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SEMANA GRANDE

Illumbe: veinte años de un sueño
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Illumbe: veinte años de un sueño

El gran proyecto personal de Manolo Chopera vio la luz el 11 de agosto de 1998, regresando el toreo a San Sebastián tras cinco lustros de ausencia

miércoles 08 de agosto de 2018, 18:56h

El martes 11 de agosto de 1998 abrió sus puertas por vez primera el coso de Illumbe de San Sebastián, que vino a ocupar el hueco dejado en Donostia por el viejo Chofre, derribado en 1973. Aquel histórico recinto, inaugurado el 9 de agosto de 1903 por Luis Mazzantini, Emilio Torres “Bombita”, Antonio Montes -que sustituía a Reverte- y Lagartijo chico, fue demolido -víctima de la voraz especulación inmobiliaria- tras un festival en el que tomaron parte Julio Aparicio, Litri, Antonio Ordóñez e Ireo Baz “El Charro”.

Sin embargo, cinco lustros después de aquel triste pasaje, el empeño de la familia Chopera permitió que los toros volvieran a la Bella Easo. El nuevo recinto, con capacidad para 10.241 espectadores, se puso en funcionamiento con una feria y un cartel de lujo. José María Manzanares (padre), Enrique Ponce y Francisco Rivera Ordóñez lidiaron toros de Torrestrella en el festejo inaugural de un ciclo que contó, también, con la presencia de Joselito, José Tomás, César Rincón, Juan Mora, Litri, Vicente Barrera…

Manzanares, Ponce y Rivera estrenaron el coso con toros de Torrestrella. El valenciano fue el primero en tocar pelo y el primero en abrir la puerta grande

La plaza fue ideada, promovida y levantada por Manolo Chopera a través de la sociedad Nuevo Desarrollo de Anoeta S.A. La erigió en un tiempo récord -apenas ocho meses- la empresa Fomento de Construcciones y Contratas S.L., ascendiendo el coste de la obra -según se publicó entonces- a unos 2.300 millones de las antiguas pesetas.

El moderno espacio nació sin cubrir. De hecho, la espectacular cúpula que concluyó definitivamente el proyecto fue inaugurada meses después, concretamente el 30 de abril de 1999, con la celebración de un festival en el que tomaron parte Pablo Hermoso de Mendoza, Paco Ojeda, César Rincón, Enrique Ponce, El Cordobés, José Tomás y Miguel Abellán.

Pero volviendo a la jornada inaugural, Aplausos daba cuenta de lo acontecido con un doble titular: “Enrique Ponce inauguró la puerta grande de la nueva plaza” y “Dos toros de Torrestrella para el recuerdo”. El colaborador de esta casa, José Luis Suárez-Guanes, destacaba del encierro los toros primero, “noble y con son”, y quinto, “nobilísimo”. Manzanares, de canela y oro, saludó tras lidiar al “abreplaza” y fue silenciado en el cuarto; Ponce, de grana y oro, cortó una oreja de su primero y dos más del quinto; y Francisco Rivera Ordóñez, de azul marino y oro, fue ovacionado en su lote. La plaza se llenó, el clima fue agradable, el espectáculo duró dos horas y entre las cuadrillas destacaron Antonio Tejero, Jean Marie Bourret, Mariano de la Viña y Valentín Arenas, con los palos, y Juan Mari García, a caballo. Hubo brindis de los toreros a Manuel Chopera, incluyendo Rivera en la ronda de reconocimientos al segundo hijo de don Manuel, Óscar. Precisamente el patriarca presenció el festejo en barrera, acompañado por el ganadero Álvaro Domecq y el consejero de Interior del Gobierno vasco, Juan María Atutxa, entre otras autoridades. El toro de la inauguración atendió por “Chulón”, estaba herrado con el número 39, pesó 537 kilos y era de pelo negro algo bragado. “Fue bravo en el caballo y noble para la muleta” y Manzanares “perdió la oreja por la espada”, escribió Suárez-Guanes. La primera oreja, en cambio, la paseó Ponce de “Regidor”, número 29, negro, también algo bragado, de 518 kilos; y el primer gran triunfo, premiado con el doble trofeo, fue el del valenciano ante “Chirimiri”, número 23, de 485 kilos y de pelo negro mulato.

