www.aplausos.es

ENCUENTROS CON JOSÉ LUIS BENLLOCH

Los santacolomas de Felipe Bartolomé
Ampliar
(Foto: Arjona)

Los santacolomas de Felipe Bartolomé

La leyenda de los santacolomas, digamos buendías, saltillos, cárdenos… no estaría completa sin que le dedicásemos un espacio importante a la divisa de Felipe Bartolomé, la ganadería gemela partida al cincuenta por ciento -dos lotes iguales que se adjudicaron por sorteo- como quedó dicho en los capítulos dedicados a Rehuelga, cuando José Buendía y Felipe Bartolomé compraron la vacada del Conde de Santa Coloma...

lunes 26 de noviembre de 2018, 13:10h

La leyenda de los santacolomas, digamos buendías, saltillos, cárdenos… no estaría completa sin que le dedicásemos un espacio importante a la divisa de Felipe Bartolomé, la ganadería gemela partida al cincuenta por ciento -dos lotes iguales que se adjudicaron por sorteo- como quedó dicho en los capítulos dedicados a Rehuelga, cuando José Buendía y Felipe Bartolomé compraron la vacada del Conde de Santa Coloma. Un mismo origen, una misma dirección, primero bajo el criterio de Joaquín Buendía y luego de su hijo José Luis, le dan ese tratamiento de igualdad hasta que en los años noventa se dividen los caminos. Partiendo de esas circunstancias, mismo origen y mismo criterio de selección, las únicas diferencias son las que impuso la influencia del hábitat donde se criaron, Mojón Blanco, mitad término de Lebrija, mitad término de Espera, justo donde las provincias de Sevilla y Cádiz parten sus dominios administrativos. Un territorio en el que según la creencia de los hombres del campo los toros se desarrollan más astifinos que en las arenosas tierras donde se criaban los de Buendía.

Los últimos tiempos bajo la dirección directa de los herederos de don Felipe Bartolomé, así se anuncian, y con la presión terrible de un mercado muy constreñido, que no solo reducía el número de festejos sino que además daba la espalda a un encaste que no encajaba en la comodidad de los toreros -tampoco entró en el gusto de los públicos ni contó con el apoyo de la autoridad más a favor de los toros voluminosos- ha reducido las vacas madre a cifras de mínimos. En la actualidad solo conservan poco más de medio centenar que les permiten mantener encendida la llamita de la tradición familiar y sortear lo mejor posible los crudos vericuetos del mercado a la espera de un giro de las circunstancias que lleve a un resurgimiento. ¿Y por qué no?, sería la pregunta.


-Esa ilusión claro que la tenemos pero la realidad es la que es.

La respuesta es de Aníbal González, que es quien está al frente de la ganadería en la actualidad. Hombre de palabra prudente, veterinario, hijo de María Dolores, sobrino de Fátima y biznieto de Rosalía Surga, que se casó en segundas nupcias con Felipe Bartolomé, contiene cualquier atisbo de euforia sobre el futuro. “La realidad es la realidad”, repite cuando le inquiero, y asegura que el objetivo de su familia es disfrutar de la ganadería aunque sea en esa versión reducida que vive en la actualidad.

Los cercados de Mojón Blanco tienen el sabor de las fincas con historia. Ochocientas hectáreas que comparten la explotación agrícola y el bravo que ocupa la mitad de ellas. Dehesa de mucha categoría, con excelente techo para los ganados formado por encinas, olivos y acebuches, un entorno que, todos coinciden, es excelente para el desarrollo de los toros. Ya se sabe que hay fincas que fomentan el trapío y fincas que se lo comen y Mojón es de las primeras. La plaza de tientas cumple con todas las necesidades para comprobar la buena casta de las becerras. Antiguamente se tentaba en una plaza de dimensiones más reducidas, lo que se llevaba en las primeras décadas del siglo pasado, donde me cuentan que acudía Carlos Arruza, que fue uno de los grandes partidarios de la divisa.

“Donde podemos, donde podemos”, es la respuesta cáustica y un tanto irónica de Aníbal cuando le pregunto dónde viene lidiando últimamente. Ese “donde podemos” duele, debe doler a cualquier aficionado, y lo entiendo también como una denuncia de la realidad que no merece una leyenda así. “Donde podemos”, me ha insistido.

