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La revolera

¡Muera la inteligencia!

Pegan fuego a los corrales del Gas de Pamplona y dificultan las obras y arreglos encaminados a preparar los Sanfermines, se nombra ministro de Cultura y Deportes a un fulano de Utiel que abomina de los toros y de cualquier manifestación deportiva. Personaje de dudoso equilibrio mental y capacidad para representar a nadie en sitio alguno.

Están ocurriendo cosas que parecen de chiste. ¿Han visto ustedes esas imágenes del Màxim de marras agarrando del brazo a Felipe VI como si el monarca y el utielano fueran amiguetes del parvulario, mientras Pedro Sánchez y demás parroquia se desternillan de risa? No se había visto tal desparpajo en jamás de los jamases. Este va a sentar cátedra, porque el andóbal tiene un morro que se lo pisa. Nos dará días de gloria el ministro tuitero. Puede sentar plaza de “Copito de Nieve” del Consejo de Ministros. Ya lo verán.

Pero todo eso es simple anécdota. La categoría la marca el genio ese que anda suelto por Cataluña, un tal Quim Torra, nombre que pronunciado por un andaluz del rincón de Cádiz suena a “chistorra”, que se levanta cada día embutido en los pantalones de cuadros y lo primero que hace, tras santiguarse y hacer pis, es ponerse farruco para lanzar un nuevo desafío al Estado de Derecho. Las 95 “proposiciones peligrosas” de Martín Lutero, fijadas en las puerta de la catedral de Wittenberg, fueron una risa en comparación con las propuestas de don Quim.

Eso sí, en un alarde de ejercicio de las libertades democráticas, en la arena de la Plaza Monumental de Barcelona sigue creciendo la hierba como en “el caminito verde que va a la ermita”, de la canción de doña Concha. Los aficionados al arte de Cúchares no somos de Dios, ni siquiera seres humanos como los demás, somos unos “españoles de mierda”. Incluso los nacidos en Cataluña con apellidos repletos de “íes” griegas, si no son independentistas no son catalanes, según la nueva doctrina de Quim-chim-pum-tararí que te vi. Pero si además les gustan los toros son para Quim la última mierda del estercolero.

Esto no son nuevos tiempos, como pregonan los giliprogres. Esto es un “muera la inteligencia” en toda regla.