www.aplausos.es

ENCUENTROS CON JOSÉ LUIS BENLLOCH

Ortega Cano: vivencias e hitos
Ampliar
(Foto: Javier Arroyo)

Ortega Cano: vivencias e hitos

“Antoñete fue mi maestro y mi amigo. Siempre fue un espejo para mí y para muchos toreros. Todos los que comenzábamos estábamos enamorados de muchas de sus fotos. Entonces no había vídeos y las fotografías adquirían una importancia grandísima. Con una foto bastaba para que un torero te ganase”, recuerda el torero

sábado 09 de febrero de 2019, 09:33h

Un café, una visita amiga, un tiempo para ordenar recuerdos, también para que Javier Arroyo dispare la cámara a discreción, un cambio de localización y continuamos mientras comienza a funcionar de nuevo la grabadora. Retomamos la charla donde la habíamos dejado, hablando de Antoñete.

“Antoñete para mí era el maestro”, asegura José, que rememora los tiempos en los que compartieron apoderado en aquellos años ochenta en los que Chenel había vuelto con fuerza y ambos, junto a Curro, Paula, Chicuelo, Galloso, Currillo, Pepe Luis… eran apoderados por Sayalero y Bandrés, además de Juan Belmonte, y hasta compartieron concentración en una experiencia que entonces tenía mucho de singular, diría que era muy al estilo americano, en aquella finca de Montellano que se llamaba Aldehuelas Bajas. De aquella época fue la célebre corrida de Cartagena que supuso un empujón definitivo para Chenel en la que también estuvieron, casi nada, Paula y Ortega.

-A Antoñete le tuve mucho cariño. Tuve la suerte de convivir mucho con él.

-Tengo entendido que el maestro se escaqueaba lo suyo a la hora de la preparación física, que incluso se ponía un gabán encima del chándal y prendía un cigarrillo a la hora de salir a correr.

-No era de mucho entrenar, no. Quedábamos por la noche. Decíamos, mañana nos levantamos y salimos a caminar pero… Se quedaba por la noche leyendo. Leía y fumaba y claro, a la mañana siguiente, le costaba muchísimo levantarse. Leía mucho, ¿sabes? Leía de todo. No dormía nada y por la mañana estaba cansado. En aquella concentración lo pasábamos muy bien. Me gastaba muchas bromas, decía que yo nunca compraba tabaco y que siempre le estaba pidiendo.

-¿Y no era verdad?

-Digamos que yo le hacía la broma a él pidiéndole. Él para mí fue un compañero y un padre a la vez.

-¿Y como torero? ¿Cómo era como torero?

-Siempre fue un espejo para mí y para muchos toreros. Todos los que comenzábamos estábamos enamorados de muchas de sus fotos. Entonces no había vídeos y las fotografías adquirían una importancia grandísima. Con una foto bastaba para que un torero te ganase.

“José Luis Marca me citó a comer en Horcher y me ofreció una exclusiva. Trajo un maletín con cien millones de pesetas como adelanto. Lo abrió y me lo enseñó allí mismo. No la firmé y todavía me pregunto por qué no lo hice, por qué no firmé, porque con aquello me hubiese comprado una finca”

José me cuenta que los toreros que comenzaban entonces y los aficionados sabían en qué sitios de Madrid había fotos de este o aquel e iban a verlas. Con Antoñete se daba ese caso como con ningún otro. Se iba a ver los naturales al toro de Osborne y las medias verónicas. El maestro tenía muchas para recrearse, fotos que siguen mereciendo la pena su observación para quienes gustamos de los detalles, se lo dice quien tiene el vicio de registrar en los archivos: la mano que no torea, el asiento de los pies, la dirección de éstos porque no es lo mismo que los lazos apunten a un lado o a otro, la caída de los trastos, la arruga no vale, el tirón queda delatado, como tampoco que el momento sea al principio o al final, al principio hay muchas buenas, al final ya es otra cosa… pues de entre las buenas Chenel y el mismo Ortega tienen unas cuantas de premio.

-Él tenía la ilusión en una de sus primeras despedidas de que estuviésemos Curro Vázquez y yo en Madrid, pero yo tuve un percance y no pude estar.

José tiene el mejor recuerdo de aquellas vivencias en las concentraciones de Sayalero y Bandrés, a los que califica de gente muy agradable.

