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La revolera

Indignación

Un hombre de mediana edad, bajito, regordete y de traje tan gris como sus conocimientos de lo que es una corrida de toros, instalado no se sabe porqué raro sortilegio, en el palco presidencial de Las Ventas, le ha robado un éxito legitimo a un torero valiente, honesto y sereno, que ha toreado entre fuertes ovaciones al último toro de la tarde, con una pureza, una despaciosidad y una entrega fuera de lo común. Para mayor “inri”, Fortes, con el público en pie, ha matado al toro de un estoconazo en la yema entrando por derecho. La plaza era un paisaje nevado. La petición era unánime y el clamor en los tendidos el de las grandes faenas bien ejecutadas, y mejor rubricadas con la espada.

Pues bien, a pesar de todo ello, en una tarde plúmbea, a causa de un encierro descastado e inservible para una plaza como la de Madrid, lo peor de la corrida ha sido el “okupa” que ha presidido el espectáculo. ¿A quién se le habrá ocurrido colocar en tan importante puesto a un lego en materia taurina, que además ha demostrado carencia de sentimientos y del más elemental sentido de su compromiso con el público pagano, del que se ha mofado impunemente? Alguien deberá tomar las medidas necesarias para que un elemento así no vuelva a encaramarse alevosamente en ningún cometido para el que haga falta un mínimo de responsabilidad. La bronca ha sido fenomenal, pero el menda se ha marchado, creyéndose probablemente, gracias a su cacicada, el protagonista de la tarde. Tan satisfecho, que hasta es posible que se la cuente como una hazaña a sus amigos en la taberna de la esquina.

Ya sé que es duro decir de un hombre tales cosas, pero más duro es ejercer señorío de horca y cuchillo contra el futuro profesional de alguien que se juega la vida en la arena. Y mofarse de quienes pagan el espectáculo que él ha denigrado con su comportamiento. Si lo que pretendía el interfecto era que hablaran de él, lo ha conseguido...