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ENCUENTROS CON JOSÉ LUIS BENLLOCH

El Cid, el vuelo de la izquierda
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(Foto: Arjona)

El Cid, el vuelo de la izquierda

“Dejo de estar en la competición, no dejo de ser torero. No hubo ninguna señal concreta para tomar esta decisión, es algo progresivo…", asegura el torero en una amplia entrevista

viernes 22 de febrero de 2019, 11:17h

-Te vas.

-Dejo de estar en la competición, no dejo de ser torero.

-Bueno, sí, pero adiós a las ferias, a las taleguillas...

-He creído que era el momento. Llevo mucho tiempo, veinte temporadas toreando muchas corridas es mucho…

-Ya, pero eso no es lo que se sueña, se sueña, supongo, llegar, no dejar de torear.

-Ahora lo que sueño es tener un año bonito y poder despedirme de todos los seguidores que siempre me han apoyado y hacerlo lo mejor posible.

-¿Cuál fue la señal?

-No hubo ninguna señal concreta pero sí muchos detalles, pequeñas cosas que ocurren en tu entorno y te impulsan hacia esa decisión.

-Un día te levantas y…

-Algo tan trascendental no se piensa de un día para otro, es algo que te va calando. La vida también son ciclos y sabía que iba a llegar el momento. Ahora se cierra un ciclo y se abre otro.

Es Manuel Jesús, El Cid de Salteras, que fue amo y señor de Las Ventas sobre todo, también de su Sevilla. Dos puertas grandes en la capital además de otra docena de hitos que se encargó de desbaratar su espada, que no se correspondió con la leyenda de aquella Tizona del Cid de Vivar; y cuatro paseos gloriosos bajo las columnas jónicas de la Puerta del Príncipe, sin olvidar aquella tarde memorable de los victorinos en Bilbao, seis para su coleto nada menos, que hicieron una raya en los cielos de la épica taurina más que difícil, por no decir imposible, de alcanzar por nadie. Eso y mucho más, diez, doce años nada menos en las principales ferias resumen su trayectoria en la que su mano izquierda, sobre todo esa zocata de mando generoso y trazo largo, fue, sigue siendo, un referente. Recordaremos, como a él le gusta, el vuelo de su muleta desplegada en el trazo final del muletazo, allí donde el pase natural adquiere definitivamente la profundidad.

Ahora apaga las lentejuelas, cuelga los vestidos que no los chismes, así llaman en su tierra a los trebejos de torear, y da un paso a un lado. Me asegura que no le gustaría desvincularse del mundo del toro porque es lo que le gusta y lo que le apasiona. Estar alrededor del toro de una forma u otra, seguir aportando algo a la Tauromaquia es su intención.

-¿Qué faceta te atrae más?

-No lo sé todavía. Mi objetivo inmediato es echar esta temporada fuera, disfrutarla al máximo y luego Dios dirá, acompañar a un torero, ayudar a un chaval... No me gustaría dejar el mundo del toro. Quiero aportar mis conocimientos.

“Seguiré acudiendo a algunos tentaderos para matar el gusanillo, que seguro que estará ahí, porque todos sabemos que esa llamita nunca se apaga. Ser torero no es una profesión al uso, es algo muy pasional y cortar no es fácil”

-¿Quién te ha presionado más, la mujer, los chicos, el toro, las empresas…?

-Mi familia no me ha presionado para nada. Nunca lo hicieron, siempre me dejaron decidir por mí mismo, sobre todo en mi profesión, y en esta decisión tampoco lo hicieron. El toro quizá sí…

-¿De qué modo?

-Es algo progresivo… cada vez te presiona más, el vestido de luces cada vez te pesa más, la responsabilidad cada vez es mayor, las exigencias también y cuando alguna vez no te salen las cosas como tú quieres, te duele y lo conviertes en señales, en pequeños mensajes de los que sacas conclusiones, como por ejemplo que las cosas que tenías que dar en el toro ya las has dado. No sé, se te pasan por la mente mil cosas que te hacen mella pero tampoco diría que es una presión.

-¿Entonces?

