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La revolera

San Isidro, a bombo y platillo

Aunque no sea la euritmia de la justicia distributiva, hay que reconocer que el sistema del bombo introducido para el San Isidro de este año de 2019, significa un paso adelante para que los toreros que llevan años tragándose lo que no quieren los que pueden exigir, le vean la cara al toro teóricamente de triunfo, prohibitivo para ellos hasta ahora. En Las Ventas y en fechas tan significativas. Dos bombos para diez ganaderías y diez toreros, y los demás que negocien con la empresa. No es la piedra filosofal pero tampoco es el trágala.

En la Feria de Octubre del pasado año, el bombo funcionó y el público respondió al envite y varios toreros dieron la talla. A ver si va a resultar que, de verdad, una de las cuestiones principales que pueden ayudar a que el toreo ocupe el lugar que le corresponde es el saber “venderlo”... La perfección no existe en casi nada, y menos en un arte como el toreo sujeto a tantas contingencias. Pero “el que no se arriesga no pasa la mar”, que dice el refrán y “es imposible hacer tortillas sin cascar huevos”. Todo es empezar y Casas está resultando un pionero a la hora de poner en marcha ideas que, aunque no resuelvan los problemas de la Fiesta el cien por cien, en cualquier porcentaje que lo consigan, partiendo como se parte de cero, bienvenidas sean...

De todos modos, salirse de los caminos trillados ya es un paso importante. Todo evoluciona y lo que no evoluciona se anquilosa, y el toreo estaba necesitando con urgencia un profeta que como Cristo a Lázaro le dijera “levántate y anda”. ¿Será Simón Casas quien nos traiga la buena nueva? Lo ignoro, pero tiene muchas más posibilidades que los que siguen empeñados en agarrarse al tronco de la tradición, sin mover un musculo en busca de nuevos modos y diferentes caminos...