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La Pincelada del Director

San Isidro, claros que duelen como espinas
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(Foto: Javier Arroyo)

San Isidro, claros que duelen como espinas

Ajustar la feria no necesariamente debería ser recortar, el verbo sin más matices es una simpleza, suena fatal y no lleva a ninguna parte cuando en este momento el toreo necesita de Madrid más que nunca

Madrid y su San Isidro lo envuelve todo estos días. Es lo previsto. Y lo tradicional. Especie de ley natural que, llegado mayo, hace valer su peso sobre el resto del planeta toro. De pronto Jerez y su lujo quedan lejos, lejísimos, y su toro ya no digamos, y pasará tres cuartos de lo mismo cuando lleguen las corridas del Corpus o el pentecostés nimeño. La trascendencia de Madrid se mide en triunfos, en tendencias, en fiascos, en cabreos, ¡en Madrid que atoree San Isidro! dicen que dijo el Guerra, o sea que la cosa viene de lejos; también en nuevas ilusiones, cada año un nombre, dos, tres ¡todavía hacen falta más! Este año ya van unos cuantos, el primero Cortés, lo suyo no fue en San Isidro propiamente dicho pero como si lo fuese; el segundo por orden de aparición fue Román, brillante superviviente ante un huracán de clase y bravura llamado Hechizo ante el que no desmereció; luego llegó Fortes, un baluarte para frenar la desilusión de una torada que en Francia es afiche de nivel pero no acaba de cogerle el pulso a Madrid. Eso por ahora, pero la justa isidril no ha hecho más que comenzar. Ya llegarán más triunfos, seguro, pero también fiascos, cabreos, tardes amargas, duras-durísimas y esperemos que también apoteosis que, en Las Ventas, cuando suenan, es que suenan de verdad.

LA OTRA CARA.- Este año se han manifestado especialmente los efectos del cambio social que vive el país y se aprecian unos claros en los tendidos que en las últimas décadas se antojaban impensables. Son claros que duelen en el alma de los aficionados como coronas de espinas. No marcan el declive de la Tauromaquia ni mucho menos, me niego a reconocerlo aunque si lees El País… solo se trata, y no es poco, de un indicador, pero ¡aprovéchenlo, entérense, no lo obvien, no seamos necios! Son las señales de alerta que emanan de un ente vivo que late al ritmo de la sociedad y sus hábitos en cada momento. Ante esa realidad hay que ajustar el modelo, de la misma manera que un buen día don Livinio, con una gran visión de futuro, ahí están los efectos durante setenta años, ajustó el modelo de la acreditada y asentada entonces temporada de Madrid a la demanda de una sociedad que estaba descubriendo otras ofertas de ocio para los domingos. Fue una huida/solución hacia adelante.

La clave es aprovechar la marca San Isidro y conservar el significado de gran acontecimiento. En cualquier otro espectáculo los momentos cumbres se producen no tanto en el día a día sino en las grandes concentraciones de estrellas

AJUSTAR, SÍ; RECORTAR, NO.- Ajustar no necesariamente debería ser recortar, el verbo sin más matices es una simpleza y suena fatal, además de estar demostrado que no lleva a ninguna parte. Sobre todo porque en este momento el toreo y sus protagonistas necesitan de Madrid más que nunca. El futuro, no lo olviden, pasa por Madrid: o sucede en Madrid o no sucede. Un recorte caparía el lanzamiento de nuevos toreros y quitaría la palabra a los que todavía tienen que decir y si no es en Madrid que alguien me diga dónde puede ser. La clave es aprovechar la marca Madrid o mejor habría que decir la marca San Isidro, ese extremo debe ser innegociable, conservar el significado de gran acontecimiento es prioritario. Eso no es privativo del toreo. En cualquier otro espectáculo los momentos cumbres se producen no tanto en el día a día sino en las grandes concentraciones de estrellas, en los ambientes más desbordantes, ahí están como ejemplo los mundiales, copas de Europa, grandes premios del tenis, la fórmula uno, la final four, los grandes conciertos… Donde van los más grandes y los emergentes.
Hasta el mismísimo poderoso y santo fútbol sufre el fenómeno: se desborda en las grandes citas y tiene que tapar sus vergüenzas dominicales como puede, bien primando a los espectadores para que vayan, bien multando a las directivas que no logren llenar, bien situando las cámaras en un lugar determinado para que los claros queden fuera de tiro… cualquier cosa antes que televisar tendidos vacíos un domingo, porque los claros y el cemento existir existen también en el fútbol, solo que ellos tienen organismos y herramientas que corrigen, adaptan y hasta reivindican ante las administraciones. En los toros no los tenemos y los que tenemos no acaban de arrancar y no sé, perdonen la malicia, si están al servicio de todos o si sufren tentaciones, al menos tentaciones, personalistas.

Ajusten, dividan, parcelen, inventen, sí, otro San Isidro, o llámenle como quieran, potencien Otoño. ¿Que no quieren ir las figuras?... pues busquemos nuevas figuras. Recortar es invitar a la miseria, recortar es morir

RECORTAR ES MORIR.- ¿Que qué hacer pues? Ajusten, dividan, parcelen, estimulen, inventen, sí, otro San Isidro, o llámenle como quieran, potencien Otoño. ¿Que no quieren ir las figuras?... pues busquemos nuevas figuras, sí, ya sé, las figuras nacen de tanto en tanto pero las figuras también se hacen, seguro. Insisto, recortar es invitar a la miseria, recortar es morir. El caso es que a San Isidro, también a Sevilla, a las Fallas, a Pamplona, a Bilbao -ojo con lo que vaya a pasar en Bilbao- y no digo con Zaragoza, hay que mantenerlo en lo más alto, con la máxima vida… lo que pase en esas citas pasará en la temporada. Y si cede Madrid, adiós, a ver quién remonta.