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La página de Manolo Molés

Marcar la diferencia

Tengo la buena sensación de que es el primer invierno en el que los taurinos no han copiado a la marmota y han estado despiertos, o dormidos pero con un ojo abierto. Eso es bueno. Hemos perdido muchos inviernos para la reflexión, y de ahí el largo estancamiento de la Fiesta. Sin embargo, ahora, Victorino me parece que en muchas cosas es el motor que hacía falta. Y tiene una dualidad curiosa. Una: mantener la ganadería como hizo quien fue todo un personaje, su padre, que, crió al tiempo el toro bravo y bueno en convivencia con el toro cabrón, que, o te llevaba de cabeza o te mandaba a la enfermería o al paro. No es fácil que el hijo mantenga esa gran altura ganadera. No es fácil pero es cierto. Hace poco, en el escenario de lo que fue la plaza de Vistalegre, le echó a Manuel Jesús “El Cid” un victorino de ensueño y a Emilio de Justo la otra cara de la moneda: la alimaña imposible, que, sin embargo, solucionó este torero con gallardía, cabeza, bragueta y torería.

Victorino no solo se maneja bien en el campo. Sino también en la moqueta de los despachos. Está haciendo un trabajo nada fácil pero necesario. Abrir Cataluña, abrir las puertas de los políticos, abrir futuro en lugar de achicar la esperanza. El padre fue un genio. El hijo sigue sus pasos pero con el temple de los nuevos tiempos.

EN SEVILLA CUAJA EL BRILLO DE LAS FIGURAS... MADRID ES OTRA COSA

Otra cosa que llama la atención es lo rápido que se han publicado los carteles de muchas ferias españolas, un poco al estilo francés. Aunque ahí cambia algo. En Francia, primero escogen, compran y reseñan los toros y luego calibran con qué toreros. A Simón hay gente que lo mide solo por sus “inventos” pero eso no sería toda la verdad. Luego, acertará o no, pero es de los poquitos que no juega al sota, caballo y rey sino que le busca las vueltas a un mejor espectáculo, con menos rutina y repetición y con atractivo para el aficionado. Y Madrid necesita ese movimiento y no estancarse. En Sevilla tú haces, o repites, la feria de las figuras, con el mismo ganado de años, y ese brillo cuadra y cuaja. Madrid es otra historia. Una plaza en donde el toro importa, y mucho, y donde se respeta a la figura si está en figura, pero se tiene buen olfato para ver qué toreros no catalogados como figuras torean como es el toreo; y por eso de esta plaza han salido catapultados a la gloria de las ferias, para no ir muy lejos: a los Rincón, Ortega Cano, Paco Ojeda, al fin a Dámaso González, aquel zambombazo de Julito Aparicio, ese trienio irrepetible de José Tomás y una larga historia de toreros que Madrid ensalzó; aunque también, al lado, había tumbas de los que no pasaron el examen venteño. Madrid es el examen que te da contratos y dinero además de categoría o que te quita la cabeza si no apruebas el examen. Solo Madrid, con el apoyo de otros éxitos, ha logrado que ahora hablemos, aparte de las figuras, de Emilio de Justo, de Ureña, de Urdiales, de Octavio Chacón, de una generación de toreros que hasta hace poco solo comían en la mesa de la cocina y no en la del salón de los ricos.

Mi respeto a Roca Rey, siendo el que más fuerza tiene, el que más gente lleva y más dinero gana, dijo: “Mi carrera la decido yo”, y ha hecho como los toreros antiguos. Le tocaron los “grises” de Adolfo Martín. Si repasas la historia verás que “las figuras siempre apostaron cuando había que marcar la diferencia”. Y Roca lo hizo

Por cierto, hay un “rico” que se lo ha ganado rompiendo todos los récords y batiendo hasta el efecto de la gravedad del paso de los años. Y ese es, naturalmente, Enrique Ponce. Acaba de emocionar a la afición de la Santamaría de Bogotá, la plaza más “madrileña” de América. Lluvia, casi lleno, tres orejas y por la puerta grande. Lo de Ponce es para echarle de comer aparte. Ha pasado ya de los cinco mil toros, cinco mil. El siguiente lleva la mitad y en toda la historia nadie alcanzó, y menos con tanta frescura, los niveles del valenciano.

Pero la vida es una tómbola. ¿Os acordáis de aquel año que unas cuantas figuras hicieron el boicot a Sevilla? Más de tres mil abonos se perdieron. Y aquello no fue Hiroshima porque hubo gente responsable como Espartaco, que estaba ya retirado y volvió para triunfar el Domingo de Resurrección, o figuras como Ponce, herido en las Fallas de Valencia, una de las pocas cornadas fuertes de su carrera, que hizo lo que tenía que hacer: “Ir a Sevilla”. Y este año, ya nos enteraremos del porqué, no está en los carteles de la Real Maestranza.

ESTE AÑO HAY MOVIMIENTO Y ESO SUPONE QUE HAY VIDA E INTERÉS

He dicho mil veces que me gustan “los creadores”, cualquiera que sea su oficio. Ahí está el ejemplo de la Olivenza de Cutiño, una feria que apenas existía y que con el apoyo de Espartaco fue creciendo y ahora es la feria, con figuras y noveles, que abre la temporada y atrae a aficionados de Madrid y, lógicamente, de la Extremadura cada vez más taurina y más cuajada de ganaderías. Por este orden: Olivenza, Valencia, Castellón, Sevilla y Madrid van a decidir en menos de tres meses cuál es el futuro y quiénes ascienden a la gloria, o la mantienen, y quiénes descienden a lo que Chenel llamaba “banquillo”. Pero este año, aleluya, hay movimiento. Y eso supone que hay vida e interés. Y con acompañamiento de bombo para que no se duerma nadie.

No me gusta no ver a Curro Díaz ni en Castellón ni en Valencia ni en Sevilla. Supongo que Madrid no le volverá la cara porque hablamos de un torero de culto y de los que atesoran eso de ser “distintos”. El bombo te habrá gustado o no, pero vamos a ver en Madrid corridas tradicionalmente de figuras con toreros que nunca las cataron. Mi respeto a Roca Rey, siendo el que más fuerza tiene, el que más gente lleva y más dinero gana, dijo: “Mi carrera la decido yo”, y ha hecho como los toreros antiguos. Le tocaron los “grises” de Adolfo Martín. Si repasas la historia verás que “las figuras siempre apostaron cuando había que marcar la diferencia”. Y Roca lo hizo.