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HISTORIA

Torera salida de la cara del toro de Cocherito, que no sólo tuvo buen cartel en su Bilbao natal.
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Torera salida de la cara del toro de Cocherito, que no sólo tuvo buen cartel en su Bilbao natal.

Bilbao, la feria de hace 100 años: Cocherito tiró del carro

El ciclo de 1918 contó con dos ausencias especialmente significativas en aquel momento: Joselito y Belmonte

miércoles 15 de agosto de 2018, 11:43h

La feria taurina de Bilbao de hace cien años fue un tanto anómala. Faltaron, por distintas circunstancias, las dos grandes figuras de la época: Joselito y Belmonte. Fiebres y dolencias estomacales alejaron de Vista Alegre al de Gelves; mientras que el trianero aquel 1918 había optado por no torear en España. Gallito enfermó tras actuar el 15 de agosto en San Sebastián y hasta el 1 de septiembre, que reapareció en El Puerto de Santa María, perdió no solo las cuatro corridas que tenía contratadas en Bilbao, sino dos más en San Sebastián, una en Almagro y tres en Linares. Afortunadamente para la afición bilbaína, llegado agosto y su feria ya había gozado, ese mismo año, de la maestría del Rey de los Toreros, que actuó los días 2 y 5 de mayo. El Pasmo, por su parte, solo toreó aquella temporada en torno a una docena de corridas en América, todas entre enero y abril, con Lima y Caracas como principales escenarios. Además, al margen del ventajoso contrato firmado allende los mares, Belmonte había contraído matrimonio con una bella peruana con quien realizó un largo viaje por diferentes repúblicas americanas. Juan no regresó a nuestro país hasta finales de agosto, permaneciendo sin tocar los chispeantes hasta febrero de 1919, cuando se embutió en uno de ellos para torear en Alicante.

“Cocherito alcanzó verdadero éxito en estas corridas de su tierra, donde tanto se le quiere y donde tanto se celebraron siempre y celebran sus faenas”, escribió Pensamientos

Ante tal tesitura, en Bilbao se armó el abono con la gran referencia torera de Vizcaya -Cocherito de Bilbao- y una pléyade de jóvenes espadas formada por otros dos espadas vascos -Serafín Vigiola “Torquito I”, de Baracaldo; y Diego Mazquiarán “Fortuna”, natural de Sestao-, un alcarreño -Julián Sáiz “Saleri II”- y un cordobés -José Flores “Camará”-. Todos tuvieron una gran oportunidad para reivindicarse. Las corridas de Gamero Cívico, Miura, Santa Coloma, Pablo Romero y Carmen de Federico pusieron el triunfo, si no en bandeja, sí al alcance de quienes verdaderamente tuvieran aptitudes para funcionar. Es cierto que no era fácil hacerse notar en aquella época, en la que la práctica totalidad del escalafón permanecía eclipsado por la arrolladora fuerza artística de los dos genios, José y Juan. Seguramente por ello, los toreros, al decir de la crítica, no siempre estuvieron a la altura en aquel abono, que, por otro lado, registró en la plaza llenazos a diario. De todos los coletas, el mejor librado fue, curiosamente, el más veterano, Cocherito de Bilbao, cuyo nombre artístico se debe a la profesión que desempeñó de mozalbete, cuando ingresó en unas cocheras para “conducir” los caballos de la época.

VENCIÓ "EL ABUELO"

Las cinco corridas de las que constó el ciclo bilbaíno de 1918 se celebraron los días 18, 19, 20, 21 y 25 de agosto. El primer día Cocherito, Torquito I y Saleri II lidiaron toros de Gamero Cívico. Cocherito cortó una oreja del cuarto y Saleri destacó matando al sexto, saliendo en hombros con Torquito. Al día siguiente, el propio Saleri, Fortuna y Camará despacharon la miurada. Saleri brindó su segundo a Cocherito, presente en el festejo, Fortuna realizó una buena faena con su primero y Camará cortó dos orejas, una en cada toro, por faenas de “más emoción que arte”, según contó Corrochano en ABC. El mismo revistero criticó con dureza a casi todos los intervinientes en el festejo del día 20, en el que Cocherito, Torquito, Fortuna y Camará lidiaron reses de Santa Coloma. Corrochano, consciente de que Cocherito transitaba ya por el ocaso de su carrera, escribió: “Hizo mucho más de lo que ya puede hacer, de lo que humanamente se le puede exigir. ¿Les parece a ustedes poco encerrarse con tres chavales que debieran estar rabiosos de palmas, y ganarse las palmas él y estar más valiente que los tres juntos?”. A su segundo le “entró a matar con fe, con seguridad, con coraje, y dio la estocada de la tarde”. El “palo” a sus compañeros llegó en estos términos: “¡El abuelo! ¡El abuelo!, gritaba el público mientras ovacionaba. Y los nietos -en clara alusión a los tres jóvenes colegas que acompañaban a Cocherito en el cartel- se quedaron tan frescos. Les parecería muy bien lo que hizo el abuelo, pero no trataron de seguir aquel ejemplo de pundonor. Cochero vio un toro superior y le mató superiormente. Ya que no pudo darle faena, le dio lo que podía darle, lo que dan los valientes a la hora de matar los toros: el pecho. Vi muchos toreros que ni hicieron faena ni mataron bien en toros análogos. La oreja fue pedida unánimemente y se concedió. Después de dar la vuelta al ruedo y salir a los medios -ya estaba entre barreras, porque no le tocaba turnar-, aún tuvo que saltar Cocherito al ruedo a saludar”.

