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La Pincelada del Director

Falta sensación de aventura
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Falta sensación de aventura

Hoy día se torea mejor que nunca, se le hace al toro más diabluras que nunca, sale el toro más grande que nunca pero… se torea mejor a menos toros (Capea dixit)

Escribo esta Pincelada con el aliento contenido. Con un ojo en el ordenador y otro en la tele pendiente de esas elecciones de Andalucía que tanto pueden influir en el futuro del toreo. Había, hay, motivos para el mosqueo. Por Andalucía mismo y por lo que los expertos advierten que sus resultados pueden adelantar lo que será el futuro inmediato de España. Vaya obsesión que tienen los fulanos de la política con el toreo, como si no hubiese cuestiones realmente prioritarias incluso vitales que solventar, pero esa izquierda torticera que nos ha sobrevenido parece no tener otras miras y andan encelados sin que nadie acierte a colearlos de una manera definitiva. Nada sería más oportuno. El panorama no es bueno y no descubro nada diciéndolo. Las consecuencias están en la calle. O ataque o desconsideración, no hay más en los programas (salvo en Vox) y ahí radica el peligro y el desequilibrio, si al menos esa lidia se librase entre el ataque y la defensa… pero no llegamos ni a eso. Unos atacan y otros se esconden. Por ahora al menos: están los exterminadores y los que aspiran a pasar de puntillas. Así que ojo al Cristo. El artículo de Carlos Crivell en el Aplausos de la pasada semana ponía el dedo en la llaga: advertía, sin faltar pero con crudo realismo, de lo que nos estamos jugando. Esto no se ha acabado aunque a última hora la posibilidad muy real de que Podemos quede descabalado de los centros de poder era una excelente noticia para los toros. Un respiro.

Ante ese panorama y mientras aparecían los recuentos y los porcentajes en las teles, unas felices y otras desoladas, preferí recordar la clase magistral, una radiografía entiendo que perfecta sobre el toreo en la actualidad, que hizo El Niño de la Capea en Foios. “Ahora le falta sensación de aventura”, dijo apuntando a que todo es más previsible. Y se puso a explicarlo con un lenguaje ameno y claro, con mucho calado en el auditorio, que le aplaudió a rabiar. En realidad habló como toreaba, con dominio, con inteligencia, directo al corazón, que es donde de verdad se dilucida el toreo, donde se aparta el trigo de la paja, lo auténtico de lo sofisticado. Lo dijo y lo explicó.

En los tiempos del maestro a las figuras debían entrarles más toros en la cabeza y el resultado era un toreo menos limpio, con más imperfecciones, más atractivo, menos previsible y, consecuentemente, con más emoción

“Hoy se torea mejor que nunca…”, sentenció; y dejó unos puntos suspensivos en el aire para abrir una reserva, un matiz clave que sitúa definitivamente el tema. “Se torea rozando la perfección muchas tardes pero a un mismo modelo de bravura. Esa es la diferencia”. Lo dijo quien fue primera figura en los tiempos en que los de su rango tenían que enfrentarse a una gran variedad de encastes: se las veían con los domecq, con los torrestrellas que eran domecq pero menos o más personalizados de la mano de don Álvaro, con los núñez que todavía vivían su esplendor entonces por la vía de Manolo González, también con los parladés de Atanasio, con los santacolomas, los arranz que tenía su parte de Graciliano y, por tanto, eran de tiro duro, con los pablorromeros, victorinos, a seis nada menos se enfrentó en Madrid sin mayor necesidad en este caso que su satisfacción personal… y eso exigía mucha ciencia además de mucha capacidad lidiadora. En ese escenario a las figuras les tenían que entrar muchos toros en la cabeza. Ocurría con él y ocurría con muchos de sus compañeros, por voluntad propia o porque no había otra pero lo asumían. El resultado era un toreo menos limpio, con más imperfecciones, pero aun a riesgo de parecer un nostálgico de aquella época, era más atractivo, menos previsible y consecuentemente con más emoción, de más aventura.

En su teoría comparativa sobre el toreo actual y el de su época Capea insistió en que hoy día se torea mejor que nunca, se le hace al toro más diabluras que nunca, sale el toro más grande que nunca pero… afirmó antes de añadir “pero se torea mejor a menos toros”, y lo explicó: “Había más diversidad de encastes, había más tamaños, más desigualdad en las embestidas de los toros y como aficionado me queda la duda de que si cambiásemos el encaste cambiaríamos la situación… esa duda la tengo”. Y habló del toro actual: “Es más previsible, más dominable y genera menos incertidumbre. Hoy día se sale a la plaza con menos sensación de aventura”… “Entonces te anunciabas con una de Manolo Arranz y te podía salir uno tirando a la rama de Antonio Pérez o a la de Graciliano y entonces era otro mundo; te anunciabas con la de Atanasio y lo mismo te salía uno más bravo que un tejón que otro manso perdido… Y esa diversidad de comportamiento generaba interés, le daba cierta intensidad a la corrida”.

El panorama político no es bueno y no descubro nada diciéndolo. O ataque o desconsideración, no ha habido más en los programas (salvo el caso Vox) y ahí radica el peligro y el desequilibrio. Si al menos esa lidia se librase entre el ataque y la defensa… pero, de momento, no llegamos ni a eso

-¿Y ahora?
-Ahora hay más dominio de la situación. Depende más del torero, de que ese día esté inspirado, de que esté a gusto y si lo está seguro que lo borda. A mí me motivaba más aquella fórmula.

Y desveló un secreto que retrata a la perfección su carácter en la plaza.

-A mí me gustaba lo de Arranz pero a muchos de mis compañeros no, así que cada vez que podía los exigía y al revés lo mismo, ellos pedían los que menos me iban a mí de tal manera que le dábamos variedad y competencia a los carteles. Se trataba de fastidiar al otro y eso era un estímulo más.

-Serías figura ahora, le pregunté; y su respuesta volvió a probar su clarividencia de siempre.
-No lo sé. Es imposible saberlo. Lo único seguro es que quien es figura es porque ha sabido adaptarse a su época. Así que para serlo tendría que adaptarme a esta. La duda es si con mis recursos me podría adaptar. No lo sé. No se sabrá nunca, pero como me fue bien en la mía para qué voy a cambiar.

Y mientras recordaba la lección magistral de Capea en Foios, por cierto un nuevo éxito de Foios y su gente apoyados por un alcalde de Compromís -a cada cual lo suyo- en la tele seguían descifrando datos y sacando conclusiones. Ninguna tan clara como las de Capea.