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REPORTAJE

Etapas inolvidables en los cien años de historia de La Chata manchega

Etapas inolvidables en los cien años de historia de La Chata manchega

A lo largo de estos cien años de vida, por la plaza de toros de Albacete han pasado todas las grandes figuras del toreo. Pero, precisamente, cuando la afición de la tierra más se ha desbordado ha sido con el surgimiento de varios toreros locales que llegaron a cotas muy altas en la profesión. A continuación, les presentamos algunas de las etapas más gloriosas vividas en La Chata.

MONTERO Y PEDRÉS, DOS ÍDOLOS

Los años cincuenta fueron de verdadera efervescencia taurina en Albacete. Dos toreros de la tierra, Montero y Pedrés, generaron máxima expectación y provocaron incluso banderías entre los aficionados. Se presentaron en la feria de 1951, convirtiéndose de inmediato en ídolos de la ciudad. Llenaban la plaza y competían descarnadamente. Montero, de clara influencia manoletista, ejecutaba un toreo quieto y vertical; Pedrés, de estilo igualmente arriscado, alardeaba de un valor rayano en la temeridad. Ambos forman parte de la mejor historia taurina de la plaza.

CHICUELO II, UN TRÁGICO DESTINO

Manuel Jiménez Díaz “Chicuelo II” nació en Iniesta (Cuenca) pero fue adoptado desde niño por Albacete. Corto de talla física, su valor en cambio era indomable. Alternativado en Valencia por Domingo Ortega en 1953, la plaza de Albacete fue escenario de algunas de sus tardes más triunfales. Sin embargo, su carrera quedó trágicamente abortada tras siete años como matador de toros en un fatal accidente de aviación acaecido en enero de 1960, cuando el aparato en el que viajaba se estrelló en la bahía jamaicana de Montego.

LA ETAPA DORADA DE DÁMASO GONZÁLEZ

Otro de los capítulos más brillantes del toreo en Albacete llegó de la mano de Dámaso González. Doctorado por Miguelín en Alicante en 1969, Dámaso había entrenado desde chavea en la plaza de su tierra, en la que debutó como sobresaliente junto a El Gasolina. Allí triunfó también en su presentación con picadores y en su debut como matador con una corrida de Manolo Camacho en la que cortó dos rabos. Arquetipo del temple, fue un fijo durante años en la corrida de Asprona y logró innumerables éxitos en la tradicional feria de cada mes de septiembre.

CABALLERO, LA ÚLTIMA FIGURA ALBACETEÑA

La última gran figura que ha dado Albacete es Manuel Caballero. Tomó el relevo de Dámaso -quien le alternativó en Nimes en septiembre de 1991- y encajó desde su misma presentación como novillero en la feria de su tierra de 1988. Torero de corte clásico y profundo, actuó en solitario en varias ocasiones en La Chata, tanto como novillero como matador de toros. Se retiró joven en 2004 de Europa y a comienzos de 2005 de América. En la actualidad forma parte de la empresa Taurino Manchega que regenta la plaza.

CANTERA INAGOTABLE DE TOREROS

Junto a todos los espadas anteriormente citados, Albacete ha dado a lo largo de su historia otros toreros de renombre como los Amador, los Cortés, Maribel Atiénzar, Rafi de la Viña o, en los últimos tiempos, espadas como Rubén Pinar o Miguel Tendero. La nómina, casi inabarcable, podría completarse con Sebastián Rodríguez, El Tarta, Antonio Rojas, El Mejorano, Juanito Martínez, Manuel de Paz, Chicuelo de Albacete, Samuel López, Andrés Palacios, Sergio Martínez, Juan Luis Rodríguez, Javier Perea, Pedro Marín...

CINCO TOROS QUE PASARON A LA HISTORIA

El palco presidencial de la plaza de Albacete ha visto asomar en varias ocasiones el pañuelo naranja en su tapete para premiar la bravura de toros históricos. Uno de los más célebres es el condedelacorte indultado por Miguelín en 1968. Treinta y ocho años después Antonio Ferrera logró el perdón para Gastasuelas, del Marqués de Domecq, en 2006. Más recientemente varios ejemplares de Daniel Ruiz han regresado al campo: Pescadero, toreado por Perera en 2013; Asistente, por El Cid en 2014; y Cortesano, por El Juli en 2015.

LA CORRIDA DEL SIGLO MANCHEGA

Miguelín, Diego Puerta y Carnicerito de Úbeda protagonizaron la conocida en Albacete como Corrida del Siglo. Fue en 1968, en la segunda de feria, cuando le cortaron doce orejas y cinco rabos a una gran corrida del Conde de la Corte, en la que, además, Miguelín indultó un toro de bonito pelo negro salpicado.

DOS HECHOS LUCTUOSOS

La plaza de Albacete únicamente ha visto caer en su ruedo a un torero vestido de luces. Fue al novillero valenciano Enrique Pérez Ferrando “Torerito de Valencia”, quien el 28 de septiembre de 1919 resultó herido por uno de los sobreros. El animal, de Gregorio Campos, le infirió una cornada en el pecho que afectó al pulmón, falleciendo en el Hospital Provincial el siguiente 5 de octubre.

Años después, en 1981, un espontáneo, Fernando Elez Villarroel “El Chocolate”, fue alcanzado en el cuello por el toro “Sospechoso”, de Los Guateles, cuya lidia correspondía a Manuel Benítez “El Cordobés”.

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