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Jesús Lizaso: “Hay mucho corazón en esta obra”
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Jesús Lizaso: “Hay mucho corazón en esta obra”

El artista vizcaíno es el autor de la escultura en honor a Fandiño

jueves 09 de agosto de 2018, 11:46h

La escultura urbana forma parte del paisaje de Vizcaya. Han sido muchos los artistas de la llamada Escuela Vasca de Escultores que han dejado su legado por toda la geografía del país como seña de identidad de Euskadi. Uno de ellos es Jesús Lizaso, cuya prolífica obra adorna plazas como las de Urreta y Landesa, en Galdakao y Mungia, respectivamente, y que a partir del 18 de agosto estará presente en otra plaza, en esta ocasión la de toros de Vista Alegre de Bilbao para perpetuar la memoria de Iván Fandiño, la máxima figura del toreo vasco, que hace poco más de un año dejaba su vida en la arena francesa de Aire Sur l’Adour, pero cuya memoria continúa viva entre los aficionados y así quieren los miembros de la Junta Administrativa de la plaza de toros de Bilbao que continúe para la eternidad.

Sin embargo, la imagen que retrata a Fandiño tuvo un nacimiento muy intimista, tal y como comenta el propio artista vizcaíno: “Hice el retrato de Iván Fandiño sin que nadie me lo pidiera. Lo hice porque me apetecía. De hecho, mi obra es más vanguardista, más intensa o profunda en cuanto a lo que llamamos escultura, por eso, cuando hago algo figurativo, como en esta ocasión, es porque tengo ese capricho y me apetece. En este caso hice el retrato y por casualidades de la vida lo vieron los de la Junta Administrativa de la plaza de toros de Bilbao y les gustó mucho”.

“Hice el retrato de Iván Fandiño sin que nadie me lo pidiera. Lo hice porque me apetecía. Por casualidades de la vida lo vieron los miembros de la Junta Administrativa de la plaza de toros y les gustó mucho”

Casualidades o el destino. El caso es que Jesús siempre admiró a Iván, tal y como reconoce mientras habla: “No tuve la ocasión de conocerle en persona, pero sí fui muy seguidor suyo como aficionado. Por eso para mí es un honor y un placer poder realizar esta escultura y me satisface mucho porque yo también soy de Vizcaya como lo era él”. Comenzó a explorar para lograr una obra que reflejase mucho más que la figura del torero de Orduña: “Hay mucho corazón en esta obra porque no es una obra figurativa. Lleva un complejo escultórico bastante complejo, valga la redundancia, porque va dentro de unas paredes de acero Cor-ten que simulan un frontón, y concretamente una de esas paredes, la del frontis, simula la pared de ladrillos con azulejos en la que tantas fotos le hicieron a lo largo de su carrera. De ahí que he querido hacer una réplica por ser el sitio exacto en el que Iván se ponía a meditar antes de hacer el paseíllo”.

Hecho el retrato tocaba ampliar el conjunto tal y como era el deseo de la Junta Administrativa de la plaza bilbaína. Jesús narra el proceso: “Empecé a construir el pecho, luego las manos y fuimos improvisando bastante. Participaron tanto Néstor como Andoni Rekagorri y más gente de la plaza de toros, y al final creo que el resultado ha sido muy bueno”.

Resultado que aún no ha visto nadie. Ni siquiera la familia de Iván: “La escultura terminada no la ha visionado aún nadie. Lo que sí han visto ha sido fotos del proceso, o partes del proceso como por ejemplo su padre al que le enseñé el retrato cuando iba por el pecho, pero no lo ha visto con el capote ni nada más”.

“No tuve la ocasión de conocerle en persona, pero sí fui muy seguidor suyo como aficionado. Por eso para mí es un honor y un placer poder realizar esta escultura”

Jesús es consciente de que hay expectación por verla terminada: “Es una obra difícil de definir porque no se ve el cuerpo entero, podría decir que es casi de cuerpo entero, como si flotase en el aire”. Lizaso, puntualiza al respecto: “Hubo dos “Iván” en el mundo del toro. Uno, en los inicios, que se corresponde con esa imagen que todos tenemos de sus rizos en el pelo; y el de la última etapa, que es el que yo descubrí, y que fue la que más me gustó, la de un hombre mucho más maduro y más hecho, con unos rasgos más duros. Esa diferencia de caras es la que he reflejado en el retrato. Me siento satisfecho de cómo ha quedado el retrato porque es un tema muy serio y le da la seriedad que merece su figura en el último periodo de su vida”.

Esta reflexión nos lleva inexorablemente a profundizar un poco más en la obra: “Aunque está hecha en bronce, he querido transmitir un lenguaje de hierro. Por eso en la pátina que lleva el bronce le he dado un acabado de hierro para que sea un hombre de hierro, que es una palabra que estamos muy acostumbrados a oír en Vizcaya, en donde es habitual escuchar historias como el cinturón de hierro o los orígenes de las orconeras. Por eso, para mí, era imprescindible darle ese acabado que transmitiese a un hombre duro como el hierro”.

Aunque Jesús Lizaso no conoció personalmente a Iván sí ha querido impregnarse de su esencia: “Es imprescindible conocer la vida y el arte de Iván Fandiño para poder hacer la escultura, si no, no se podría. En este caso, primero hice el retrato y luego hubo un paréntesis en el que me leí el libro de Néstor. Por eso mientras íbamos improvisando ya tenía los conocimientos de la biografía que me hizo descubrir facetas de la vida de Iván que no conocía y que me evocaron un paralelismo en el mundo de la escultura con la vida de Oteiza de chaval. Durante todo ese proceso comí un par de veces con Néstor y me explicó su vida y su sensibilidad por él. También he conocido a su padre y luego he visto corridas donde ha actuado. Me he interesado mucho por su aspecto. He visto muchas fotografías para identificar cualquier rasgo. Lo que ha desembocado en una obra más figurativa que hiperrealista”.

LOS TOROS, EL EMBRIÓN

Esta incursión en la temática taurina no es nueva para Jesús Lizaso, que ya en 2003 expuso su obra Los Toros, que tuvo una gran acogida por la crítica. “Sin aquello no hubiese podido hacer esto. Me sirvió para conocer la sensibilidad de la plasticidad que tiene el mundo taurino. Resultó una experiencia muy profunda con la Tauromaquia, de la que realicé una serie de exposiciones que tuvieron mucho éxito, y en pleno éxito me retiré porque no quería que me etiquetaran como únicamente un escultor de temática taurina. Pero esa experiencia me sirvió para atreverme a hacer esta obra que tiene su riesgo después de estar tantos años haciendo esculturas”.