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La Pincelada del Director, por José Luis Benlloch

Dinamiteros antitaurinos campan a sus anchas

Dinamiteros antitaurinos campan a sus anchas

Por José Luis Benlloch
Por José Luis Benlloch
La DPZ, para los no aragoneses Diputación Provincial de Zaragoza, entidad propietaria de la plaza de toros, sigue avanzando en sus despropósitos taurinos. Se veía venir. A la negativa de prórroga a la empresa concesionaria que había rescatado la plaza de un estado de quiebra artística, económica y vital, le ha sucedido la elaboración de un pliego que reincide en todos los tics y vicios que llevaron a esa misma Zaragoza a donde la llevaron. Recuerden, la gente no iba a la plaza, los toreros tampoco querían ir, ellos mismos -los políticos- apenas aparecían o no aparecían simplemente, la DPZ no cobraba, los fiascos se sucedían una tarde tras otra y lo que había sido una seña de identidad de la ciudad, lo que en cualquier parte era un dinamizador económico de primer orden, aquí sólo generaba disgusto y estaba a punto de echar la persiana. Pues bien, cuando se dio con la tecla de la recuperación, sin esperar a la consolidación o por si acaso, que todo cabe, hacen un punto final, niegan la prórroga y anuncian otra pirueta en el vacío, una vuelta a empezar. Es evidente que más que gestionar un patrimonio cultural y lúdico, su mentalidad es la de un casero cortoplacista. Eso o la de dinamitero antitaurino campando a sus anchas. Debían llevar traje negro y cartera bajo el brazo.

Para casos como Zaragoza harían falta acciones consensuadas del sector, no a favor de nadie y sí a favor del futuro, de la supervivencia

Como prueba ahí está el nuevo pliego, toda una vuelta a las viejas costumbres con unas pinceladas de populismo. Piden más canon, mucho más; entradas más baratas, lo que equivale a más canon; más novilladas, excursiones para los aficionados, se olvidan de la promoción real y de la calidad de los espectáculos y lo acaban convirtiendo todo en una subasta pura y dura. Sólo el canon y el rebaje puntúan y si hubiese empate, nada extraño, irían a un sorteo. Así que no sólo no reconocen la gestión anterior para lo cual podía haber motivos, podría haber digo, motivos del orden me caen mal, no pronuncian bien el castellano o tengo una idea más brillante, incluso valdría aquello otro de tengo un amigo que lo haría mejor, sino que van más lejos y no se lo ponen nada fácil, más bien imposible, al toreo y al amigo invisible que pudiera llegar. Pliegos así es como ponerle unos grilletes al futuro. No reparan en que sin posibilidad de beneficios ni continuidad -son cuatro años lo hagas bien o mal- no habrá gestión ni mucho menos promoción, ni mejora de la calidad, al contrario, es invitar a los recortes y a la involución.

Lo dije en su tiempo, han encontrado la otra forma de ser antitaurino, más sibilina, disfrazada de demagogia y absolutamente perniciosa. Al tiempo. Y no es un mal exclusivo de Zaragoza, es algo endémico, hasta tal punto de que uno de los problemas de fondo del toreo es la propiedad pública de las plazas. Cuando la lógica haría pensar que esa circunstancia las apartaba del mundo especulativo, la realidad es que las condena a las veleidades, intereses y gustos de los políticos de turno, que no es menos riesgo.

Ahí tienen a Vitoria como ejemplo reciente de lo que pueden lograr los bandazos políticos y su desafección, sin toros y sin nadie con ganas de dar toros

Para casos así, para reconducir una inercia tan negativa para la Tauromaquia, no es Zaragoza un caso aislado, harían falta acciones consensuadas del sector, no a favor de nadie y sí a favor del futuro, de la supervivencia. No pueden tolerar medidas que castren la inversión y/o el estímulo empresarial y hagan desandar el progreso. Ahí tienen a Vitoria como ejemplo reciente de lo que pueden lograr los bandazos políticos y su desafección, sin toros y sin nadie con ganas de dar toros. Llegado a este punto cabe preguntarse para qué existen organismos como ANOET, incluso la propia Fundación. Un acuerdo de rechazo a pliegos como el de la DPZ no sería tan complicado teniendo en cuenta que sólo seis empresas pueden concurrir y que, de ellas, varias es evidente que ni se lo han planteado. O los frenan o las consecuencias serán irreparables.

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