-Es una evolución de la vida y como los caminos de Dios son infinitos… ahora se cierra este, que ha sido muy bonito, y se abren otros. La vida de un torero no se acaba porque dejes de estar en activo. Bajaré la intensidad pero seguiré manejando los trastos, acudiendo a algunos tentaderos para matar el gusanillo, que seguro que estará ahí, porque todos sabemos que esa llamita nunca se apaga. Es duro, porque ser torero no es una profesión al uso, te ocupa muchísimo tiempo en tu vida, en lo personal y en lo profesional, es algo muy pasional y cortar no es fácil.

-Un buen día te sentaste en la mesa y se lo dijiste a tu mujer y a los niños.

-Llevaba dándole vueltas a esa idea desde el año anterior y un día en el almuerzo se lo dije, sí: la próxima es la última y se pusieron muy contentos.

A estas alturas de la reflexión, Manuel no espera las preguntas, habla en voz alta, despacio y claro, sentido y da la sensación de que muy sincero.

-Cuando has estado compitiendo en las grandes ferias al más alto nivel y cuando por diversas circunstancias te ves abocado a otro tipo de ferias, te cuesta mucho trabajo asimilarlo. Y si tampoco me hace falta, si tampoco estoy en una situación en la que tenga que torear en un pueblo a la fuerza, prefiero dedicarme a otra cosa. No soy torero de eso.

NO HAY COSA IGUAL

Los chicos, sus hijos, 14 y 12 años, son aficionados e incluso le acompañan al campo pero por el momento no han sentido la llamada del toreo, no le han pedido la muleta.

-Ni yo los voy a obligar. Eso de ser torero tiene que salir de dentro. Tú no puedes obligar a nadie a hacer una cosa que no la siente porque estaría abocado al fracaso.

-Tampoco les dirás que no lo sean.

-No, no. Si uno de ellos me dijese papá, quiero ser torero, no sería yo quien le quitase la idea porque es la profesión que a mí me ha dado muchísimas alegrías, en realidad todo lo que tengo. Gracias a ella he vivido situaciones incomparables que con otra profesión no las hubiese vivido. Me ha dado la oportunidad de conocer a gente maravillosa, tener amigos que si no hubiese sido por el toro no hubiese conocido, estar en sitios idílicos… todo gracias al toro.

-Acéptalo, las retiradas de los toreros siempre están bajo sospecha. Son tantos los que han dicho que se van y no se van… y si se van, vuelven. Yo los entiendo en la mayoría de los casos.

-Yo, también. Los toreros nunca se retiran del todo, hay que ser realistas. Yo me retiro de la actividad profesional. Me retiro de tener que ganarme una corrida tras otra pero matador de toros y torero lo seguiré siendo hasta que me muera y lo que me llena de verdad, supongo que también a otros compañeros en esta situación, es pegarle veinte muletazos a un toro. Eso no tiene sustitución porque puede que vayas a un tentadero y le pegues veinte muletazos a una vaca o a un toro a puerta cerrada pero no es lo mismo. Ponerte el vestido de luces, ponerte delante de un público, la presión, la adrenalina, el cosquilleo, los nervios que desencadena todo eso no se pueden sustituir con nada. Eso, aunque te retires, siempre lo deseas. No hay cosa igual.

“Ponerte el vestido de luces, ponerte delante de un público, la presión, la adrenalina, el cosquilleo, los nervios que desencadena todo eso no se pueden sustituir con nada. Eso, aunque te retires, siempre lo deseas”

-¿Entonces?

-Sé que voy a echarlo de menos, que voy a sentir ese vacío, pero me da igual porque es lo que he elegido. Y antes de que me lo preguntes, te diré que si me llaman para un festival, sé que voy a aceptar.

-¿Habrá gestualidad este año, muchos abrazos, muchos adioses, corte de coleta…?

-No, no. No es el punto final a mi carrera taurina. Esto es un punto y aparte, el cierre de un capítulo de mi vida y la apertura del siguiente en el que lo taurino estará presente.

-Has dicho un festival, ¿y una corrida?

-Una, algo especial, algo para disfrutar, sí, porque sí se disfruta, aunque se diga que no se disfruta. Cuando te pones el vestido de luces y le pegas diez muletazos, disfrutas.

