www.aplausos.es

La Revolera

Simón Casas ha dado en el clavo

Una vez más, Simón Casas ha hablado alto y claro. Ahora ha sido en la presentación de los carteles de la Feria de Fallas y hay que reconocer que ha dicho verdades como puños. Puede que alguien piense, ante sus palabras repletas de verdad y reconocimiento de los vicios que acosan a la Fiesta, que “predicar no es dar trigo”, pero a eso ya contesta de antemano el productor cuando afirma que poner al toreo en su sitio es cosa de todos. También de los que escribimos sobre el espectáculo taurino, que, sobre todo por ser arte antes que negocio, deberíamos tratarlo de una manera muy especial enalteciéndolo más y buscando en menor medida sus defectos. Que de eso ya se encargan sus furibundos enemigos, que lo tienen en el punto de mira por ser profundamente español, aunque disfracen su odio con el animalismo, el mascotismo y un falso buenismo que lleva estricnina en las entrañas.

El amor a los animales es un disfraz para encubrir otras motivaciones más oscuras y no pocos intereses bastardos, emboscados en muchos silencios y en no pocas mentiras, fruto del desconocimiento de la entraña del toreo, que hay que buscarla primero en el campo bravo y después en la avaricia economicista de las propiedades de los inmuebles donde se celebra el rito taurino. Ello por no hablar de la carga fiscal, que pesa como una losa sobre la Fiesta Brava como espectáculo de masas. En que el toreo está “demasiado intervenido”, en expresión de Casas, hay que pararse a reflexionar seriamente porque en esa realidad encontraríamos la razón de muchos de los palos que hacen que sus ruedas no se muevan con la necesaria fluidez.

Cuando se habla del dinero de los toros, tal parece como si fuera solo el de los toreros y el de las empresas el que encarece el espectáculo. Y también Simón ha dejado entrever razones más poderosas fuera del alcance de empresarios, ganaderos y toreros, que ponen en peligro la continuidad de la que, quieran o no sus enemigos, sigue siendo la Fiesta Nacional por antonomasia. Está claro, y así lo ha expresado el empresario-productor, que si buscamos lo negativo de la Fiesta desde dentro, no nos puede extrañar que sus enemigos la ataquen con saña. Esa es una verdad de Perogrullo, sobre la que hay que estar completamente de acuerdo. Y Casas ha hablado también del descuido de “la ética” del que hace gala el universo taurino, y aquí cabe aquello de “respétate tú si quieres que te respeten”.

A Simón se le entiende todo, pero hay que convenir en que para restablecer la ética del negocio taurino hace falta mucho más que la voluntad de un solo hombre. El “¿Quién mató al comendador?” Y sobre todo el “Fuenteovejuna, señor” de la respuesta, dejando claro que todo el pueblo, unos por acción y otros por omisión, era culpable, se reproduce en el momento crítico que vive el mundo del toro. Pero bienvenidas sean las reflexiones en voz alta del empresario de Madrid, Valencia y Nimes, que no son cualquier cosa, y confiemos en que los que siempre esperan a verlas venir se apunten al bombardeo. Bien Simón, bien... ¡Has dado en el clavo!