-Recuerdo a un hermano de Belmonte, Fernando, que también participaba de aquella experiencia. Era coreógrafo, bailarín y le gustaba hacer la güija, ya sabes, eso del espiritismo, y él asumía el papel del médium. Conseguía que aparecieran los muertos o eso pensábamos nosotros. Antoñete y yo nos lo creíamos a pie juntillas y claro, luego no dormíamos. Pasábamos un miedo terrible. Antoñete decía que uno de aquellos muertos estaba sentado en nuestra ventana, durmiendo con nosotros. A la mujer de Paula también le gustaban aquellas sesiones.

TRAGOS FUERTES

Junto a aquellos momentos gratos, que hubo y muchos, en la carrera de Ortega hay espacio, y amplio, para los momentos más duros, comenzando por el día de su primer percance, una noche de la Feria de Julio en Valencia en la que actuó en la parte seria del espectáculo de El Platanito, lo recuerda prácticamente todo. Que por la tarde torearon Manolo Cortés, Julián García y Miguelín… “Con una corrida de Pablo Romero”, le apostillo sumándome como servicio de documentación exprés… “Me metí en el patio de cuadrillas y por hablar con Miguelín me acerqué y le dije que llevaba un macho caído pero no le dio importancia, hizo un gesto como que pasaba, lo recuerdo perfectamente”, y sobre su bautismo de sangre asegura que no le afectó: “Aquella cornada la interpreté en realidad como un trofeo, fue como un ascenso. Me reafirmó en mi condición de torero”.

Fue la primera de las 33… Las dos más fuertes ya nos dijo que fueron las de Zaragoza y la de Cartagena de Indias.

-En la de Cartagena lo pasé muy mal. Afortunadamente los médicos que me atendieron, Antonio María Martín y Gustavo García, tenían mucha experiencia en cornadas por la espalda, debido a las muchas capeas que se celebraban en esa zona donde habían pasado de organizar los festejos con ganado de media casta a soltar ganado bravo. Entre eso y que la gente bebía mucho, había muchos percances que atendían ellos. De ahí les venía la experiencia.

José va relatando aquellas vivencias despacio, con voz queda, tengo la sensación de que a medida que avanza esta charla va descolgando de las estanterías de la memoria personal aventuras y aventuras escritas en primera persona.

“Era una gozada escuchar a Camino. Y como torero daba gusto verle. Su facilidad para hacer las cosas al toro era impactante, única. Parecía un ángel toreando. Tenía una naturalidad y un poder a la vez tremendos”

-Esa cornada fue muy grave. Corbelle, que estaba como apoderado, se preocupó mucho y llamó a Val-Carreres, que se vino desde Zaragoza. Me cambiaron de hospital. Esa fue otra suerte que resultó clave porque en la primera UCI había hasta hormigas por el suelo. Me llevaron a un hospital militar y todo comenzó a ir mejor.

-No fue menos la de Zaragoza.

-Esa también fue tremenda. Hace poco he visto una exposición de fotografía taurina en la que aparezco mientras me estaban operando. Me tienen el pecho abierto y las costillas levantadas. Estaban en plena operación. No sé cómo se expuso esa foto. Es un horror. Cuando la vi me entró una angustia tremenda.

TEMPORADAS CLAVE

Después del bache de la alternativa, largo y duro, de los que ponen a prueba la resistencia de los hombres, una tarde clave que marca la recuperación y ascensión definitiva llega en Zarauz, donde, por aquel entonces, qué tiempos, había una plaza portátil con carácter prácticamente de fija. La corrida fue de Albaserrada, quede dicho para situar el nivel de cuidados en el que José tenía que navegar entonces. Si era capaz de cuajar un toro así en Zarauz era capaz de cuajarlo en cualquier plaza, se dijo a él mismo. Aquella idea le quitaba el sueño y le alimentaba la ilusión a la vez. Poco después cuajó otro toro en San Sebastián de los Reyes para reafirmarse aún más en su fe y todo pareció encarrilarse de una vez por todas, pero fue en la temporada del 85 cuando todos aquellos sueños se hicieron realidad. Seguramente fue ese el año más decisivo. Venía de triunfar en Cali, donde había conquistado el Escapulario. En España arrancó en Valencia matando la corrida de Cuadri con Espartaco, ante la contestación de cierta parte de la crítica valenciana, que, por aquel entonces, estaba levantada en armas contra Simón Casas, que era el gerente de la gestión directa que había puesto en pie la Diputación con Antonio Asunción al frente.

