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CORRIDAS GENERALES

Matías González: “No tengo ningún afán de protagonismo”
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(Foto: Arjona)

Matías González: “No tengo ningún afán de protagonismo”

domingo 19 de agosto de 2018, 09:00h

Es el rostro del palco en Vista Alegre. Para lo bueno y para lo malo. Subió hace casi veinticinco temporadas y aún no ha bajado de él. Admirado por unos y temido por otros, su recto modo de actuar no deja indiferente a casi nadie. Admite entender los enfados que a veces sus decisiones provocan, pero siempre intenta ser justo; y aunque asegura, también, no buscar jamás -“¡póngalo bien grande si quiere!”- el protagonismo que en ocasiones “las circunstancias” le confieren, lo cierto es que en unos días volverá a copar, junto a toros y toreros, las miradas del gran Bilbao.

-Todos le asocian a la presidencia de Vista Alegre, pero muy pocos le ubican de luces y ante el toro.

-Probé fortuna como novillero, es cierto, pero llegué a muy poquito, ni siquiera debuté con picadores. Estaba estudiando y tenía la ilusión de ser torero. Anduve cuatro años enredando con los becerros, toreando por mi zona, Valladolid, La Rioja… pero aquello era imposible. Debí dar un paso que no fui capaz de dar: alejarme del norte e ir donde estaba el toro y podían surgir más oportunidades.

-¿Se arrepintió alguna vez?

-No, para nada. Lo dejé sin ningún resquemor; y eso que dicen que no lo hacía mal… Continué con mis estudios, que era algo que le había prometido a mi padre, y no abandonarlos me ha servido para vivir, formar mi familia y llegar hasta hoy.

-¿Y cómo llegó a presidente?

-Como aficionado frecuentaba los clubes taurinos. En el Cocherito estuve durante diecisiete años en diferentes directivas. Se fijaron en mí y me propusieron. El puesto, tradicionalmente, ha estado reservado para comisarios de policía, pero, con las transferencias autonómicas, en el País Vasco se decidió que fueran aficionados y no policías los presidentes de Vista Alegre. Yo no fui el primer aficionado en subir al palco, sino el tercero.

“En lo que más se nota la labor de un presidente es en la concesión de trofeos, pero hay aspectos y competencias de igual o mayor importancia”

-¿Cuántos años lleva en el cargo?

-Debuté en 1995 en una corrida extraordinaria, de las de aniversario de la plaza que se daban en junio. Esa misma temporada ya presidí toda la feria y así hasta ahora. Este año cumplo veinticuatro temporadas en el palco.

-Con un criterio conocido por todos...

-Parece que en lo que más se nota la labor de un presidente es en si da o no un trofeo de más o de menos a un torero, pero hay otros muchos aspectos y competencias que son igual o más importantes: en los corrales, en los reconocimientos, con anterioridad en el campo procurando cribar lo necesario para que las corridas sean las apropiadas y evitar los bailes de corrales… El palco, al fin y al cabo, es la última faceta de cada día. En él mi criterio pasa por ver las condiciones del toro, primero; y, segundo, analizar si esas condiciones son controladas o no por el matador. Para ello me fijo mucho en la lidia. Se dice que soy duro para la concesión de la segunda oreja, pero solamente pido que haya una lidia apropiada al toro que haya en el ruedo, que le peguen veinte muletazos buenos por cada mano y, sobre todo, que los maten por arriba.

-La espada es clave.

-Por algo se le llama suerte suprema: es la más complicada y difícil de todas y nosotros, desde arriba, debemos darle la importancia que realmente tiene. No tengo la menor duda de que para que la estocada esté en su sitio el torero debe tirarse muy derecho y arriesgando, y eso, evidentemente, hay que premiarlo.

-¿Exige por igual a todos, o aplica distintos raseros en función de si en el ruedo hay una figura o un torero más modesto?

-La exigencia es la misma, lo que sucede es que hay corridas en las que el tipo de toro que se lidia es mucho más complicado y desde arriba hay que saber calibrar la importancia que tiene ponerse delante de esos animales. ¡Ojo!, con esto no quiero desmerecer a las figuras, porque entre las corridas que matan también saltan a veces auténticos marrajos que exigen estar a la altura y eso, desde el palco, cuando sucede también se tiene en cuenta.