CONTRA EL OLVIDO

Está entrenando como nunca, me cuenta, que está más preparado que nunca o tanto como siempre, “como si fuese a torear veinte años más”, con la ilusión marcando lo más alto.

-Estoy feliz.

-Pues me choca con todo lo que me cuentas, cómo puedes estar feliz en puertas de dejar lo que dices, y es verdad, el argumento de tu vida.

-Porque me he dado cuenta de que he conseguido todo lo que había soñado. No me voy frustrado ni amargado. Creo que he hecho algo bonito, que algún renglón en las páginas del toreo voy a dejar escrito.

-¿Qué te gustaría que dijesen de ti?

-Lo que me gustaría es que me recordasen. Unos pensarán una cosa, otros pensarán otra diferente, que si fui buen torero, que si poderoso, que si era especialista en victorinos, otros dirán que salí por la Puerta del Príncipe con uno de Juan Pedro… habrá diversidad pero por encima de todo lo bonito es que te recuerden. Si te recuerdan es que algo bueno o importante has hecho. Caer en el olvido es lo más triste. Que hayas sido figura y que no te recuerden debe ser una pena grande.

“A la plaza hay que ir siempre con mentalidad ganadora. Nunca fui a Madrid pensando que me iba a quitar algo, por eso nunca le dije no a Madrid. Si vas derrotista, sales derrotado”

-¿Eso pasa?

-Puede pasar, seguramente porque lo que hiciste es menos importante de lo que creías. Por eso pienso que lo importante es estar en la mente de los aficionados. Que se acuerden de esta faena o de aquella otra, de aquel momento, de aquella tarde en Sevilla o en Madrid... eso es lo importante para un artista. Te digo una cosa, igual está feo que lo diga yo, pero creo que voy a ser de los toreros que se engrandezcan con el tiempo.

-Miras hacia atrás y te dices, lo hice bien o no hice lo que debía…

-Yo creo que sí lo he hecho bien. En alguna cosa me habré equivocado pero como la mayoría de las cosas las hice con el corazón, tengo que pensar que las hice bien. En la mayoría de los casos actué y decidí más como persona que como torero y como creo que soy buena persona... A lo mejor si hubiese actuado más como torero hubiese sido más cabroncete, pero no.

-¿Y en ese caso?

-No me hubiese gustado. Ser como he sido me ha granjeado cariño. Cuando me quito el vestido de torear tengo la sensación de que la mayoría de la gente me quiere y eso es importante para mí. Sé que no puedo gustar a todo el mundo porque todos tenemos amigos, partidarios, enemigos, detractores, gente a la que le gustas que funciones y gente a la que le gusta lo contrario porque también hay gente mala.

LA JUSTICIA Y LA GENTE DEL TORO

-¿Recuerdas algo que no debiste hacer, alguna equivocación clave en tu carrera?

-A lo mejor haber matado los seis toros de Victorino en Madrid. Más que equivocarme, es que lo hice a destiempo. Lo tuve que hacer antes. Era algo que le debía a Madrid y sabía que lo tenía que hacer y lo debí hacer años antes. En mi corazón estaba hacerlo pero no elegí bien el momento.

-¿El toro fue justo contigo?

-Sí. El toro fue justo conmigo y es justo con todo el mundo. Es el único ser vivo en la Tauromaquia que siempre es justo con todos. El toro te pone, el toro te quita y si tú solucionas, avanzas o retrocedes en función de lo que hagas. Luego está lo que rodea al toro, que es harina de otro costal.

-¿De un costal chungo?

-Unas veces es chungo y otras es bueno. Depende de cómo te haya ido con el toro. Y según la gente de la que te rodees, es muy importante que te rodees de gente que te quiera y de gente que crea en ti. No todo el que está arriba es mejor que el que no funciona, depende de las circunstancias que te rodean y hacen que sea así…

-Entonces es que no siempre hay justicia.

-Lo que pasa es que a lo mejor tiene unas cualidades que el otro no tiene pero eso no significa que él sea mejor torero. Solo que el día H uno soluciona la cosa mientras a otros les cuesta más trabajo, porque hay toreros, todos sabemos, que cuajan antes que otros y toreros que saben esperar y otros que no superan ese tiempo y se pierden… Y para esos momentos hace falta alguien que crea en ti, eso es clave.