-Recuerdo que ante las quejas de alguno, Simón se anticipó y dijo que íbamos a ser las figuras inmediatas. Ese mismo año, apenas unos meses después, Espartaco cuajó al toro Facultades y yo tuve grandes éxitos. Firmé ciento tres corridas de toros pero sufrí dos percances que me frenaron mucho. Una cornada en Granada y una fractura de cúbito y radio en Huesca. Me quedé en cincuenta corridas.

-¿Y comenzaste a ganar pasta?... ¿O no te preocupaba?

-¿Cómo no me va a preocupar?

-Como toreabas tanto igual no te daba tiempo a preocuparte de esas cuestiones.

-Sí que comencé a ganar dinero, sí. Y sí me preocupaba, claro, pero no he sido muy interesado. ¿Te cuento una anécdota?

-Para eso estamos.

-En ese tiempo José Luis Marca me citó a comer en Horcher. Vino con Gordillo, periodista de televisión, y me ofreció una exclusiva. Trajo un maletín con cien millones de pesetas como adelanto. Lo abrió y me lo enseñó allí mismo. No la firmé y todavía me pregunto por qué no lo hice, por qué no firmé, porque con aquello me hubiese comprado una finca.

“A El Viti aquello de Su Majestad le venía que ni pintado. Su mano izquierda con el brazo encogido resultaba torerísmo, él era de un señorío tremendo”

-¿Y por qué no aceptaste?

-Le dije que le agradecía muchísimo el gesto e incluso le dije que no entendía por qué lo hacía, pero siendo que él apoderaba a Paco Ojeda, que además era su yerno, si aceptaba suponía que aceptaba ser el segundo de la fila y que yo prefería ser cabeza de ratón que cola de león. Eso le dije, eso pensé allí mismo. El caso es que no lo hice.

-¿Y al final de año te salieron las cuentas?

-Pues sí, aunque acabé toreando cincuenta en lugar de las ciento tres que tenía firmadas, me salieron.

-¿Tú has sido hormiguita en las cuestiones económicas?

-Yo diría que he sido de todo. Podía tener más de lo que tengo pero es que me ha gustado vivir bien. Derrochón no he sido pero me ha gustado vivir bien. La finca la compré porque tenía el dinero y luego la vendí bien.

-Durante mucho tiempo hubo la creencia de que los toreros en sus primeros años de profesión rendían más y se distraían menos si se metían en compromisos económicos que tenían que cumplir. La finca, por ejemplo… Luego, tras la alegría de comprarla, llegaba aquello de ¡hay que pagarla!, y lo que a unos les servía de estímulo para otros era un agobio pesadísimo.

-Una cosa es estar seguro de que la vas a pagar y otra tenerlo en el aire. Y yo era un torero que se entregaba mucho y le cogían mucho los toros y eso no daba ninguna seguridad. Yo cuando compraba o cuando invertía era porque lo tenía.

Estábamos hablando de las mejores temporadas de su carrera y José además de ese año 85 del despegue pone por delante la campaña del 91, asegura que hubo otros años buenos pero no como ese que fue muy completo. Arrancó triunfando en Castellón, en Valencia le cortó dos orejas a un toro de Chopera muy grande, llegó a Sevilla y triunfó, llegó a Madrid y triunfó en la corrida del mano a mano con Rincón.

Yo recuerdo perfectamente la faena al toro de Chopera en Fallas, un santacoloma con edad y kilos, tantos que no hubieses dicho que era de ese encaste. Fue faena de altos vuelos, que, en opinión de críticos como mi amigo Vicente Sobrino, sirvió para calmar los ánimos de una afición que aquel año se estaba mostrando muy beligerante con los carteles y con la empresa.

“No me reconozco como un valiente. En ese aspecto te diría que ha toreado mi otro yo. Ahora que ha pasado todo me pregunto cómo he tenido esa capacidad de lucha, cómo en los momentos complicados me he venido arriba….

En ese toro hubo un tercio de quites de mucho nivel que comenzó a poner la tarde de cara y hasta la feria, en el que participaron los tres espadas, el propio Ortega, Juan Mora y Fernando Cámara. Otra vez los quites como referencia.

-Luego vino la faena, de mucho cuajo, muy de verdad, aunque en contraste a su repercusión y para que todo no sean lisonjas también recuerdo que tardaste en ver el toro.

-Hay que decir que la corrida era muy seria… pero sí, es verdad. Yo tenía ese defecto. Tardaba en ver los toros y por eso las faenas las alargaba un poco.

-Habría un motivo.

