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GANADERÍAS I PEÑAJARA DE CASTA JIJONA

Nuevo destino y un objetivo
(Foto: Adrián Pallarés)

Nuevo destino y un objetivo

sábado 06 de enero de 2018, 11:51h

Esta temporada ha sido la primera de Peñajara de Casta Jijona en manos de su nuevo propietario, Antonio Rubio. Tras dos décadas con José Rufino al frente, quien ahora va a encargarse de mantener la personalidad de esta divisa con identidad propia es este empresario talaverano de 41 años, propietario a su vez de los núñez de Alejandro Vázquez. Su objetivo es volver a las ferias y recuperar el ambiente del que gozó no hace tanto tiempo esta divisa.

Fotos: ADRIÁN PALLARÉS

Febrero de 2017. Alrededor de 450 cabezas, toda la ganadería de Peñajara al completo, llegan a su nuevo destino, la finca Torviscoso, en el término cacereño de Peraleda de la Mata. Allí les esperaba ansioso desde hacía meses su nuevo ganadero, Antonio Rubio, el hombre que ha tomado las riendas de esta vacada dotada de tanta personalidad. Antonio, propietario de la ganadería de Alejandro Vázquez, es todo un enamorado del campo bravo y su diversidad de encastes. Con este nuevo proyecto en el que se ha embarcado ha encontrado un nuevo sentido a su pasión de ser ganadero, con un objetivo que abrillanta su mirada de ilusión: volver a situar Peñajara en el lugar de privilegio que siempre ocupó en las ferias. Ese entusiasmo que rezuma Antonio Rubio cuando se refiere a Peñajara es el que llevó a José Rufino a decantarse por él, a elegirle para dejar en buenas manos un legado que durante 20 años fue motivo de satisfacciones y momentos gloriosos.

"Soy consciente de la responsabilidad que conlleva tener en mis manos una ganadería de esta importancia"

Todo ocurrió por casualidad y en muy poco tiempo. Les cuento. Antonio, que apodera al diestro Rafael Cerro, acompañó a su torero a un tentadero a la finca Casas de Reina, donde José Rufino tenía la vacada de Peñajara. Allí, entre las muchas conversaciones entre dos ganaderos apasionados por el toro bravo y la variedad de encastes, José Rufino le confiesa su voluntad de vender la ganadería por motivos de edad y adivinando un total desinterés en sus descendientes. José Rufino quiere asegurarse de que Peñajara tendrá continuidad en las mejores manos posibles y busca a esa persona que tenga la ilusión y las ganas de continuar este legado y mantener este encaste. “Tras meditarlo muy bien, le dije que yo era la persona que él estaba buscando, que estaba dispuesto a quedarme con Peñajara y no destruirla. Tenía la oportunidad de comprar la ganadería de Peñajara y no la quise desaprovechar”, explica Antonio Rubio.

Y José Rufino aceptó. Algo vio en Antonio Rubio que no dudó en saber que era la persona que estaba buscando. Hasta entonces, había declinado varias propuestas, incluso se le pasó por la cabeza otro destino más dramático para la Fiesta y sobre todo para la cabaña brava: el matadero. Pero felizmente apareció la persona indicada. “Desde el primer momento estaba muy por la labor de que yo me quedara con la ganadería. Eso sucedió a principios de 2016 y en junio cerramos el trato. Todo fue muy fácil, no me puso problemas, por lo que estoy muy contento por el trato que recibí. A partir de entonces, comenzó una bonita amistad entre ambos. Hoy día la relación sigue siendo muy estrecha y él viene de vez en cuando a la finca a ver los que fueron sus animales que con tanto cariño crió durante dos décadas”.

"Igual que hay diferencia entre los toreros a la hora de interpretar su arte y su Tauromaquia, también debe haber diversidad en la manera de embestir de los toros. Es vital para la vida de la Fiesta"

Antonio Rubio adquirió el hierro y todo el ganado: 12 sementales y 140 vacas, además de toros, utreros, erales… todo. Sin embargo, debido a algunos problemas burocráticos, no es hasta febrero del año siguiente cuando los 450 animales recorren los casi 300 kilómetros que separan Fuente del Arco hasta su nuevo hogar en Peraleda de la Mata. Allí, en la finca Torviscoso, se quedan los machos, mientras que las hembras viajarán un poco más lejos, hasta una finca situada en el término toledano de Calera y Chozas. “La aclimatación ha sido mejor de lo que yo pensaba. Hemos tenido un cuidado fuera de lo normal, sobre todo con los añojos y erales en cuanto a desparasitación y sanidad animal. Estoy muy contento y a las pruebas de las fotos me remito. Nada más llegar separamos 45 utreros para esta temporada y apenas hemos tenido bajas. Estoy satisfecho”.

