www.aplausos.es

La página de Manolo Molés

El paraguas francés

Antes de acabar 2018, gran parte de las ferias francesas ya tenían resuelto el tema capital, fundamental, básico, el pilar que da nombre a este espectáculo: la fiesta de los toros. Pues eso, los toros, para el año siguiente ya están reseñados, apalabrados y consensuados con los ganaderos. Ferias grandes como Arles o Nimes y en el otro lado Bayona, Dax, Mont de Marsan, etc., ya tienen planificada la base torista. Que es justamente por donde hay que comenzar. Luego habrá ferias a las que les guste un tipo de toro más encastado y otras que sean más toreristas. O la mezcla, que tampoco es mala. Pero para ser buen aficionado te tiene que importar por encima el elemento fundamental: el toro.

Francia en esto tiene una gran ventaja. Los empresarios (Simón siempre será un verso suelto en su sentido creativo y peculiar) escuchan los gustos toristas y toreristas de sus abonados, peñas, grupos y representantes de la afición que pasan por taquilla. Y no solo intervienen en el tipo de ganadería que desean. Además, apuntan a qué tipo de toreros les agradaría ver con esos toros.

Arles, Nimes, Bayona, Dax o Mont de Marsan ya tienen planificada la base torista. Que es justamente por donde hay que comenzar. Luego habrá unas a las que les guste un toro más encastado y otras que sean más toreristas. O la mezcla, que tampoco es mala. Pero para ser buen aficionado te tiene que importar el toro

De ahí el esplendor taurino de Francia, en las ferias de primera nombradas y en otras muchas, más reducidas en número de festejos, pero que conforman un firmamento espectacular en la Francia torista. Y qué bien nos viene a España y qué bien para responder a políticos contrarios a la Fiesta el ejemplo francés.

DONDE HAY TRADICIÓN NADIE METE LA MANO DE LA PROHIBICIÓN

Los galos no perdieron el tiempo. De Burdeos para abajo hasta la frontera de Italia, allí donde hay plaza o placita, donde hay tradición e historia, nadie mete la mano de la prohibición. Los toros no son discutibles políticamente. De ahí, de esa raya del sur de las Galias hacia arriba, ni hay toros ni lo intentan. Perfecto. Se acabó la discusión. Pero no hay que aguantar a un podemita o a un, no me jodáis, socialista o jerga político social al que le dé por prohibir lo que es legal. Pero si hay que joder, lo joden.

Otra ventaja del orden galo está en los antitaurinos. Aquí todavía los aguantamos, o saltando al ruedo o dando la vara políticamente o parapetados en partidos, todavía sin consolidación política, pero ya está cerca. Animalistas y el argentino saltarín y bien pagado, que ya forma parte del paisaje taurino mundial. En Manizales estuvo a punto de escoñarse con la brutal caída. Pero ya está recuperado. A lo que vamos: en Francia esos grupos de antis que aquí en España te dicen todo menos bonito al oído, de asesino para arriba, se han difuminado. Los colocaron a un kilómetro de la gente que entraba a los toros. Y ahí murieron porque ni se les entendía. Había dos ejércitos antis. Ya se han disuelto. Todo esto allana el futuro de la Fiesta en el país vecino.

Sería fantástico que el mestre Benlloch o alguno de los grandes periodistas de Aplausos (ojo, se ha creado una escuela de compañeros de un nivel cada día más alto y da gusto leerles) buscará en su familia una foto de la actuación de Cerdà, que acabó siendo uno de los grandes fotógrafos de la Fiesta y valenciano que fue torero y que actuó en el Palacio de Deportes de París. Esa foto puede ser histórica.

LAS FERIAS EMPIEZAN POR EL TORO; LOS TOREROS, DESPUÉS

Francia tiene sobre nosotros otra ventaja. Los empresarios (Simón siempre aparte) no suelen ser apoderados. Y eso es tener las manos libres para contratar a los que el cliente/aficionado prefiera, con la ganadería que guste al que pasa por taquilla y con el cartel que también desee el aficionado. Cuando de esta pluralidad tengáis duda, mirad esa foto de Dax con El Juli y Pepe Moral a hombros. Tres orejas cada uno; Manzanares remataba el cartel y Pepe Moral apenas estaba destacando con corridas duras. Lo pusieron con dos figuras, Juli y Manzanares. Eso en España no es habitual, tristemente.

Otra cosa fundamental es que las ferias empiezan por el toro. Los toreros, después. Mirad el ejemplo de una feria súper torista como Vic-Fezensac. A principios de diciembre ya tenía su base torista para tres festejos que se verán en la primavera de 2019. Toros de Pedraza de Yeltes, de Dolores Aguirre y de Cebada Gago (en España casi ni se ven estos hierros) para tres corridas con toreros a designar. Primero, el toro. Y un cuarto festejo en corrida-concurso con estos animalitos: Saltillo, La Quinta, Partido de Resina, Pagés-Mailhan, Flor de Jara y Los Maños. Torismo de altura. Y obligada la exaltación del tercio de varas, con grandes picadores. Fuera círculos de cal, una raya en la contraquerencia, dos, tres y cuatro casi en el centro. Un espectáculo de emociones, compatible con otras ferias y otros gustos, pero básico, emocionante y bello. Ahí casi nunca tienes la sensación para decir: “Pobre toro”. Nunca. Será: “Pobre picador” o el que se ponga delante. Y una belleza: ver tres y hasta cuatro quites en el tercio de varas en capotes diferentes te da mil datos de lo que es el toro. Y si ves al toro y detectas sus virtudes y sus defectos, vas a valorar muchísimo mejor aquello que haga el torero y también los subalternos.

Dicen que el toro desapareció en el Pirineo y, como la nieve, cayó como simiente y futuro en el sur de Francia y en el norte de España. O sea: Cataluña, Aragón, Navarra y País Vasco. Verdaderamente ahí empezó todo. De ahí bajó al sur, allí se empezó a torear, o similar, sobre las manos y el toreo hizo el camino a la inversa; subió otra vez hasta el Pirineo. Es una bendición la diversidad y, al tiempo, la unidad de dos países por un mismo sentimiento: el toro, la Fiesta. Y, sin embargo, cada país le puso su acento. A Francia le agradezco que quiera el menú completo. Nada de hamburguesas. La afición, el toro, la emoción, el tercio de varas y los empresarios rara vez son apoderados. Para meditar.