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La revolera

A tal señor, tal honor

Padilla le ha brindado el que creía que sería su último toro en Valencia a José Luis Benlloch, aunque la imprevisibilidad del toreo ha hecho que sea el penúltimo. Pero no podía despedirse Padilla, torero bravo y hombre recio y serio, de mejor manera que con un brindis a uno de los últimos grandes referentes que nos quedan del periodismo taurino. Benlloch escribe como los ángeles, con un sello especial y unos conocimientos enciclopédicos de la Fiesta, tanto en sus entresijos como en lo que respecta a toros y toreros, que hace que lo suyo trascienda a la simple tarea de informar para convertirse en auténtica literatura taurina. Es uno de los últimos de Filipinas, pero es que además es un hombre bueno y tenerlo como amigo es un lujo. Ahora que la perspectiva literaria se nos marcha a una nube a través de Internet, deberíamos cuidar más lo poco que nos queda de categoría en papel, ya que somos muchos todavía los que necesitamos, heridos por la imprenta, tocar el papel, oler las páginas impresas y coleccionarlas porque ellas, como las de APLAUSOS, son el auténtico testigo de la historia del toreo.

Y ahora vamos al tajo. El de Jerez se ha despedido de Valencia con la misma honestidad con la que ha comparecido en su plaza las dieciséis tardes a lo largo de su carrera. El Fandi ha estado en Fandi: variado, bullidor, valiente, hábil capotero, banderillero de portentosas facultades y matador eficaz. Pero Román, vaya con Román...

Cómo se equivocaron los que creyeron que era flor de un día, una promesa incumplida. Crece como la espuma cada tarde. Sigue siendo un brujo en su conexión con los tendidos, quizá porque se muestra tal como es, y así lo haría aunque en vez de torero fuera registrador de la propiedad, agrimensor o adventista del séptimo día. Y además, los tiene cuadrados para pisar los terrenos de los toros y conducir sus embestidas con una despaciosidad angustiosa, un temple y un gusto en el manejo de la muleta que enamora, condiciones en las que se le ve más firme y rotundo cada día. Con la espada, un cañón. En eso de la tizona es de los de caja o faja. Y en ocasiones como esta tarde, cloroformo. Pero como decía el castizo; que le quiten lo bailao...