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La revolera

Cañonazo al palo mayor

He recibido un correo electrónico de alguien que firma como “un aficionado sin complejos”. Lo cual huele que atufa a mentira, porque un aficionado tiene toda la legitimidad y derecho a dar su opinión respecto al tema sobre el que echa su cuarto espadas, y cuando esconde su nombre es probablemente por ser parte interesada en el asunto. Opina respecto a algo que he escrito recientemente, y dada la vehemencia con que defiende todo lo contrario a lo que se ha calificado como una de las lacras actuales del negocio del espectáculo taurino, cabe pensar que si no ha quedado herido por la letra, el balazo de papel le ha pasado rozando.

Y además, si esta tan convencido, como dice, de que es un bien extraordinario para la Fiesta que en una misma persona se reúnan el empresario, el apoderado y el ganadero, ¿porqué se irrita cuando un “ignorante” que “carece de visión global y profunda del asunto”, sostiene todo lo contrario? Lo lógico sería que pensara: “Ladran, luego cabalgamos”. Que es la conclusión que uno ha extraído, convencido como está desde siempre de que no hay intereses más contrapuestos que los del empresario y los del torero. Y es natural que así sea. Por eso no es bueno para el más débil, que es el torero, que anden más que juntos revueltos…

Está claro que a los “hombres orquesta” del toreo les repatea que se les vea el cartón. Elemental, querido Watson, que diría Sherlock Holmes. A nadie le agrada que le destapen el antifonario. Es más, estoy seguro que daría tres nombres de los que mandan hoy en la organización del espectáculo, y sin temor a equivocarme, seguro que de uno de ellos, aunque sea por persona interpuesta (ellos a duras penas son capaces de juntar las letras de sus apellidos sin faltas de ortografía), ha salido la agria respuesta a la divulgación de lo que el noventa por ciento de los profesionales, y de los aficionados, consideran un cañonazo al palo mayor del barco de la Fiesta.

Además, es a ellos que se están forrando con ese monopolio, por no llamarle “mafia”, a costa de la sangre de los toreros, a quienes les duele en lo más vivo (que es la cartera) que se hable de los enjuagues que se producen en el ámbito taurino. Y piensan que cuanto menos se hable de ello, mejor. Ya se sabe lo cobarde que es el dinero…