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La autoridad y el poder

La autoridad y el poder no son lo mismo. Uno puede ejercer el poder sin tener autoridad. Otros pueden tener autoridad para ejercer el poder. Otros, a través del poder pueden dominar a la autoridad, sin tenerla. Incluso se puede tener autoridad y poder y no ejercer ni una cosa ni la otra. En la Tauromaquia, ¿quién tiene la autoridad y quién tiene el poder? En teoría poder y autoridad deberían estar en un equilibrio entre el torero, el ganadero, el que organiza el espectáculo, el público y la norma que deben cumplir todos. En teoría.

En una corrida de toros, esta teoría equilibraría cada interés hacia el interés del espectáculo, que es el interés máximo: el del aficionado y el del público. Pero no es así. Los toreros en figura, sobre todo los toreros en clanes de apoderamientos, creen que pueden y deben de ostentar el poder. El empresario, que tiene varias o muchas plazas, cree que debe de ostentar el poder. Creen que es así. Les basta con definir la palabra “poder” de una forma mercantil y decidir que lo tienen porque, haciendo uso de ese “poder”, su saldo económico es positivo. Y se quedan tan anchos. Gano, luego tengo poder.

Esta forma de creer que ostentan el poder es alarmantemente falsa y contraria a los intereses de la propia Tauromaquia. De hecho, la autoridad y el poder definitivo no lo tienen ellos. Porque ellos pueden decidir un cartel, hasta la ganadería, pero nunca el toro. Porque ellos pueden decidir si concursan o no a una plaza, pero las condiciones del concurso pueden ser las más injustas y autoritarias para la Tauromaquia. Porque ellos pueden quitar, poner ganaderías y toreros, pero nunca podrán poner ni el toro que quieren ni las condiciones de contrato para explotar una plaza ni la duración de ese contrato.

Alguien dirá que mejor. Que lo bueno es que el taurino, ya sea figura del toreo o clan de toreros o empresarios, no decida ni el toro ni las condiciones de explotación. Que no tengan ese poder. Y entonces pregunto: ¿quién ha de tenerlo? Porque si la razón para que el “taurino” no tenga ese poder es porque el “taurino” es un golfo, habrá una ama superior de honestidad y justicia impecable que no lo sea. ¿Es así? Si así fuera, el toro estaría protegido. Proteger al toro es que se respete “el toro” de cada plaza. El de plaza chica, chico, el de plaza más grande, más grande, el de Sevilla que no sea el de Pamplona. El de una portátil que no sea el de la carretera. El de la plaza seria, será serio, y todos, a ser posible, con sus hechuras.

¿Sucede eso? No sucede que la autoridad que ejerce el poder sobre el toro no ha sido más protectora del toro, por tanto, no ha sido más protectora del aficionado y del público. Sucede que, cada año de forma más alarmante, el desajuste y el maltrato del toro, por tanto el fraude contra el toro es una evidencia. Lo es de forma categórica, creando además una incultura taurina, un germen anti afición pues degenerar al toro de cada lugar en función de un prurito de autoridad y poder es malversar el futuro. Un aficionado de hoy, nuevo, le da igual eso de los encastes, le da igual lo del toro en tipo… y le da igual porque le han desubicado.

Comienza la Feria de Sevilla. Cierren los ojos los aficionados de tiempo y talento y piensen en el “toro de Sevilla”. Lo ven ¿verdad? Pues vamos a ver cuántas veces saldrá el toro sin hechuras, el toro por arriba, el toro feo, el toro por abajo. Vamos a ver cuántas corridas lucen una pareja presencia de gusto. Vamos a verlo y hablamos al final. Y quede claro que la autoridad y el poder, en Sevilla, en cuanto al toro, está en manos de unos pocos que no son toreros ni ganaderos. En realidad en esta España de piel de toro está en manos de un montón de reglamentos. Y pensemos que no por haber muchas leyes hay mejor justicia. En este caso, justicia para el toro.

PD: Lamentablemente, este artículo debería estar firmado por los ganaderos. Los que más callan.