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ENTREVISTAS BALANCE DE LA TEMPORADA 2017

Manzanares: "Tenía la médula desplazada y oprimida. Hubiese sido una locura seguir toreando"

A comienzos de agosto saltó la noticia. Una grave lesión cervical partía por la mitad la campaña de Manzanares, por aquel entonces en plena ascensión. No fue un toro el que le frenó en seco y metió a todos el susto en el cuerpo, sino un cúmulo de sobreesfuerzos que habían llevado a su médula espinal a una situación límite. Un mal golpe -advirtieron los médicos- podía condenarle de por vida a una silla de ruedas. Ante semejante diagnóstico, el torero, obligado a pasar por el quirófano, canceló los compromisos que tenía pendientes y advirtió que no volvería a la actividad hasta estar plenamente recuperado.

Afortunadamente, el preocupante episodio forma ya parte del pasado y el alicantino ha regresado con éxito a la cara del toro. Lo hizo el pasado 3 de diciembre en Lima, actuando nueve días después en la corrida monstruo de México D.F., organizada a beneficio de los damnificados por los terremotos que asolaron la capital azteca el pasado mes de septiembre, y, más recientemente, en Cali, donde fue cogido de nuevo sufriendo una considerable paliza.

-¿Qué sintió en Lima al volver a vestirse de torero?
-Todo lo que un matador siente antes de afrontar un compromiso en una feria importante: miedo, nervios, responsabilidad… Fue muy bonito experimentar de nuevo esas sensaciones.

-¿Cómo ha llevado el periodo de convalecencia? En cuatro meses de parón la paciencia habrá sido un arma clave.
-Se ha hecho largo, sobre todo por estar parado en una época, como la de los meses de agosto y septiembre, en la que todo el mundo está en activo. Permanecí dos meses sin poder quitarme el collarín viendo cómo se marchaba la temporada. Pero como no hay mal que por bien no venga, aprendes a tomarte las cosas de diferente manera, a ser más paciente, maduras y te replanteas numerosas cuestiones. Y aprendes a hacer caso a los doctores, que es algo que los toreros no siempre hacemos… -ríe-.

“El disco de las vértebras estaba totalmente salido. Tenía la médula desplazada y oprimida. Hubiese sido una locura seguir toreando”

-Le temblaría el cuerpo al conocer el diagnóstico y escuchar lo que podría ocurrirle con sólo un mal golpe...
-Ya lo creo… y de ahí la rapidez en la intervención. Recuerdo que después de la tarde de Santander, que fue la última feria en la que toreé, llegué a mi casa en Alicante y empecé a sentir los dolores en el brazo izquierdo y, sobre todo, muchísima pérdida de fuerza. Me bajé directamente a Sevilla y cuando el doctor me mostró las imágenes en el ordenador vi que el disco de las vértebras estaba totalmente salido. Tenía la médula desplazada y oprimida. Hubiese sido una locura seguir toreando o, simplemente, haciendo vida normal, porque las consecuencias de cualquier golpe, con un coche, por ejemplo, por pequeño que hubiese sido, podían haber sido feas, muy feas.

-¿A qué se debió exactamente la lesión?
-Creo que a un cúmulo de porrazos, tanto en la plaza como en el campo. De todos modos, recuerdo que tuve dos volteretas muy fuertes en casa de Victoriano del Río antes de torear la Beneficencia en Madrid. Caí de cabeza, con el cuello… pero no quise darle importancia y no sabría decir ahora si se produjo algún tipo de lesión que, después, fue agravándose con el tiempo. También durante todo este año, en general, he sufrido contracturas y dolores en el cuello, pero con masajes, antiinflamatorios y relajantes iba tirando. Fue sólo cuando los dolores empezaron a ir a más y perdí la fuerza en el brazo izquierdo cuando me di cuenta de que, verdaderamente, algo no iba bien. Si no son por esas señales hubiese seguido pensando que todo eran contracturas normales de los viajes o el estrés.



-De los parones conviene sacar lecciones positivas. ¿Qué ha aprendido en todo este tiempo?
-Yo sé lo que son los parones -el torero recuerda el dengue, el corte en el pulgar de su mano izquierda, las operaciones en las lumbares…- y al final de todos siempre he sacado lecturas positivas. Está claro que te impiden torear y expresarte como artista, pero te hacen volver con más ganas si cabe a la cara del toro. Cuando uno quiere hacer algo y no puede, las ganas se incrementan. Además, en mi caso, mejora mi manera de pensar y de afrontar los contratiempos. Aprovecho para pensar en aspectos en los que no reparas cuando estás toreando. Este parón de ahora no es una excepción y estoy convencido de que me ha hecho mucho bien mental y emocionalmente. No ha sido una pérdida de tiempo. Para nada. Eso lo tengo claro.

“Los parones te hacen volver con más ganas si cabe a la cara del toro. Este no ha sido una pérdida de tiempo. Me ha hecho mucho bien”

-Quizá lo que sí temiera perder fuera ese punto que tanto cuesta conseguir ante el toro...
-No crea que he notado en exceso el haber estado tanto tiempo fuera de la cara del toro. Tanto en Lima como en México -la entrevista se grabó antes de torear en Cali- me he encontrado a gusto. En todo caso he extrañado más las sensaciones propias de antes de torear: esos nervios y miedos de los que antes hablaba, que, cuando uno no los vive asiduamente, pillan más desprevenido.

