hubo fiestas de toros en su Plaza del Altozano. Más tarde, en 1829 fue inaugurado el primer recinto taurino permanente, por el que a lo largo de sus casi noventa años de existencia desfilaron las figuras del siglo XIX y las de los tres primeros lustros del XX. De hecho, la última feria, la de 1916, anunció entre los días 9, 10, 11 y 12 de septiembre a Martín Vázquez, Malla, Gallito, Belmonte, Saleri II y Ballesteros junto a los novilleros Amuedo, Angelete y Saleri III, con ganado del Duque de Tovar, Marqués de Guadalest, Palha Blanco y novillos de Sabino Flores, lidiados justo el día en que el viejo coso acogió su último festejo taurino.

El mal estado del inmueble propició que, a finales de ese mismo año, los arquitectos Julio Carrilero Prat y Manuel Sainz de Vicuña redactaran el proyecto de construcción de la nueva plaza, impulsada por el Ayuntamiento -regido entonces por el alcalde Francisco Fontecha- en terrenos próximos a la calle de la Feria. Carrilero contó con el asesoramiento de Joselito el Gallo, quien por entonces -como auténtico mandamás- andaba imbuido en todos y cada uno de los asuntos que atañían al toreo. En poco más de medio año -los meses que separan febrero de agosto- la obra estaba concluida. La Chata, como popularmente la llamaron las gentes del lugar, acababa de nacer. Cierto es que la fisonomía final no se ajustó con exactitud a la idea inicial de los arquitectos, pues estaba previsto levantar un piso más, con lo que la fachada hubiera resultado aún más espectacular, pero cuestiones económicas impidieron finalmente llevar a cabo el planteamiento original.

El mal estado de la plaza inaugurada en 1829 dio paso en 1917 a un nuevo recinto diseñado por los arquitectos Julio Carrilero Prat y Manuel Sainz de Vicuña

La sociedad encargada de la dirección de la plaza -de su construcción y posterior explotación- atendía por Taurina de Albacete, la presidía el citado alcalde Fontecha y en su junta directiva figuraba como vocal el ganadero Samuel Flores, antecesor del actual propietario de la vacada.

JOSELITO EN LA INAUGURACIÓN
La corrida inaugural tuvo lugar el 9 de septiembre de 1917, figurando en el cartel Rodolfo Gaona, José Gómez “Gallito” y Julián Sáiz “Saleri II” ante reses de Fernando Villalón, el ganadero que señala la leyenda se arruinó intentando criar toros con ojos verdes. El coso, revestido con ropajes neomudéjares, vio saltar aquel día al primer toro de su historia, Vengativo, según unas fuentes, y Tomatero, según otras. El nuevo alcalde, Enrique Rubio, presidió el festejo. Pero antes de que se iniciara el paseíllo el ambiente registrado en los aledaños del inmueble era formidable: “Extraordinaria animación y gran afluencia de viajeros observamos al llegar a la nueva plaza que hoy se inaugura, y que dicho sea en honor a la verdad, es de gusto y sólida. La entrada, pues, enorme”, dice la crónica del semanario de la época Sol y Sombra. El citado medio relataba que los toros de Villalón “resultaron muy deficientes, pues aun cuando ninguno llevó fuego, no demostraron bravura”, así que los toreros poco más pudieron hacer que exhibir su buena voluntad. Eso sí, uno de ellos, Joselito, cómo no, destacó por encima de todos. Fue el primer espada en tocar pelo.

Gaona, Gallito y Saleri II hicieron el primer paseíllo de un ciclo que contó también con Belmonte, Paco Madrid y Algabeño II

El coloso de Gelves, vestido de verde y oro, recibió al toro del triunfo “con cinco verónicas como él sólo sabe hacerlo que sacan al público de su frialdad y luego, en la faena de muleta, recibe al animal con un estupendo pase de pecho, muleteando con salsa torera y cogido a los pitones rodilla en suelo obliga a la res a tomar la muleta en una faena enorme para cobrar una estocada hasta la cruz que hace rodar al toro. Ovación, dos orejas y vuelta al ruedo”, escribió el crítico taurino de El Defensor de Albacete, Pepe Barrera. Sol y Sombra también destacó la actuación del menor de los gallos -en la foto de abajo, en un pase de castigo-, si bien únicamente le atribuye la concesión de un trofeo: “Joselito realizó un trabajo vistoso al aprovechar la poca codicia de sus enemigos, especialmente en el segundo, del que cortó una oreja en premio a la estocada que le suministró”.

Gaona, vestido de plomo y oro, muleteó al primer astado “con inteligencia y precaución, pues el bicho da sus coladitas” -según Pepe Barrera- y escuchó aplausos en su segundo. Para el corresponsal de Sol y Sombra, el Indio Grande “realizó dos faenas concienzudas, de artista, y aunque no pudo lucirse, no por eso dejó de admirarse y aplaudirse su labor”, destacando también “su ciencia y voluntad”.

Por su parte, Saleri II -en la foto de abajo, entrando a matar- “hizo lo posible por sacar partido de los mansos, y por su buena voluntad fue aplaudido con las banderillas, franela y estoque”, apuntan las crónicas. La de Sol y Sombra, además, añade que los tres diestros “manejaron bien el percal y turnaron en quites, siendo aplaudidos; no pudiendo lucirse más por la mala calidad del ganado”.

SAMUEL, HIERRO TRIUNFADOR
La feria de ese año contó con otras dos corridas de toros, con carteles compuestos por Gaona, Gallito y Belmonte con toros de Veragua -el día 10- y reses de Samuel Hermanos para Paco Madrid, Juan Belmonte -abajo, en un desplante-, Saleri II y Algabeño II, a la jornada siguiente. Hubo también una novillada con picadores de la divisa de Palha el día 12 para Pacorro, Nacional y Félix Merino, completándose el serial con otro festejo picado el 16 de septiembre con ganado de Valentín Flores para Bernardo Casielles, Almanseño II y Mancheguito III. Además, Charlot’s, Llapisera y su Botones llenaron la plaza en el clásico festejo de toreo cómico, en el que actuó Torquito II en la parte seria.

En el plano ganadero, la divisa local de Samuel Hermanos -hoy, Samuel Flores- se erigió en indiscutible protagonista del abono: “Los ganaderos de esta tierra, Sres. Samuel Hermanos, tuvieron un éxito felicísimo, un debut afortunado por completo; su nueva vacada, formada con reses de Veragua, Santa Coloma y puro Olea, ha sido la que se ha llevado la palma de honor en la presente feria”, afirmaba Sol y Sombra. “Los ocho toros, hermosamente presentados, finos y bien puestos de pitones, dieron excelente juego, por lo que los Sres. Samuel Hermanos saborearon las delicias del aplauso en diferentes ocasiones”, añadía la crónica. Otra revista de moda en la época, La Lidia, también hizo alusión al triunfal debut del hierro manchego, especialmente por el juego de un toro: “Vaya un cuarto toro, el Cigüeño hijo de la vaca Cigüeña del Duque de Veragua y de un semental de Santa Coloma”, apuntaba el texto; “fue un verdadero ejemplar de toro bravo, de esos que forman época y hacen por sí solo el cartel a un ganadero”. Durante toda su lidia, ahondaba el escrito, fueron ovacionados los ganaderos, que estaban en un palco, y al arrastrarlo le dieron la vuelta al ruedo entre una verdadera salva de aplausos.

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