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Las verdades del Barquero

Arles, tan singular

Al modelo canónico que Antonio Ordóñez fijó hace seis décadas en la goyesca de Ronda se vino a sumar en Arles hace trece años una invención original: la intervención plástica de ruedo, burladeros, barreras y huecos mayores del anfiteatro romano. La creación se ha consolidado. Una obra de arte efímera, pero de memoria viva porque los programas de mano y de la feria son soporte perpetuo. El polifacético Hervé di Rosa firmó el brillante decorado de la última edición

El año 2005 se celebró en Arles por primera vez una corrida goyesca. Una goyesca singular y original. Sí, el rescate obligado del vestuario de época, la abundancia de disfraces, un derroche de guardarropía. Todo eso, que es condición sine qua non o indispensable. Lo particular de Arles fue la idea de transformar el ruedo oval del anfiteatro -arenas, barreras y burladeros- y una parte de su graderío en un insólito escenario decorado y creado por un artista invitado. Una comprometida intervención plástica.

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