UN AÑO AL ALZA, TRUNCADO

Hasta que llegó la baja, la temporada estaba discurriendo bien. Se encontraba incluso en pleno proceso de auge. “El mes de julio fue muy bonito, con las tardes de Valencia, Santander, Roquetas… pero antes llegaron las dos orejas de Sevilla, las dos tardes de Madrid, donde, aunque no pude triunfar, las sensaciones fueron buenísimas, Castellón… Estaba todo embalándose cuando tuve que frenar. Fue una pena, pero estas cosas no se eligen”.

-Imposible olvidar su gran tarde en Alicante, con muchas emociones a flor de piel.
-Alicante, al margen de lo que ya significaba antes para mí, está siendo muy importante en mi espíritu de un tiempo a esta parte. No sólo taurinamente, sino también emocionalmente. Es mi plaza, mi tierra, mi gente, representa mucho personalmente. Estar bien allí me da mucho, me hace crecer.



-Otro día bonito fue el de su debut en Lisboa.
-Fue una experiencia maravillosa, en una plaza preciosa y ante una afición respetuosa y sensible. También destacaría la faena a principios de temporada en Illescas, donde, si Dios quiere, volvemos en marzo. Allí indulté un toro de José Vázquez con un cartel muy especial con el maestro Pepe Luis Vázquez y José Antonio -se refiere a Morante de la Puebla-. En realidad, aunque sólo haya podido torear veintiuna tardes, hay unos cuantos pasajes para recordar.

ALEJADO DE DIMES Y DIRETES

-Cambiando de tercio, ¿oye las voces que piden que se abra a más encastes?
-Si le soy sincero, no estoy pendiente de esas cosas. Aunque tenga redes sociales vivo un poco al margen de los dimes y diretes del mundo del toro porque, al final, cada uno siente como siente y piensa como piensa. Escuchar todas las voces no siempre me ha ayudado, incluso a veces me ha hecho daño.

-¿Pero entiende la reivindicación?
-Sí, y de hecho no estoy en contra de la variedad de encastes. Yo me hice como torero con el de Atanasio, que fue el que mi padre tenía en casa tras comprarle al maestro Viti la ganadería de Garzón. Además, en mis inicios fue mi padre quien se preocupó de poder instruirme y llevarme a todos aquellos sitios donde había encastes diferentes para que pudiera aprender y apreciar sus particularidades. Siempre se preocupó de eso. Yo no tengo inconveniente en lidiar distintas procedencias, pero sí considero importante que las ganaderías con las que me anuncie me permitan exigirles todo lo que después mi toreo requiere.

“Tanto en Lima como en México me he encontrado a gusto ante el toro. En cambio, he extrañado más los nervios y los miedos de antes de torear”

-Pero de Domecq no sale.
-Bueno, he toreado corridas de El Pilar, que viniendo de Domecq está muy diferenciado, he lidiado mucho de Atanasio… No tengo problemas, al revés, creo que es bonito e interesante porque, además, puedes demostrar que cada encaste tiene su lidia.

-¿Por dónde pretende seguir perfeccionándose como torero?
-Quiero seguir mejorando con el capote. Antes le dedicaba menos tiempo y ahora he notado una evolución muy positiva. Y cómo no, seguir ahondando en mi concepto. De unos años a esta parte intento torear de una manera más asentada, más natural, con los riñones más metidos, acompañando mucho la embestida y, siempre que el toro me lo permita, sin toques bruscos. Es mucho más bonito enganchar al toro de una manera suave que tocándolo con fuerza. El toque, al fin y al cabo, es más una defensa técnica que verdadero toreo. Además, si a los toros los tratas con suavidad, suelen responderte de igual forma.



-Ese es el milagro del temple.
-Lo más difícil en el toreo es conseguir que el toro embista a la velocidad que quieres, sobre todo si esa velocidad que buscas es especialmente baja. Yo quiero seguir evolucionando y ahondando en ese concepto que mi padre y mi abuelo me enseñaron. Gracias a Dios, en este mundo nunca se deja de aprender y según transcurre el tiempo vas dándote cuenta de ciertos matices nuevos que pueden engrandecerte.

-Con la espada… ¡difícilmente queda margen de mejora!
-Pues también hay muchas horas de trabajo detrás… Desde el primer día en que decidí ser torero la suerte de matar fue una de las que más entrené. Necesitas ser regular para triunfar y abrirte camino y le he dedicado muchísimas horas. Y gracias a ello, ese trabajo ha quedado tan interiorizado en mí que, tras cuatro meses sin poder entrar a matar, tanto en Lima como en México he sentido la misma seguridad de siempre a la hora de montar la espada.