“No me voy frustrado ni amargado. Creo que he hecho algo bonito, que algún renglón en las páginas del toreo sí dejo escrito. Lo que me gustaría es que me recordasen. Caer en el olvido es lo más triste. Igual está feo que lo diga yo, pero creo que voy a ser de los toreros que se engrandezcan con el tiempo”

-Tú en ese aspecto fuiste un hombre de suerte.

-Yo creo que sí. Supe rodearme de gente positiva, de gente buena que me aportaba y yo intentaba sacar lo bueno de todos ellos.

-Prácticamente fuiste torero de un solo apoderado, en tu caso de una pareja de apoderados.

-Pues sí, salvo estos tres últimos años, dos con Marcos y este con Manolo, estuve desde que arranqué con Tornay y Ellauri, estuvimos diecisiete años.

-¿Por qué lo dejaste?

-Quizá porque llegamos a un punto en que más que una relación profesional era una relación familiar. Y en ese tiempo se van minando las relaciones quieras que no, las cosas también dejan de salir como deberían salir y eso genera tirantez, pero no significa que acabásemos de mal rollo, nada de eso, nos seguimos viendo, yo me alegro de sus éxitos y los de sus toreros y les felicito. Y ellos me consta que se han alegrado de mis éxitos cuando han llegado.

-¿La aventura del toreo ha sido como pensabas?

-Qué va, qué va. Como pensaba, no, porque si lo piensas ves lo difícil que es esto, pero como soñaba, sí. Uno tiene muchos sueños cuando comienza y lo bueno en mi caso es que los fui consiguiendo. Primero sueñas con torear el mayor número posible de novilladas, en hacer las cosas lo mejor posible, estar anunciado con los novilleros que están en figura… y todo eso lo logré. Luego soñaba con tomar la alternativa en una plaza que me diese caché y lo hice en Madrid, ¡qué más se puede pedir! Luego con torear con las figuras del momento y también lo conseguí. Llegué a conseguir todos los sueños y eso es muy bonito, eso no está al alcance de cualquiera. Luego, que haya durado más o menos es otra cosa.

-Ha durado, ha durado.

-Muchísimo, pero ha durado lo que debía durar.

-¿Hubo algún secreto?

-Yo pienso que saber esperar. Yo sabía que podía llegar mi oportunidad y esperé. Sabía que era torero de plazas grandes y trabajé y me entregué para ello hasta conseguir hacerlo realidad. Otra cosa importante fue ir poniéndome metas y objetivos cortos. Y una vez conseguidos, ponerme otros.

-¿Tuviste mucho tiempo de espera?

-De novillero, sí. Luego ya no. Tomé la alternativa en el 2000 y estuve dos o tres años toreando ocho o diez corridas de toros que visto desde ahora no está mal, no es fácil que un chico nuevo toree ocho o diez corridas. Nunca estuve parado. Lo que sí es verdad es que un año toreé once corridas de toros y cinco fueron en Las Ventas. Mis comienzos como torero se basaron en Las Ventas.

-Bonito y duro.

-Yo en aquellos momentos no era nada y Madrid no me podía quitar nada, lo único que podía hacer era aportarme. Y yo hacía el paseíllo con esa mentalidad. A la plaza hay que ir siempre con mentalidad ganadora. Nunca fui pensando que Madrid me iba a quitar algo, incluso cuando he sido figura he ido hasta cinco tardes en una temporada. Nunca le dije no a Madrid. Me sentía cómodo, tuve una buena comunión con sus aficionados y siempre acudí pensando que me podía aportar más que quitarme. Cuando cuajaba un toro, el público disfrutaba mucho conmigo y yo disfruté mucho en esa plaza. Disfruté Madrid, sí, una enormidad.

EMPRESARIOS FAVORITOS

-¿El enemigo del torero es el empresario?