-No sé. Quizá porque me empeñaba en darle profundidad a mi toreo y la profundidad no llega fácil ni pronto. Mira, uno de los toreros que fueron un espejo para mí era Ordóñez, me gustaba mucho la manera en la que se colocaba frente al toro y tampoco Ordóñez era muy rápido viendo los toros. Lo mejor en sus faenas llegaba al final.

-De eso podría desprenderse que no fuiste un torero técnico.

-No lo fui. Yo puse siempre la profundidad por delante de la técnica cuando en realidad debería ser al revés. Sobre todo en los toros complicados, primero la técnica para meterlos en vereda y luego la profundidad, el gusto, la imaginación.

-Valiente sí fuiste.

-Bueno… El valor es la superación del miedo. No soy un hombre valiente.

-Pues lo has disimulado bien en tu carrera. Dicho a la pata llana, para no ser valiente le has echado muchos cojones al toro.

-Te diría que ha toreado mi otro yo. Ahora que ha pasado todo me reconozco muy flojo y me pregunto cómo he tenido esa capacidad de lucha, cómo en los momentos complicados me he venido arriba. Lo cuento porque habrá gente joven que esté empezando que supongo que estará en mi misma situación y es bueno que sepan que el valor se supone y se consigue. ¿Cómo?... con mucha constancia y con mucha afición.

“Lo cuento porque habrá gente joven que esté empezando que supongo que estará en mi misma situación y es bueno que sepan que el valor se supone y se consigue. ¿Cómo?... con mucha constancia y con mucha afición”

Y abundando en la idea me insiste en que de pequeño era muy cobardón, que hizo esas cosas de valor después, cuando fue entrando en el mundo del toreo y fue comprobando no solo las dificultades que conllevaba ser figura sino que podía hacer aquello que se planteaba como necesario para ser figura y se fue imponiendo poco a poco.

-¿Quién te impresionaba por su valor?

-El Benítez aunque no fuese un torero de mi cuerda. Dámaso también, por lo pronto que se ponía en una distancia en la que es preciso tener mucho valor. Como ya te dije, parecía hipnotizarlos.

-Dos nombres: Viti y Camino. ¿Qué te dicen?

-Mucho, todo. Con Camino compartí muchos momentos de charla y partidas de cartas con Antoñete, con Curro Vázquez… Era una gozada escucharle. Y como torero daba gusto verle. Su facilidad para hacer las cosas al toro era impactante, único. Parecía un ángel toreando. Tenía una naturalidad y un poder a la vez tremendos.

-¿Y El Viti?

-Otro que me tenía enamorado. Aquello de Su Majestad le venía que ni pintado. Su mano izquierda con el brazo encogido era torerísimo, él era de un señorío tremendo. Le conocí desde aficionado cuando iba al campo. Salamanca era mi territorio, por aquel entonces no iba a Andalucía y allí El Viti lo era todo.

Estábamos hablando de las faenas que se le quedaron grabadas, de las que le revolotean entre las añoranzas, y me gustaría que rescatásemos alguno de esos recuerdos. La del toro de Benavides que ha salido a colación en varias ocasiones en esta charla. Fue en Madrid, en el San Isidro de 1985.

-Llegó en un momento muy importante. Lo cuajé de verdad. No lo maté bien y le corté una oreja pero… es de los toros que no olvidas.

El toro se llamaba Cabezudo. Fue un segundo sobrero. Y Ortega siempre me dijo que salió para él, como si estuviese destinado en una temporada en la que todo venía de cara. Ese día la corrida transcurría por esos toboganes agrestes en los que se convierten las tardes en Madrid cuando los toros comienzan a blandear y las cosas no salen como todos desean. Aquel día los arranz de Ramón Sánchez no estaban dando juego y claudicaban una y otra vez entre el disgusto general. En el quinto ya nadie aguantó más y el presidente lo mandó para atrás, y lo mismo hizo con el quinto bis, hasta que salió el de Benavides.

“No fui un torero técnico. Siempre puse la profundidad por delante de la técnica cuando en realidad debería ser al revés. Sobre todo en los toros complicados, primero la técnica para meterlos en vereda y luego la profundidad, el gusto…”

De rosa y oro Ortega, su color de la suerte, lo banderilleó con lucimiento y para que nadie diga que tardaba en ver a los toros aquel día Ortega se fue directamente a los medios y comenzó a torear. Lo hizo de tal manera que Vicente Zabala, recuerdo, escribió en ABC que ya podía quitarse el Cano de los carteles en clara referencia al maestro de Borox, lo que sin duda era un elogio para José del máximo rango. Aquel día acabó de consagrarse. Ni siquiera la mala colocación de la espada después de entrar a matar recibiendo le quitó relieve a la faena.

