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La Pincelada del Director

Las plazas son de sus gentes, no quieran secuestrarlas
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Las plazas son de sus gentes, no quieran secuestrarlas

Ocho, diez mil almas pidiendo un doble trofeo para Roca Rey, aquello era un desgañite colectivo, ocho mil contra uno, y el caballero empecinado y empoderado en que no. Están ustedes errados, debía pensar. Y los ocho mil pensando que el herrado era él

Alicante es fiesta y otra vez fiesta. En la plaza como en la calle, como en las barracas, como en las tertulias callejeras que se prolongan con el relente de la noche. No se entiende de otra forma. Sus gentes son así y las plazas son de sus gentes. Cada plaza tiene una cultura, un clima, una educación… Y hay que respetarla. Alicante fue así siempre. Y así resiste pese a los ataques de los anti, pese a la negligencia de las administraciones, pese a algún iluminado presidencial que todos los años intenta cambiarle el paso a cuenta no se sabe bien de qué prurito personal. No suelen percutir muchas ferias pero enredan. Lo intentan cual si fuesen enviados celestiales. Me viene a la memoria años atrás aquel señor que no entendía siquiera el toreo bueno de Morante y tuvo el propio Morante que enviarle unas gafas mediada la corrida por si lo suyo era cuestión de defecto visual. No parece que fuese el caso. Simplemente no chanelaba del asunto. NPI. Este año también los ha habido la mar de ocurrentes. El día de Roca Rey, mismamente. Ocho, diez mil almas pidiendo un doble trofeo para el peruano, aquello era un desgañite colectivo, ocho mil contra uno, y el caballero empecinado, ahora se dice empoderado, empecinado y empoderado pues en que no. Están ustedes errados, debía pensar. Y los ocho mil pensando que el herrado era él. Seguro, y si no, lo merecía. No hay que pensar, de momento, en intereses ocultos, porque el mismo caballero una hora más tarde pagaba el mismo justiprecio por algo que valía bastante menos. Vale lo dicho de su antecesor, NPI. Si fuesen serios me atrevería a pedirles que se preocupasen de restañar otras heridas reglamentarias, pero cualquiera les encomienda nada. Esto es como una plaga. Empezó en Valencia, siguieron en Madrid y reaparecen en Alicante. Pues a pesar de esos dislates, Alicante ha seguido siendo fiesta y vuelve a ser fiesta todos los años. Un alivio.

Los dos volapiés de Manzanares, a los que, por cierto, ni siquiera los más amantes de lo clásico y lo decimonónico dan importancia -¡se les ve el rabo de la demagogia!-, fueron de los que merecían el cincel de Benlliure

Los últimos años se desarrollan bajo la batuta de Lloret, Nacho. ¡Que se ponga nota! Alta, claro. Al lado de Simón se ha hecho un sitio en el mundo de la empresa. Que no se salga de la especialidad. Con su aire pausado, sus toques de ausencia, no se sabe si premeditados o si son improvisados, pura Inspiración Business, si está contigo o en las Seychelles, el tipo descoloca y/o enerva a partes iguales, evita el choque directo y acierta con los tiempos. Es su estilo. Le avala el haber sacado el reto de Alicante adelante. Incluso con el obstáculo de un panorama político muy enmarañado en el que ha sabido bregar. Este año no ha sido una excepción y mantiene la racha triunfal. Cuando la tendencia es la baja en el entorno, Alicante se mantiene al alza. Un éxito que desde Valencia, donde Lloret, Nacho, también tiene despacho, comienza a verse con recelo.

En lo artístico la feria ha tenido más triunfos que sorpresas y no sé si es bueno. Yo creo que no. Uno siempre está deseando novedades. Quiere que triunfen los fijos y que se rebelen los otros. No se cumplió al cien por cien. Una pena porque en el toro siempre se pagó cara la novedad y en Alicante, emociones personales aparte -me sacó chispillas de los ojos ver a Palazón en la puerta de cuadrillas- los que han triunfado son las figuras. Empezando por la química infalible de Manzanares en Alicante, que le permitió rescatar una tarde que se estaba diluyendo a chorros. Sus dos volapiés, a los que, por cierto, ni siquiera los más amantes de lo clásico y lo decimonónico dan importancia ya -¡se les ve el rabo de la demagogia!-, fueron de los que merecían el cincel de Benlliure; y una serie zurda fue monumental; y el apretar en su última oportunidad, lo propio que corresponde a una figura; y los tiempos y las exigencias que dio y tuvo con el toro de JP, lo que corresponde a un torero en plena madurez.

Hay que rescatar también la zurda de Talavante, nivelazo, muñeca suelta y temple largo, un tipo diferente. Tampoco se puede olvidar la fuerza de Roca Rey. Con el mismo toro que otros, todo suena más, todo sabe más, todo parece mejor, más emotivo, más grande… Así que no puede extrañar la que se armó frente al abstruso presidente. La fórmula del peruano es de lo más sencilla: alma, querer y frescura... el que quiera que la aplique. O el que pueda.

En el cierre Juli compitió contra Juli en quites; Ponce contra Juli; Juli contra Ponce, los toros de Garcigrande contra todos… La feria acabó en las alturas. ¡Ah! y en Alicante quieren toros

Y en el último día hubo de todo. Una corrida rara, de alocado comportamiento, interesante dicen ahora, que no admitía bromas y puso en valor todo lo que se le hizo; hubo un tercio de quites para el recuerdo, Juli contra Juli, casi hasta agotar toda la galería de lances distintos; una exhibición, otra, de pundonor y maestría de Ponce; un Cayetano que dejó pasajes de su incuestionable torería; una voltereta a Alberto Zayas, banderillero de Cayetano, de las que o interviene en tu favor toda la corte celestial o sales partido en dos, en este caso, milagro, salió crecido y entero; y hubo, faltaría más, doble puerta grande. Alicante es Alicante, no la traicionen.

Y entre ese ataque general de los generales sobrevivió el toricantano Diego Carretero. Cumplió con su papel de recién llegado. Cortó tres orejas, se lo llevaron por la puerta grande y uno espera que le den tiempo aunque los tiempos están duros. Con el capote, al toro de la alternativa lo toreó como pocos, suave, rítmico y sedoso y con la muleta estuvo muy animoso. Compás de espera y los mejores deseos. Acabo, 50 mil personas en la plaza, unas 50 en la calle tras la pancarta. Es evidente. En Alicante quieren toros.