“Histórica inauguración de la plaza de toros de San Sebastián”, titulaba el diario ABC, que destacaba en un subtítulo: “Enrique Ponce estrenó su puerta grande tras cortar tres orejas y cuajar una estupenda faena”; y en otro, subrayaba: “El coso de Illumbe registró un lleno hasta la bandera y todo se desarrolló sin incidentes”.

Illumbe era necesario. La familia Chopera devolvió la Fiesta a una ciudad sin toros durante veinticinco años tras el derribo del Chofre en 1973

La crónica del citado rotativo, firmada por Zabala de la Serna, arrancaba con esta entradilla: “Que San Sebastián haya estrenado plaza de toros, después de veinticinco años de ausencia de la capital donostiarra, es un auténtico milagro, y más teniendo en cuenta el tiempo récord, apenas dos meses, en el que se ha levantado el nuevo coso de Illumbe. El edificio se encuentra inacabado, con lo justo y necesario para dar toros, pero era oportuno e imprescindible devolverle este año a la Semana Grande su tradicional feria taurina, rota por un torpe puntillazo especulativo en 1973. Esta crónica, más que de una corrida, es el testimonio de un hecho histórico, que sin el esfuerzo de Manolo Chopera no hubiera sido posible”. Luego, subraya: “El ambiente que se vive en San Sebastián en este regreso de la Fiesta es indescriptible: conseguir una localidad para la corrida inaugural era algo imposible, y difícil va a ser para el resto de la feria. La nostalgia de cuantos vivieron la Semana Grande donostiarra con su feria taurina ha podido y ha vencido a las cuatro voces discrepantes y extremistas que decían oponerse”. Por desgracia, esas voces aisladas terminaron ostentando el poder años después y volvieron a dejar a Donostia sin toros durante los años 2013 y 2014. Ahora, afortunadamente, las aguas han vuelto a su cauce.

MANOLO CHOPERA: "MUCHA GENTE HA LUCHADO PARA SACAR ADELANTE ESTE PROYECTO"

Manolo Chopera disfrutaba aquellos días de la culminación de su brillante trayectoria profesional. Illumbe se había convertido en su gran obra personal. Multitud de reconocimientos y distinciones engrandecieron su figura en torno a la inauguración. Llevó todo con elegante discreción: “Y con satisfacción también, claro”, declaró a nuestro director, José Luis Benlloch, en una entrevista cuyo hilo argumental fue, precisamente, el regreso de los toros a Donostia y la inauguración de tan espectacular escenario. “Me sabían muy bien, implicaba muchas cosas, las felicitaciones no eran sólo para mí, eran para mi familia y para mucha gente que ha trabajado y luchado para que saliese adelante este proyecto”, añadía.

“Siempre tuvimos un poco de miedo, éramos conscientes de que después de veinticinco años, reaparecer podía ser peligroso, pero desde que sacamos el abono para los próximos quince años, y más aún cuando sacamos el abono del año corriente, nos dimos cuenta de que la aceptación, los plazos de consolidación, iban a ser mucho más rápidos de lo que habíamos creído. Por ejemplo, nosotros pensamos que haríamos unos quinientos abonos de los de quince años e hicimos mil. Eso nos dio moral. Y en la misma proporción se desbordaron los cálculos del abono corriente, así que llegamos a un abono total de prácticamente la mitad del aforo de la plaza, que es de diez mil doscientas localidades. Esas cifras, si exceptuamos Madrid y no sé si alguna otra, no se alcanzan en otros sitios. La mitad de la plaza abonada es mucho”, admitía feliz.

Comparando aquellas cifras con las últimas registradas en el viejo Chofre, decía: “Yo creo que en estos momentos las cifras son tan buenas o mejores que las de la última época de El Chofre, que había entrado en cierta decadencia”; y admitía todo seguido que la inauguración de Illumbe suponía uno de sus máximos logros, sin olvidar aquellos años en que gobernó Las Ventas: “Esas fueron mis mayores ilusiones como empresario, dejando aparte América, que supuso historias muy importantes como aquellas giras que hice con El Cordobés. Pero aquí, en nuestra tierra, yo tenía dos ilusiones por encima de todo, ser empresario de Madrid y lograr, de alguna forma, la que fuese, que San Sebastián tuviese plaza de toros. No me importaba incluso que no la hiciésemos nosotros, para mí lo importante es que se hiciese y se ha hecho”. Y ahora, además, cumple veinte años de existencia. ¡Larga vida a Illumbe!