El día 21 Cocherito hubo de matar cuatro pablorromeros por percance de Fortuna, que recibió un puntazo en el hipocondrio izquierdo, de pronóstico leve. Cochero, mermado de facultades, no estuvo a la altura de un gran toro, pero al que abrió plaza, según Corrochano, le dio una estocada buena “después de una faena lucida y adornada” y cortó una oreja. Ese día Camará completó la terna y Joselito Martín -otro matador vasco, entonces aún novillero- mató un sobrero de Carvajal “manso y nervioso”. El crítico de ABC, lacónico, apuntó sobre el novel espada: “Lo hizo todo: torear, banderillear y matar. Pero no hizo nada”.

El ciclo concluyó el día 25 con toros de Carmen de Federico para Saleri II, Fortuna y Camará, sin que sucediese nada reseñable. Saleri y Camará firmaron los únicos pasajes destacables y Joselito Martín de nuevo lidió un sobrero de Carvajal, sin lograr mejorar la pobre impresión de la víspera.

Otro conocido crítico de la época, Enrique Minguet “Pensamientos”, en su anuario taurino de 1918, decía acerca de la triple comparecencia de Cocherito en aquel abono: “Cocherito alcanzó verdadero éxito en estas corridas de su tierra, donde tanto se le quiere y donde tanto se celebraron siempre y celebran sus faenas. Cástor consiguió muchos aplausos y cortó orejas; verdad es que siempre puso de manifiesto su voluntad y buenos deseos”.

HONRADEZ Y PUNDONOR

Cástor Jaureguibeitia Ibarra, apodado en los carteles como Cocherito de Bilbao, tomó la alternativa en Madrid, de manos de Antonio Fuentes, el 16 de septiembre de 1904. Hasta su llegada, únicamente dos vizcaínos habían logrado el doctorado: el durangués Domingo Mendívil y el elgoibarrés Luis Mazzantini. Luego, alcanzarían ese mismo grado otros espadas como Rufino San Vicente “Chiquito de Begoña” -a quien alternativó, precisamente, el propio Cochero-, los citados Torquito I y Fortuna, Alejandro Sáiz “Ale”, Jaime Noaín, Martín Agüero, Pedro Robredo, los Chacarte…

Aquel 1918 Cocherito toreó doce corridas, en las que estoqueó un total de veintiséis toros, tomando como base las plazas de Bilbao -cinco tardes- y Madrid -cuatro-, a las que unió las de San Sebastián -dos tardes- y Sevilla -una-. Don Ventura, en su obra “Toros y Toreros en 1918”, enjuició así la campaña del diestro: “Hállase en el ocaso de su vida taurómaca y sigue poniendo en su trabajo una honradez profesional y un pundonor que algunas veces no parece si no que se halla empezando su carrera artística. Aunque poco, ha toreado algo más que el año anterior, siendo en las plazas de Madrid y Bilbao donde ha hecho casi toda su campaña”. El crítico añadía: “Su nombre es en los carteles de feria de la capital vizcaína una institución, y bien merece el respeto y la consideración de sus paisanos quien pone a contribución ante los mismos todos sus buenos deseos y una voluntad grandísima para complacer con su trabajo. Este año no tomaron parte primeras figuras en las corridas de Bilbao, pero sí espadas jóvenes de los que bordean los puestos más altos y a quienes hay que suponerles con plétora de entusiasmos y con caudal grande de energías, no ya para triunfar, sino para mantenerse donde están. De ninguno dejó ganarse la partida el veterano espada, y si hubo tres o cuatro toros superiormente muertos en las cinco corridas, uno de ellos fue estoqueado por Cástor. ¿No dice esto mucho en pro de su vergüenza profesional?”.

Aquella de 1918 fue su penúltima feria de Bilbao. Al año siguiente anunció su retirada. Limitó la campaña de despedida a dos actuaciones: la primera en Madrid -el 6 de julio, con Gallito, Belmonte y toros de Salas en el cartel- y la segunda en su Bilbao natal, el 31 de agosto, lidiando toros de Pérez Tabernero junto a sus paisanos Chiquito de Begoña, Torquito I y Fortuna. Aquella corrida, por motivos obvios, resultó especialmente emotiva. De ella se cumplirán cien años la próxima temporada y a buen seguro que será materia de un nuevo reportaje.