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La revolera

Los Romerales, fuente de bravura

Ricardo Gallardo ha llevado a Sevilla 6torosbravos6, como rezaban antiguamente los carteles, demostrando que el hierro que pasta en Los Romerales es una fuente de casta y bravura. Con las dificultades que ese tipo de toro entraña, pero con la contrapartida de que nadie ha bostezado ni se ha desinteresado un instante de lo que ocurría en el rubio albero de la Maestranza. El aburrimiento, tantas tardes instalado en los tendidos maestrantes, a causa del toro descastado, chochón, “fané y descangallao”, como canta el tango gardeliano, ha brillado por su ausencia.

De media docena, tres fueron de triunfo sin dejar de ser toros para hombres de una pieza vestidos de luces, a juicio de quienes no van a las plazas a pasar el rato, sino a participar en la litúrgica emoción de ver jugarse el tipo a unos hombres singulares y distintos al común de los mortales. De aquí que con hierros como el de Fuente Ymbro, uno vuelva a la realidad de que la Fiesta de los Toros es un espectáculo único y distinto. El primero y el sexto han sido dos grandes toros, que no es lo mismo que toros grandes, que también, y con ellos han puesto la plaza en pie Padilla y El Fandi, respectivamente. Pero ha habido más. El segundo de la tarde no ha tenido suerte en el sorteo, porque El Cid no se entendió con él, y perdió la ocasión de morir con música, esa música de la plaza del Baratillo que suena a gloria bendita. Pero de eso no ha tenido la culpa el pupilo de Gallardo. A buenos entendedores con pocas palabras bastan...

En general, la corrida estuvo excelentemente presentada, bonita de lámina, bien encornada y armónica en su conjunto. Y lo que es también esencial; chorreaba casta y bravura a borbotones. Toros para sudar la camiseta pero también para sentirse muy hombre, aun después de quitarse el chispeante.

El presidente le ha escamoteado una oreja en su primer toro a Juan José Padilla. Él sabrá por qué, pero una clara mayoría del público así lo entendió también. Si el Reglamento solo sirve para que los “usías” sigan creyéndose señores de horca y cuchillo en sus palcos, suprímase y aquí paz y después gloria. ¿No quedamos en que en una democracia, el público es soberano? Pues retirémonos a deliberar...