“Lo más difícil en el toreo es conseguir que el toro embista a la velocidad que quieres, sobre todo si esa velocidad que buscas es baja. Yo quiero ahondar en ese concepto”

-Si su padre hubiese tenido su regularidad con la tizona… ¿qué?
-Él tuvo rachas, pero voy a confesar algo: él, cuando los mataba, lo hacía más bonito que yo. Yo seré más espectacular, pero él entraba más despacio. Hablo a volapié, que recibiendo no tiene nada que ver. En realidad todos los toreros tienen una forma muy particular de entrar a matar. Dos toreros pueden parecerse toreando, pero entrando a matar es muy difícil que coincidan. Es algo muy personal. Yo tengo mi propio estilo.

-Hablando de su padre: seguirá teniéndole presente, imagino.
-A diario. No hay un sólo día en que no me acuerde de él.

-Casi como nosotros.



LOS MATILLA, SU OTRA FAMILIA

Siempre por estas fechas surgen los rumores de ruptura con la casa Matilla. Manzanares, acostumbrado a ello, sonríe cada vez que se le plantea la cuestión. “Es gracioso que cada año surja la misma historia. Dicen siempre que si nos hemos enfadado, que si vamos a romper… y yo, en cambio, cada año estoy más a gusto con ellos”, afirma sin tapujos el propio torero. “La relación está mejor que nunca -corrobora-; Jorge es mi compadre, el padrino de mi niña, y la relación con él traspasa la parcela profesional y se adentra en la personal y afectiva. Y luego está Toño, que fue quien consiguió que remontara y se volcó en mí. Aparte de que les tengo mucho que agradecer y estoy muy a gusto con ellos, forman una familia tremendamente bonita y, sobre todo, muy dedicada y sacrificada al mundo del toro”.



OJEDA, LITRI, BOHÓRQUEZ… EQUIPAZO EN TIEMPOS DE RECUPERACIÓN

Durante los cuatro meses de recuperación Josemari Manzanares ha estrechado vínculos con todo un maestro: Paco Ojeda. El alicantino ha estado conviviendo junto al sanluqueño, con quien asegura haber pasado momentos maravillosos: “Él era muy amigo de mi padre y siempre quiso que me juntase con él. Para mí ha sido un pilar fundamental en todo este tiempo de rehabilitación. Me ha hecho ver muchos aspectos de la vida. De hecho, no me acerqué a él por su concepto del toreo, que es único e irrepetible, sino por sus enormes bondades como persona. Ha sido un torero histórico, pero lo más bonito que tiene es su forma de ver y entender la vida y la profesión”, admite el diestro.

Junto a ellos, Miguel Báez “Litri” y la familia Bohórquez -“Iván y Fermín”, destaca el alicantino- han ayudado también a levantar el ánimo del torero cuando, quizás, éste podía comenzar a flaquear. “Ha sido una época, octubre y noviembre sobre todo, tremendamente bonita. Hemos formado un buen equipo. Entre todos me han hecho mucho más llevadero el postoperatorio y sus consejos van a ayudarme a afrontar con nuevos bríos la próxima temporada”.



"FANDIÑO, MÁS QUE HUELLA, HA DEJADO UN CRÁTER ENORME"

2017 ha sido un año especialmente duro para la gran familia del toro. Sin reponernos aún por la pérdida de Víctor Barrio, el toreo se tiñó de luto otra vez de forma inesperada el 17 de junio al caer mortalmente herido Iván Fandiño en la plaza francesa de Aire sur l’Adour. Manzanares acusó especialmente el trágico adiós de Fandiño, por lo que decidió no comparecer en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, donde estaba anunciado al día siguiente del fatal percance. “Con lo de Iván me planteé muchas cosas, fue muy duro. Decidí no torear en señal de respeto. Son decisiones muy personales, hay compañeros que prefieren torear a modo de homenaje, pero en mi caso me nació rendirle homenaje en silencio, rezando y pensando”, admite el alicantino. “Fue un compañero que luchó mucho y que de golpe y porrazo no esté es duro de asumir. Lo será muchísimo más para su familia, no me cabe duda, pero para los compañeros y la gente que le respetábamos su adiós nos llena también de profunda tristeza”.

Manzanares le recuerda con cariño: “Llegamos a torear juntos en Almería y coincidimos en varios sitios más. Siempre fue muy cariñoso conmigo. Nos respetábamos y me constaba su enorme entrega a la profesión”. A su juicio, “no es que haya dejado huella, es que ha dejado un cráter enorme entre los aficionados y los profesionales”.

Junto a Fandiño, a lo largo del año nos dejaron otros destacados personajes como Palomo Linares, Victorino Martín, Gregorio Sánchez o Dámaso González: “Son historia viva del toreo”, expone Manzanares, “a través de ellos hemos aprendido a ver toros las nuevas generaciones y nos han encaminado con su ejemplo y su manera de vivir tanto dentro como fuera del ruedo”, añade. El caso de Dámaso le ha dejado especialmente vacío: “Siempre fue cariñosísimo con mi familia, conmigo... Además, su prematura muerte me ha recordado a la de papá, así que sé perfectamente por lo que están pasando sus seres queridos”.

Texto: ÁNGEL BERLANGA // Fotos: ARJONA

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