-Los últimos años los saco de erales, que es un mercado más viable.

Y lo razona.

-Cada vez que los toros suman un año más se complica todo más y más, así que hemos lidiado de erales estos últimos años.


AQUELLOS AÑOS.- De izquierda a derecha: Leopoldo González, Adela Surga, el mayoral Curro, Aníbal González, José María González, José Luis Buendía, Engracia Surga, Filiberto Mira, Fátima Sanz de Andino Surga, Mª Dolores Sanz de Andino Surga y el maestro Pepe Arjona.

Y me insiste en las circunstancias de mercado.

-El mercado de tres años está muy corto y al de cuatro es muy difícil llegar, así que lo que nos planteamos es sacarlos con dos años y disfrutarlos. Más adelante ya veremos, Dios dirá lo que nos depara el futuro.

La última corrida de toros que lució el célebre hierro Surga, con el que se marca en la casa, fue en Ceret en julio de 2014. Corrida bien presentada y de juego desigual decía la crónica de Aplausos. Aquella tarde, el veterano Frascuelo, que seguro que ya había podido disfrutar de esta ganadería en los tiempos de mayor esplendor, estuvo inspirado, les cuajó dos excelentes faenas premiadas con una oreja que pudieron ser más si llega a estar acertado con la tizona.

DOS NOVILLADAS, DOS

Para el año que viene, quizá porque la temporada pasada las circunstancias fueron más duras todavía de lo que venían siendo, tendrá dos novilladas con picadores. Son las que no pudo sacar el año pasado porque prefirió no venderlas en las condiciones en las que se las quisieron comprar, así que quién sabe si la dificultad se convierte en ventaja y en festejos de mayor rango puede subirse a la ola buena de la renovada, o eso deseamos, fe en los cárdenos que se respira en plazas de relieve y especialmente en los cosos franceses.

Estos AÑOS.- Detrás del burladero, los mayorales Paco y José María Luna. Delante, Mª Dolores Sanz de Andino Surga y Aníbal González Sanz de Andino.

En Mojón Blanco siguen las mismas normas y exigencias de siempre, me cuenta Aníbal.

-Me quede mucho o poco, mantener el rigor es fundamental. O les exiges a las becerras o apaga y vámonos. Invitamos a matadores, nada de gente rara, y a las becerras les exigimos al máximo. Como se hizo siempre en la casa.

Y me insiste en que aunque reducida la ganadería mantienen todos los hábitos y costumbres de siempre. Las decisiones en los tentaderos es “cuestión colegiada” de las ganaderas, las dos hermanas, María Dolores y Fátima, y de él mismo.

Después de tanta reducción lo que se conserva debe ser la flor y nata de Santa Coloma. Aníbal se muestra prudente.

-Imagina. Aunque en esto nunca se sabe… dice llegando a la máxima expresión de la prudencia antes de añadir: “Y sí, aquí, como dices, está lo mejor de lo mejor o eso creemos. Esto es santacoloma, santacoloma”.

Las ganaderas, muy amigas de la discreción, han acudido a la hora del reportaje fotográfico, no fue fácil convencerlas. En su empeño por conservar lo que fue tantos años insignia familiar está el futuro de los bartolomé, los toros cárdenos que tanto gustaron a las figuras de su tiempo, desde Arruza a Antoñete y no digamos a Camino.

La camada es corta pero auténtica. No hay duda de su origen. De perfecta armonía, naturalmente abundan los cárdenos, los hay que permiten explicar exactamente lo que en lenguaje de siempre se entendía como un dije. Finos de cabos, mirada viva, chatitos, de piel lustrosa, cortos de manos... Si las hechuras son determinantes, te dices, de aquí embisten todos.

Disfrutar la ganadería es el objetivo real e inmediato en Mojón Blanco. Resistir y esperar mejores vientos. Como nos dijo Aníbal: “El mercado lo determina todo. Estás en manos de lo que te den, no de lo que vale”.

Pues vale mucho... apostillaría yo. Por lo que fue, por lo que es y por la falta que hace. Hay tesoros que deberían protegerse. Plazas como Madrid y no digamos Francia deberían opinar. En Mojón Blanco este año hay novillos.


Fotos: ARJONA