-Y no fuiste mal estoqueador.

-Tampoco fue mi fuerte.

José sigue escudriñando en su memoria, orgulloso y también nostálgico.

-En esos tiempos hubo otras tardes muy complicadas, duras, recuerdo una tarde con Manili y Manuel Amador, el año que fue empresario Martín Berrocal, que tuve que pasar tres veces a la enfermería, me rompieron dos dedos… Me dieron una paliza.

-Berrocal fue otro personaje de tu tiempo.

-Ese día que me pegaron una voltereta y no me podía poner la montera de lo mucho que me dolía el cuello, Berrocal se puso a boxear conmigo, supongo que para quitarle tensión al momento. “Venga, calienta”, decía, y me hacía los gestos y los amagos de un boxeador, y mi hermano Eugenio, que no le conocía ni estaba en la cuestión, le dio un empujón: “¡Qué le estás haciendo a mi hermano!”, le increpó, y hubo que aclararle quién era y de qué iba la cosa. Berrocal era un personaje, sí.

Posteriormente en la temporada del 91 llegó otra cima: el mano a mano con Rincón en la Beneficencia con la corrida de Samuel.

-Cortamos seis orejas en Madrid. Imagina lo que fue la tarde. Disfruté mucho con su competencia. Yo le conocí en América cuando todavía no era conocido en España. Cuando en los inviernos me llamaba Molés para que entrase en la radio siempre le decía “Aquí hay un chico que cuando vaya a España va a causar impacto”… Y al final vino y fíjate la que armó y la de tardes en que toreamos juntos.

-No hemos hablado de Sevilla.

El día del toro de Benavides en Madrid, Vicente Zabala escribió que Ortega ya podía quitarse el Cano de los carteles en clara referencia al maestro de Borox, lo que sin duda era un elogio para José del máximo rango

-En Sevilla tuve tardes sueltas buenas. No salí por la Puerta del Príncipe pero con el tiempo sentí que la gente me consideraba un torero de Sevilla. La faena al toro Espanto de Juan Pedro en la feria del 91 fue importante a pesar de que luego lo pinché, pero fue faena de dos orejas. Ese día fui a sustituir a Capea y cuajé posiblemente una de las mejores faenas de mi vida. Y hubo más faenas, recuerdo otra a un jandilla, Pantalán de nombre, al que le corté dos orejas; otra a un zalduendo, otra a un toro de Salvador Domecq…

-Pero fuiste más de Madrid.

-Seguramente. También toreé más tardes allí, pero en Sevilla me sentí muy querido.

Y entre todas esas grandes faenas y toros célebres se coló alguno de infausto recuerdo. Especialmente uno de Manolo Chopera en Bayona que se le atravesó y le pareció muy difícil.

-Me hizo pasar un mal rato hasta el punto de que tomé la decisión de no matarlo. Me dio por ahí. Dije que no lo mataba.

-Se armaría una gorda.

-Imagina. En una plaza de esa categoría, en la que además el empresario era mi apoderado, que también era el ganadero. En realidad era todo, porque además se añadía que Manolo era un personaje reconocido por su carácter. La que se armó ¡Uf!… Cuando dije que no lo mataba se me acercó y…

-¿Qué te dijo?...

-El hombre vio que lo estaba pasando mal y me dijo que hiciese lo que creyese que debía hacer. No me forzó. Estuvo muy bien.

CAPOTE, MULETA Y ESPADA

-¿En qué fuiste bueno de verdad?

-Me gustaba mucho torear con el capote y con la muleta muchas tardes ponía el alma.

-¿Y en qué te hubiese gustado ser mejor?

-Con la espada. Maté toros bien pero me hubiese gustado ser mejor.

-Para hacer bien esa suerte está prohibido mirar los pitones. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. En ese momento hay que mirar al morrillo, solo al morrillo.

-Hubo un tiempo en que banderilleaste.

-Para poder torear y entrar en algún cartel más. No era mi fuerte pero algunas veces lo hacía bien, cuadraba en la cara y salía con cierto empaque. Pero en el año 85, cuando rompí, Manolo Lozano me dijo que lo importante era llegar al final, ser corredor de fondo y no de esprints. Le pregunté qué quería decir…

-¿Y que quería decir?

-Que por vez primera tenía firmadas ciento tres corridas de toros y solo había podido torear cincuenta por las cogidas. Estaba claro.

-Y empezaste a dejar los palos.