-No. El empresario es un componente más de la Tauromaquia, no tiene por qué ser el enemigo. Está el torero, el toro, el empresario y el público. Lo que pasa es que el empresario tiene muchísimo peso. En sus manos está el ponerte a torear o no, el repetirte si triunfas o no, el escuchar al aficionado o no. Puede ser muy aficionado o poco, pero ante todo es empresario y lo que quiere es que la gente vaya a los toros y acaba poniendo al que demanda el público antes que el que gusta a los aficionados. Se debería equilibrar pero en las ferias pequeñas cuesta que encuentren ese punto.

-¿Cuál fue tu empresario favorito?

-Sobre todo la empresa Pagés y Taurodelta. Ellos eran los empresarios de Sevilla y Madrid en mis años clave y esas fueron las plazas que me catapultaron. Ellos apostaron por mí, cierto es que yo también era el torero que les interesaba en aquel momento. Marcaron mi carrera, sobre todo Madrid. El otro día me enteré que entre 2005 y 2015 fui el torero que más veces toreó en Madrid y esa fue la época de Taurodelta.

-Cinco veces cada año siendo figura. Ahora no pasa eso.

-Ahora van una vez, cumplen con Madrid y no les hace falta más. Hay que entender que es una plaza complicada cuando eres figura.

-A pesar de todo, alguna vez incluso aun teniendo en cuenta tu hoja de servicios, si se puede decir así, se te ponían agrios aunque luego volvía el romance.

-Es una plaza muy exigente. Muy complicada, pero al final depende de tu actitud y de la mentalidad con la que acudas. Si vas pensando que es muy complicado o que las cosas no te van a salir bien…, si vas derrotista, sales derrotado. Si te dices, qué difícil es cortar una oreja, no la cortas en la vida. Hay que ir dispuesto y suelto y eso depende de la mente de cada torero.

“Matar seis de Victorino en Bilbao fue una decisión propia. En ese momento mataba lo que quería, donde quería y con quien quería. Venía de ser triunfador en Madrid y en Sevilla, con cuatro puertas del Príncipe ya en lo alto y pensé que debía hacer una gesta y elegí Bilbao y los victorinos”

-Hay que ir con moral.

-Eso.

-Pero la moral es pasta.

-Eso también. Evidentemente. El momento de los toreros hay que aprovecharlo. En los buenos momentos es cuando puedes arreglar tu vida y tu futuro. El empresario existe para dar toros y ganar dinero y el torero se pone delante del toro para triunfar y para ganar dinero. Una cosa lleva a la otra y seguramente no es posible una cosa sin la otra. Cuando no ves dinero, baja la moral y todo va de mal en peor.

-¿Quieres decir que el triunfo sin dinero no es posible?

-Es más difícil, mucho más.

-En esas cuestiones no vamos a decir que te fue muy bien porque está Hacienda por ahí y ya se sabe.

-Hacienda siempre está, ganes o no ganes, está. Es tu socio. Lo bueno es que todos los años haya que pagarle a Hacienda, esa es la mejor señal. Lo malo es que te devuelvan.

-Tú eres del sur, de Sevilla nada menos, pero has sido más un torero del norte.

-Es verdad. Quizá porque me fui de novillero a Madrid y estuve viviendo allí seis años hasta que tomé la alternativa, igual influyó eso. Al principio me costó un poco pero luego me acoplé muy bien y le cogí el rollo a Madrid.

-¿Le cogiste el rollo?

-Sí, pero entrenando y viviendo por y para el toro, que eso, en una ciudad así, no es nada fácil. Viví el toro intensamente.

-Siendo tú de Sevilla... ¿te fuiste huyendo de algo, por no currar, por qué?

-No hombre, no. A mí nunca me dio miedo currar. Ni antes ni ahora. Al contrario. Trabajar es un orgullo, vergüenza son otras cuestiones, robar, por ejemplo. Yo no me fui huyendo, me fui buscando. Las cosas de las novilladas estaban muy mal por aquí abajo y allí había más oportunidades de torear, ese fue el motivo de irme. Después de la alternativa seguí teniendo mucho ambiente por el norte, sí, pero también en el sur.

LAS TARDES CLAVE

-Recordemos las tardes clave de tu carrera. La del lanzamiento, primero.

