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La página de Manolo Molés

El problema del sistema

El miércoles la empresa de Madrid da los carteles. Los carteles de San Isidro, que sin lugar a duda son los más importantes de la temporada. Todavía, y por mucho tiempo, Madrid, Las Ventas, San Isidro son el eje de la Fiesta. Aquí en el mudéjar teatro de los sueños y de las realidades, o te come el tigre o te sacan a hombros de la afición, de la gloria y, se supone, que de los empresarios. Madrid todavía es la bolsa del toreo donde suben o bajan las acciones de los toreros y de los ganaderos. Las Ventas sigue siendo la madre de todas las batallas con ese casi millón de aficionados que toman asiento en el granito de la plaza más seria del mundo. Y la que más da y más quita.

EL PROBLEMA ES QUE EN LAS FERIAS NO SE JUEGA CON EL MISMO BALÓN

Los colegas de Mundotoro, que capitanea Carlitos Ruiz Villasuso, dieron la primicia de los carteles en casi su totalidad. Eso forma parte, y siempre fue así, del buen periodismo. Darlo antes de que lo den a todos. No importa que luego haya dos o diez cambios. De momento marca una orientación y crea ambiente hasta la sana polémica. Gustan o no, falta este y sobra aquel, el debate siempre es pasión y la pasión es afición, y la afición es público en la plaza. Por tanto, bienvenido sea. Ahora, dentro de un rato, la empresa de Madrid, o sea, Simón Casas, Rafael García Garrido y el gerente Nacho Lloret, darán la lista completa y real. Y veremos si entró El Juli, si no dejan como en Sevilla a Diego Ventura sin su aventura de demostrar que ahora mismo está en su cenit profesional, cabalgaduras incluidas, y alguna otra cosa más. ¿Están todos los que deberían estar? En la lista primera yo echaba en falta, entre algún otro, a Urdiales, a Juan Mora si quisiese venir, a Eugenio de Mora, que me parece un gran profesional; y queda en el aire el cuarto capítulo de “Las desventuras de Diego Ventura”. Excluido de Sevilla, con más puertas del Príncipe que casi todos, de mi Castellón, de la Valencia de Benlloch y ahora vamos a ver con Madrid. Ventura ha dicho: “Estoy en mi mejor momento y tengo la cuadra soñada y por tanto quiero hacer cosas fuertes, importantes, que marquen mi carrera, jugarmela en la plaza...”. Y eso supone que Diego solo dibuja dos caminos para que la empresa de Simón decida: “O mano a mano con Hermoso de Mendoza (un Madrid - Barça) o solo con seis toros. A mí te juro que me gustan más los retos que los conformismos, y por tanto ya sabes en qué lado me sitúo. Simón dirá. Simón siempre fue un creador. Productor dice él. Yo le he visto plantar sueños y convertirlos en realidad. Por eso siempre espero novedades en cada capítulo de su historia taurina. Veremos.

¿Dónde está el problema que el sistema no facilita un cambio necesario? El problema está en que en estas ferias, en esta temporada, que al final siempre tienen su resultado más o menos justo, durante el año no se juega siempre con el mismo balón.

Y encima, ya por sistema, los ricos con las ganaderías que más permiten y los pobres con el toro montaraz con el que es un milagro salir del paro o del sueldo mínimo. Ahora alguien me dirá: “Siempre fue así”. No siempre y no tanto como ahora. Hasta la generación de Ponce (que va camino de su temporada 29 como matador de toros), y el propio Ponce, es verdad que mataban las ganaderías en mejor momento para el torero pero ojo, mezcladas con unas cuantas actuaciones donde no faltaba ni Pablo Romero ni Miura ni Cuadri ni Victorino y ya no te digo todo lo de Santa Coloma y todos los encastes en su pluralidad. La época de Camino, El Viti, Diego Puerta, Mondeño, Ostos... y poco antes de la de Ordóñez, incluso Manuel Benítez, etc., todos mataban de todo. El año del “toro blanco” de Chenel, Antonio entró en la feria por sus éxitos de la temporada anterior con corridas de verano. Y Livinio Stuyck le dijo en otoño, “si triunfas con otra dura te pongo en el próximo San Isidro con una buena y otra regular. La regular (aunque de verdad el empresario dijo “una mala y una buena”) era de Osborne con Victoriano Valencia y Fermín Murillo y ahí estaba el toro Atrevido con el que hizo historia. Pero “la buena” era con El Cordobés, o sea, Manuel Benítez y era de Felipe Bartolomé, o sea, Santa Coloma. Cómo cambian los tiempos. Pocos sabían que Ponce llevaba toreados y matados (y seis en una sola tarde) cuarenta y nueve toros de Victorino. Y se enteraron cuando hace poco mató el que hacía cincuenta en Bilbao.

SI MIRO PRIMERO LA GANADERÍA, YA SÉ QUIÉN LA TOREA Y QUIÉN NO

¿Qué quiere decir esto? Que sí, que había distancias, claro, entre la figura, el buen profesional y el torero con menos condiciones, pero “las tardes grandes de feria” se jugaba con el mismo balón. Las figuras marcaban su territorio y su categoría eligiendo los hierros de prestigio para el aficionado en las grandes ferias y ahí también marcaban la diferencia con el resto. Eso tenía sentido. Y demostrado que podían con el toro-toro y la ganadería dura, luego sí buscaban ganaderías que colaboraran a lucir su tauromaquia y su magisterio. Ahora no. O ahora menos. Llámalo como quieras. Ahora, si miro primero en los carteles la ganadería, ya sé quién la torea y quién no. Me gusta más todos contra todos y “me apunto a lo que haga falta en las ferias grandes”. Yo recuerdo, y Benlloch lo vio, en Valencia una de Victorino en la que estaba Víctor Mendes pero también una gran figura de aquel momento: José María Manzanares, padre, naturalmente. Aquella tarde la cuadrilla del maestro cometió el error de no hacer caso a Victorino, el gran “Paleto de Galapagar” que dijo cómo había que hacer los lotes para que todos se llevaran uno bueno. No le hicieron caso. Y Victorino sentenció: “Pues el lote se lo ha llevado Mendes”. Así fue, Victor salió por la puerta grande con cuatro orejas. Casi todos jugaban con el mismo “balón”. No quedaban dudas. Que el peligro también está ahí. Vale. Pero eso es otro tema.