-En ese tiempo tuve la oportunidad de torear mucho con Soro, Esplá, Mendes… tenían unas facultades tremendas que yo no tenía y me daban unos repasos tremendos. Así que haciendo caso a Manolo Lozano lo fui dejando. Recuerdo que Soro subía al monte Monserrat de Bogotá corriendo hacia atrás. Si era difícil subirlo hacia adelante imagina hacia atrás, pues él lo subía. Quiero aprovechar la ocasión para mandarle un mensaje de ánimo y decirle que le quiero mucho.

-¿Este toro es mejor que el de tu época?

-El toro de ahora sale muy serio.

-Y embiste mejor.

-Yo también creo eso. Ahora con ese peso y ese cuerpo aguanta muchos pases. Tienen mucho mérito los ganaderos. Su tarea es muy complicada.

-Tú fuiste ganadero, lo sabrás.

-No llegué a cogerle el sitio nunca a la ganadería. Hubo tardes bonitas. En Nimes me indultaron un novillo de la parte de Guardiola, de Pedrajas. En Madrid también llevé varias novilladas, Daniel Luque le cortó tres orejas en una nocturna, y a su segundo novillo, de nombre Indeciso, le dieron la vuelta al ruedo. De corridas de toros lidié poco aunque el toro del día de la confirmación de José Tomás en Madrid era mío pero no fue mérito mío.

-¿Cómo?

-Les compré un lote de utreros a los Guardiola y pasado el tiempo, ya de toros, varios de ellos se los llevó la empresa de Madrid para sobreros. Entraron en la corrida de Jandilla y se lidiaron dos, uno me tocó a mí y el otro a José Tomás, que le cortó una oreja que pudieron ser dos. Pero que quede claro que el mérito fue de los Guardiola. Ese encaste siempre me gustó mucho.

LO MÁS PERSONAL

La última vez que charlamos para Aplausos me aseguraste que estabas enamorado de tu toreo, de tu constancia, de la capacidad que tuviste para sacar lo que llevabas dentro. ¿Lo mantienes?

-Lo de enamorado puede resultar un poco pedante. Enamorado no diría, contento, orgulloso de mi constancia sobre todo, de mi constancia ante las adversidades que encontré en la vida, sí. Soy un luchador.

Hace una pausa y continúa para recalcarme que de quien está enamorado es de Ana María Aldón, que le ha dado un hijo, José María, cinco años, del que asegura que es una copia suya y que le ha llenado de vida e ilusión.

-Ha sido un revulsivo.

Habla con auténtica devoción de su niño. Y aunque le encantaba verle pegar pases a todo lo que se moviese y a lo que no, empieza a decir que le gustaría que fuese futbolista.

-Es que como torero lo pasaría muy mal. Sí me gustaría que fuese aficionado. Él dice que quiere ser futbolista y no sé si lo será pero lo que sí será es artista. Cuando le preguntan dice que se llama José María Ortega Cano y si le dices otra cosa se enfada. Es un niño muy especial.

Sobre el futuro de la Fiesta es optimista, está convencido de que va a continuar por mucho que arremetan contra ella.

-Con que los que estamos dentro nos preocupemos de que siga viva lo conseguiremos. Hay que darle el respeto y la consideración que hace falta. Debemos cuidar a los jóvenes para que aquellos a los que les gusta se aficionen más y se queden. Toreros con empuje y valores siempre va a haber, siempre saldrán. Ahí tenemos a Roca Rey como ejemplo de lo que te digo.

-¿Tú crees que tu época fue mejor que esta?

-Nuestra época fue fantástica, de muchos toreros buenos. ¿La mejor?... En nuestro tiempo los mayores dirían que su tiempo fue mejor. Parece una ley de vida. Fíjate los que viesen torear a Domingo Ortega por ejemplo, lo que dirían tiempo después.

-Tú le viste torear me has contado en alguna ocasión.

-En el campo. Toreé en su casa con él en varias ocasiones. Daba gusto verle torear aunque fuese mayor y daba gusto oírle hablar de toros. Era un hombre muy preparado, con mucho don de palabra, sabiendo estar.

-Acabamos José. ¿Cómo te gustaría que te recordasen los aficionados? Defínete en cuatro palabras.

-Como un buen torero, de mucho amor propio, un torero que tuvo muchos éxitos y también algún fracasillo. Yo me quedo con lo mejor.

-Y un apasionado del toreo.

-También, claro.

Fotos: J. ARROYO, ARJONA, J. LÓPEZ y ARCHIVO