-El primer toque de atención fuerte fue cuando le corté el rabo al toro de Victorino en Bayona. En septiembre de 2002, creo recordar. Estaba empezando, venía toreando, abriéndome hueco, en Sevilla maté una de Cuadri, en Madrid cuajé el toro Guitarrero de Hernández Plá pero lo pinché, hubo otros buenos éxitos ese año, pero lo de Bayona fue definitivo. Era la primera vez que mataba toros de Victorino y tuve una sensación de entendimiento grande que se prolongó a lo largo del tiempo.

-¿La cumbre fue Bilbao, la tarde de los seis victorinos?

-Desde luego.

-¿Acabaste tan agotado y tan vacío como parecía?

-Sí, sí. Fue una tarde de muchas incidencias, climatológicamente también fue muy dura. Recuerdo que se llevó toda la feria lloviendo y ese fue el único día que no llovió. Estaba nublado, hacía mucho bochorno, perdí mucho líquido, la corrida de Victorino sacó mucha exigencia, era Bilbao…

-¿Dónde estaba el nudo de la cuestión, qué había que desenredar para llegar al triunfo?

-Eran muchas cosas, pero sobre todo mantener a la gente metida en la corrida de principio a fin. Eso, con seis de Victorino que no te dejan prodigarte en quites ni tomarte licencias, es muy difícil, mucho, hay que estar en tensión desde que sale cada toro hasta que lo arrastran, no caben los adornos ni las florituras, solo cabe torearles. Afortunadamente, lo logré.

“Yo me siento orgulloso de que me digan que soy especialista en victorinos. Sé que es una ganadería dura, complicada, con la que llegar a torear con profundidad y largura como he logrado en muchas ocasiones es muy difícil y eso me ha llenado de satisfacción…”

-¿Por qué mataste los seis toros allí, hasta ese momento no era una plaza que se hubiese distinguido especialmente en tu trayectoria?

-Es verdad y por eso mismo. Había estado bien, había cortado alguna oreja pero no había tenido una tarde rotunda como la había tenido en Sevilla y en Madrid y me hacía falta. Era la única de primera que se me resistía y la pedí.

-¿La pediste tú?

-Sí, fue una decisión propia. En ese momento mataba lo que quería, donde quería y con quien quería. Venía de ser triunfador en Madrid y en Sevilla, con cuatro puertas del Príncipe ya en lo alto y pensé que debía hacer una gesta y elegí Bilbao y los victorinos.

El año anterior había matado seis toros también, en Sevilla, en este caso dos de Victorino, dos de Zalduendo y dos de Pereda, en otra tarde para el recuerdo en la que acabó abriendo la Puerta del Príncipe nada menos. Lo de Bilbao, recuerda, fue una decisión muy consensuada con sus apoderados, el invierno anterior en Salamanca. Cenando un día de tentadero lo plantearon y no tuvieron duda.

-Coincidimos que había que hacer algo importante y vimos que Bilbao era la plaza y Victorino, la ganadería, no podía ser menos. Tú te anuncias con una de Victorino y salga como salga, eso ya es un plus. Lo vimos claro, se lo propusimos a la empresa y a la Junta y no hubo problema. Lo vieron con buenos ojos desde el principio.

Le pregunto si alguna vez se ha lamentado y se ha dicho: ¡Mira que especializarme con victorinos!, podrían haberme especializado en juampedros, y suelta una carcajada antes de responder.

-Yo me siento orgulloso de que me digan que soy especialista en victorinos. Sé que es una ganadería dura, complicada, con la que llegar a torear con profundidad y largura como he logrado hacerlo en muchas ocasiones es muy difícil y eso me ha llenado de satisfacción. Es un sello que no me molesta. Además, demostré…

-¿Qué?... hace una pausa antes de continuar.

-Además demostré que a un toro de Victorino se le podía torear así. Marqué un antes y un después en la forma de torearlos. Hasta entonces los planteamientos eran totalmente distintos y la gente se dio cuenta de que esos toros también se desplazaban e iban largos, que no todos se quedaban en las zapatillas ni eran malos toros ni alimañas.

“Además marqué un antes y un después en la forma de torearlos. La gente se dio cuenta de que esos toros también se desplazaban e iban largos, que no todos se quedaban en las zapatillas ni todos eran malos y alimañas”

-Entendido.