LA BRAVURA, UN EMBLEMA

“Soy consciente de la responsabilidad que conlleva tener en mis manos una ganadería de esta importancia”, asegura el nuevo propietario de Peñajara, que comenzó esta andadura muy bien arropado por José Rufino quien, en ese afán por mantener el crédito de este hierro, encauzó al nuevo ganadero por los caminos correctos poniendo a su disposición su sabiduría, consejos y secretos mejor guardados. “Me ayuda mucho porque la experiencia es un grado. Yo tengo 41 años, todavía soy un crío en esto, por lo que poder aprender de la experiencia de otros y coger lo mejor de ellos tiene un valor incalculable. Me ha dado además mucha información sobre Peñajara, algo que no todo el mundo está dispuesto a compartir. También me acompaña en los tentaderos y me ofrece su particular visión sobre la tienta. Por ejemplo, de salida prueba los animales en el caballo antes prácticamente de que toquen un capote, cosa que a mí me gusta, tanto es así que lo de Peñajara lo tiento de esa manera, y lo de núñez del hierro de Alejandro Vázquez, de otra, parando primero la vaca con el capote. Según la manera de pensar de José Rufino, un animal tiene que tener mucha bravura para que de salida tenga la fijeza de quedarse en el peto y vaya hasta el caballo hasta nueve veces de punta a punta de la plaza. Por ejemplo, el encaste núñez va de menos a más, son muy despistados de salida… Es completamente diferente. Te digo algo más, si quisiera tentar lo de núñez como lo de Peñajara, no podría porque es imposible que de primeras, una vaca de núñez se quede fija en un punto y acometa contra el caballo. Es que es tan bonita la cultura de los diferentes encastes, que por eso es necesario que los debamos mantener. Igual que hay diferencia entre los toreros a la hora de interpretar su arte y su Tauromaquia, también debe haber diversidad en la manera de embestir de los toros. Es vital para la vida de la Fiesta”, explica con pasión de verdadero aficionado el ganadero.

La conversación se encamina hacia las características de este toro de gran singularidad, lograda a través de una amalgama de procedencias: Baltasar Ibán, Contreras y Casta Jijona. El predominio de esta última es lo que llevó a José Rufino a rebautizar la ganadería como Peñajara de Casta Jijona, denominación que ha mantenido Antonio Rubio. “Hay un análisis que indica que el 80% de la sangre de esta ganadería viene de la Casta Jijona. Todo el mundo sabe que esta vacada es de procedencia Baltasar Ibán, aunque nos hemos distanciado mucho de ellos, por ejemplo, sólo hay que observar que la diversidad de pelajes que hace diferente a esta ganadería es prácticamente inexistente en los ibanes”, detalla.

En cuanto a comportamiento, Antonio lo tiene claro: “La característica principal del comportamiento en la Casta Jijona es la casta y la bravura. Ese es nuestro emblema”. En la memoria hay hechos muy recientes que constatan la importancia de esta ganadería, como sus triunfos en plazas como Las Ventas, donde lidió una buena corrida en 2008, no hace tanto. En el recuerdo está también muy presente el toro Rodalito, que se lidió en un San Isidro de 2011 por César Jiménez, que abrió la puerta grande. Un toro de una gran calidad que acaparó muchos premios. “Yo pensaba que la ganadería, al haber dejado de lidiar en las ferias, había entrado en decadencia, pero me he encontrado que no hay ninguna decadencia, sólo hay que trabajar y prepararla para devolverla al sitio que merece. Yo pensaba que debía hacer un gran trabajo de selección, pero no ha sido así, me he encontrado que la selección es la correcta y la divisa está preparada para llevarse grandes premios como ocurrió en 2011 en Las Ventas”, afirma con seguridad el ganadero. “Tengo ganas de recuperar el sitio que ha tenido Peñajara y estoy seguro de que lo voy a conseguir porque tengo en mis manos una gran ganadería. Todas tienen sus altibajos, pero considero que a Peñajara se le ha castigado demasiado”.

"Yo busco un toro para la Fiesta. El público cada vez está más harto de ciertos encastes y busca la emoción, que el toro pelee en varas, que transmita bravura y cómo no, que sea toreable, que sirva para que los toreros puedan triunfar"

Le preguntamos por el camino a seguir para volver a estar en las ferias y Antonio no duda en afirmar que éste pasa por “la casta y la bravura. Ese es el criterio que voy a tener como máxima, el lema que pretendo seguir. Esas son las raíces de esta ganadería y no quiero condenarlas, pero eso sí, mi objetivo es poder dotarla de mi personalidad, esa es mi intención y estoy seguro que la de casi todos los ganaderos. Los consejos que me dan los admito y los tengo en consideración, pero soy yo el que quiero llevar mi ganadería para ponerla como mínimo, donde estaba”. En ese sentido, matiza algunos detalles que tienen como fin no encasillar la ganadería en los gustos de un determinado público. “Ahora parece que si un toro es bravo, tiene que ser para el público; y si es menos bravo, es para el torero. Yo busco un toro para la Fiesta. El público cada vez está más harto de ciertos encastes y busca la emoción, que el toro pelee en varas, que transmita bravura y cómo no, que sea toreable, que sirva para que los toreros puedan triunfar”.

PRESENTE Y FUTURO

Este 2017 ha sido el primer año como propietario de Peñajara, una temporada corta pero que ya le ha dado motivos para la ilusión. “He lidiado una corrida de toros en El Tiemblo, donde le dieron una vuelta al ruedo a uno de los toros. Estoy muy contento por el resultado que dio esa corrida, además, para nada acusó esa falta de fuerza que tanto se le había achacado a esta ganadería, sino todo lo contrario. Ahora, tanto la alimentación como la sanidad son dos cuestiones muy importantes y que están muy controladas, eso me da seguridad porque sé que la ganadería puede competir en cualquier feria”, matiza. Y es que el ganadero está dispuesto a asumir retos el próximo año. “La camada tiene 45 utreros, es una camada “por arriba” como se dice en el argot ganadero, porque tiene mucha cara y presencia. Tener una camada que puede ir a cualquier plaza de España y Francia es algo muy satisfactorio”.