“Estoy abierto al indulto, ¡cómo no! Uno no debe subir al palco con ideas preconcebidas, pero debe salir el toro que lo merezca y darle una lidia que permita calibrar su bravura también bajo el peto”

-Entre el Matías del 95 y el actual, ¿ha habido evolución o su criterio se ha mantenido inalterable?

-Mi criterio es el mismo. Bueno, quizás al principio fuese más duro porque, de alguna manera, tenía que definir y dejar muy claros los parámetros por los que consideraba debía regirse la plaza. Obviamente, hube de ir aplicándolos poco a poco y no todos de golpe el primer año. Me fijé un objetivo: ser capaz de en cuatro años marcar el listón que, a mi juicio, correspondía. Si hubiera querido hacerlo de la noche a la mañana, un cambio tan brusco se hubiera vuelto contra mí.

-De Bilbao se conoce su toro, su rigurosidad… ¡y a su presidente! ¿Cómo lleva el protagonismo?

-No tengo ningún afán de protagonismo, puede ponerlo con letras bien grandes si quiere. Son las circunstancias las que, finalmente, le hacen a uno ser protagonista aun sin quererlo. Tengo que tomar decisiones duras y entiendo que a veces los toreros consideren que debieran haber obtenido un premio que se les ha negado, pero siempre intento ser justo.

“¿Presiones? Las hay, pero después de tantos años uno sabe gestionarlas. Además, aquí me conocen perfectamente, saben que tengo mi forma de proceder, de modo que cada vez son menores”

-En torno a un presidente existen siempre presiones. ¿Cómo las lleva?

-Después de tantos años uno sabe gestionarlas. Además, aquí me conocen perfectamente, saben que tengo mi forma de proceder, que me guío por unos parámetros que llevo aplicando de manera continua desde hace más de veinte años, de modo que cada vez las presiones son menores. Tuve más al principio, lógicamente, hasta que poco a poco fui siendo capaz de que se considerasen esos criterios de los que hemos hablado anteriormente.

-¿La posibilidad del indulto queda descartada mientras esté usted en el palco?

-Para nada. Nunca he dicho eso. Estoy abierto al indulto, pero debe salir el toro que lo merezca y darse otra circunstancia…

-¿Cuál?

-Que quienes estén delante realicen una lidia que permita calibrar la bravura del toro también bajo el peto. Muchas veces el primer tercio no pasa de ser un mero trámite y para mí, pensando en la posibilidad de un indulto, la de varas es una suerte fundamental. Pero insisto: estoy absolutamente abierto al indulto, ¡cómo no! Uno no debe subir a un palco con ideas preconcebidas. Al contrario, sería una satisfacción tremenda sacar en Bilbao alguna vez el pañuelo naranja.

EL PALCO Y LA "JUBILACIÓN"

Matías González nació en un pueblo de Ávila cargado de historia: Madrigal de las Altas Torres, localidad natalicia de, entre otros personajes ilustres, la reina Isabel la Católica. Con cinco años marchó junto a sus padres a Bilbao, donde reside y ha formado su familia. “Es una tierra extraordinaria, que acoge maravillosamente a la gente de fuera”, admite Matías, casado y con dos hijas a quienes los días de feria ve menos de lo que le gustaría. El trasiego inherente al cargo que ocupa en las Corridas Generales le obliga a parar poco por casa. “Ese ajetreo es un gustazo porque soy muy aficionado, pero termino absolutamente agotado. La tensión y los nervios durante la feria me mantienen en forma, pero, cuando acaba, caigo derrotado. Desde primera hora de la mañana surgen problemas, contratiempos que urge resolver… todo eso agota, y si además trasnochas algún día, acabas reventado. Pero bueno, dichoso agotamiento. Todo se supera con afición y queriendo estar ahí, porque es cierto que nadie me obliga a hacerlo”.

Matías está ahora jubilado. Tiempos hubo en los que alternar su profesión con la presidencia del palco de Vista Alegre aún le resultaba más difícil. “A veces debía prescindir de varios días de vacaciones para dedicarme a los toros, pero también supe gestionarlo”, recuerda. ¿Y la jubilación en el palco, la ve lejana?, inquirimos: “Vamos a esperar a que termine esta feria primero y, después, ya habrá tiempo de pensar en ello”, responde sonriente. “Sé que no voy a estar ahí eternamente, que algún día tendré que dejar el palco, pero vamos a dejar primero que termine esta feria y, entonces, hablamos de nuevo”.

Fotos: ARJONA y ARCHIVO