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La Revolera

El Galleo del Bu de Morante

Morante de La Puebla ha montado la parda, resucitando El Galleo del Bu el día de San Juan de 2018 en la plaza de toros de León. Suerte capotera que, equivocadamente, algunos adjudican a José Gómez Ortega “Gallito” porque este lo interpretó en Sevilla una tarde, no en el año 1914 como se ha escrito en ocasiones, sino en 1915 cuando estaba ya perdida en el olvido. Bu, en el argot popular andaluz de aquellos tiempos, significaba fantasma, y la suerte la había inventado un torero que no llegó a alcanzar la categoría de figura, que era hermano del granadino Salvador Sánchez “Frascuelo”, se anunciaba como Paco Frascuelo y se convirtió en un virtuoso de la misma. Era la época de Lagartijo “El Grande” y su imposible competencia con Frascuelo. El quite en cuestión fue muy celebrado por aquel entonces, y consiste en una serie de revoleras por la cara del toro, llevándolo toreado y cambiándolo de dirección según giraba el torero liado con el capote ora por el lado izquierdo ora por el derecho.

Eran tiempos en los que los galleos eran la parte más espectacular del repertorio de los toreros y suscitaban gran alborozo en los tendidos. Galleos que fueron cayendo en desuso cuando Guerrita llegó a la Fiesta para mandar muchos años casi en solitario, pues difícilmente encontraba rival capaz de medirse con él de tú a tú. Fue entonces cuando se comenzó a prescindir de aquella relumbrante variedad con la capa, en beneficio de la verónica, la chicuelina y los quites de frente por detrás, que aunque a veces se confundan con la gaonera no son lo mismo. Poco a poco, la muleta fue adquiriendo mayor predicamento que el capote y con ello fueron cambiando los gustos de los públicos que, a medida que valoraban naturales, derechazos y pases de pecho, fueron restándole valor a las alharacas capoteriles que tanto se aplaudían a finales del siglo XVIII y muy a comienzos del XIX.

Hoy, que en cierta manera la afición está un tanto ahíta de un toreo geométrico y cuasi matemático y en ocasiones monótono, que Morante haya resucitado El galleo del Bu es posible que, además de una genialidad del poblano, como sus grandes patillas y su pelo largo y frondoso, suscite una corriente de interés por la vuelta del preciosismo del toreo de capa. Una corriente de aire fresco podría venirle como agua de mayo a la seriedad espartana de las faenas. No digo que el concepto de lo que es torear retroceda hacia tiempos pasados, sustituyendo lo fundamental por lo accesorio, sino que cierta variedad, y más interpretada por toreros con el arte y la sandunga de un Morante de La Puebla, puede ser algo novedoso que le dé más interés a las suertes con el capote, casi reducidas a la verónica, la chicuelina y la gaonera. Al fin y al cabo el toreo, además de arte, es también espectáculo.