-En 2004 llegué a matar catorce corridas de Victorino, la camada entera con la excepción de una corrida que mató Fernández Meca en Mont de Marsan. Fue mi herramienta en aquel momento para entrar en las grandes ferias. Lo hice sabiendo que yo no era un torero de victorinos en el sentido que se tenía entonces de eso, que lo mismo cuajaba uno de ese hierro que uno de Juan Pedro o de Cuvillo.

-Sí, pero insistías con Victorino.

-Porque en ocasiones lo que tú vendes es lo que la gente quiere ver de ti y la gente entonces quería ver mi mano izquierda delante de un toro de ese hierro, pero también demostré que cuando me embestía uno de un hierro más comercial también lo hacía. Fui un poco pionero en empezar con corridas duras y lograr salirme de esas corridas. Eso no todos lo logran.

-¿Cómo lo lograste, cuál fue el secreto?

-Mi forma de torear, no le envidiaba nada a los que toreaban ese tipo de corridas y lo demostré.

-Hablaban de tu mano izquierda, tú también has presumido de ella en esta charla. ¿Era tan buena como decían?

-No lo sé. Lo que es verdad es que lo hacía como lo sentía y lo sigo haciendo. Me gusta la naturalidad de la mano izquierda, me gusta el vuelo de la muleta con la izquierda, igual porque soy zurdo y se me da mejor la mano izquierda que la diestra e influye de la misma manera que por ese motivo he pinchado muchos toros.

-Vaya cruz, la espada.

-Esa fue mi asignatura pendiente. Entrené mucho pero siendo zurdo siempre me faltó confianza. Al revés sería lo mismo, tú pones a un diestro a lavarse los dientes mismamente con la zurda y verás lo incómodo que se siente. Es muy complicado.

-Y si hubieses entrado a matar con la zurda…

-Pues a lo mejor, en lugar de dos puertas grandes en Madrid tendría catorce. Y podría decir lo mismo de otras plazas en las que pinché muchos toros de dos orejas, muchos.

-Pagaste cara esa factura.

-Ya ves.

-No hemos hablado del valor. Para matar esas corridas de Victorino, digo yo que hace falta mucho valor y no lo hemos mentado.

-Yo tenía el justo para estar delante. El valor de los toreros es efímero, lo que siempre te acompaña es el miedo.

-Cuéntame eso.

-Tiendes a proteger tu cuerpo, no te gusta que te hagan daño y sabes que el toro, si te coge, te hace mucho daño. Para sobreponerte te tienes que valer de una técnica, de un arte, de un poder… de varias cosas que te permitan superar esa sensación natural y quedarte quieto, llevar y traer al toro, pasártelo cerca, aguantarle las miradas que el público no ve pero tu sí… eso es el valor. El valor lo da también la moral, si estás en buen momento, tienes más valor que cuando no estás en buen momento, porque el cuerpo siempre es el mismo.

-Si te pasa todo eso por la mente estando delante del toro, la hemos jorobado.

-Está claro, en la cara del toro solo hay que pensar en pegarle pases, disfrutar y hacer disfrutar. Esto es una profesión de emociones fuertes y hay días que salen y días que no. Las tardes buenas se cuentan con los dedos de las manos. Y no todas las tardes de cortar muchas orejas son las mejores. Las emociones y el toreo están por encima de eso.

-Ya, pero en esta misma entrevista hemos lamentado las veces que no has abierto la puerta grande de Madrid por no cortar las orejas.

-Sí, pero por no haber podido rematar la obra, pero sí hemos recordado lo que hice esas tardes.

-¿Te queda algo por hacer?

-En el toreo todo lo que pasó por mi mente llegué a hacerlo. Ahora lo que tengo en la mente es hacer un año bonito, disfrutar. La presión cero, el no tener que ganarme la feria siguiente, me va a ayudar mucho. La presión te quita posibilidades.

-Eso se puede entender como que…

-Que no se entienda mal, voy con el pie a fondo. Voy con la intención de irme en triunfador. Yo soy una persona muy competitiva.

-¿Quieres torear mucho?

-De treinta a cuarenta corridas.

-Pues la mejor de las suertes. Se te recordará como a ti te gusta.

Fotos: ARJONA