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La página de Manolo Molés

El de Ronda tenía razón

Nunca mayo fue tan taurino. Este año se abrazan Sevilla y Madrid en el periplo más longevo si miras los calendarios. Sevilla arranca el 1 de mayo, pese a llamarse la Feria de Abril, y acaba el domingo 12 con los miuras. Dos días de respiro y el 14, víspera del santo patrón, o sea, San Isidro, se pone en marcha la enorme máquina de Las Ventas con 34 festejos 34, sin un solo día de descanso hasta desembocar en el domingo 16 de junio. Y está claro algo: los que salgan triunfantes de Sevilla y Madrid tienen pasaporte para el futuro; y los que no puntúen en la Maestranza y en Las Ventas van a tener problemas para escalar la muralla de la temporada.

La feria de Sevilla viste el mismo traje de los últimos años: figuras, ganaderías de embestida suave (por lo general), alguna oportunidad para los nuevos valores y dos puertos de montaña ya clásicos. El puerto de victorinos y el de miuras, donde hay que ser un buen escalador. La pena de la Maestranza fue aquel año del boicot de las figuras que se llevó por delante más de tres mil abonos que nunca más volverán. Aquello fue tocata y fuga y una putada para la empresa. Y una oportunidad para que demasiada gente abdicara del abono que primero fue un lujo, y una alegría, y acabó siendo una rémora a la que le bastó ese motín para guardarse la pasta o para dedicarla a otros fastos.

Aquel año terrible de la diáspora sucedieron, sin embargo, dos cosas dignas de recuerdo y gratitud. Ante aquel agobio, la empresa llamó a Espartaco, felizmente retirado, para darle lustre al cartel del Domingo de Resurrección ante la baja de tanta figura. El torero retirado y yo estábamos en Ronda dando unas charlas. Le llamaron por teléfono para que volviera y le cambió el color. Tardó solo dos minutos en decirme: “Manolo, si Sevilla me necesita, yo debo ir, a ver si me preparo bien, pero esa plaza me lo dio todo, me lanzó cuando ya quería quitarme porque no veía futuro…”. Y Espartaco volvió, toreó y triunfó. Otro que también hay que anotarlo porque ante la espantada tuvo el gesto de ir a la feria fue, y es, Enrique Ponce. Recuerden algo que le da todavía más mérito a Enrique. Ese abril contó con el torero ante la espantá y poco antes, en las Fallas, Ponce recibió una de las cornadas más serias de su carrera. Tenía motivos para sumarse a los disidentes. Y no lo hizo. Es más, aunque no recuperado del todo, el de Chiva fue y se entregó en Sevilla; y fue y se entregó en San Isidro. Pero ese año lamentablemente hubo mucho abonado que aprovechó las bajas para obviar el abono maestrante.

Una vez le pregunté al maestro Ordóñez qué diferencia hay entre la Maestranza y Las Ventas. Me respondió: “Sevilla da categoría y Madrid te da contratos y dinero”. Sabias palabras. Y clarificadoras

Pero Sevilla debe recuperar su esplendor. Feria torerista, manojos de figura y ya solo dependemos del toro. Y qué diferentes (qué bueno que cada una tenga su personalidad) que son: la Maestranza y Las Ventas. Si sacamos consecuencias y posibilidades de la historia, está claro que Juan Belmonte defendería, lo hizo, la Maestranza, y Joselito, lo hizo y se la derribaron, optaría por la Monumental. Tan cercanos y tan diferentes. Belmonte cambió el toreo, sí. Y José le preparó el futuro. Si uniéramos a los dos, aparecería el toreo perfecto, moderno e insuperable. Con ellos acabó una etapa y empezó otra, la del retorno de Juan años después de guardar luto, y traje de luces, por la muerte de José. Juan volvió pasado el luto cuando un tal Pagés, que organizaba espectáculos cómicos, le hizo una oferta de retorno muy por encima de lo que Juan había ganado en su época de esplendor. Y llegó la década de los treinta donde dicen que mandaba el toro y el ganadero. Lejos nos pilla para opinar. Pero con aquel toro, dicen que muy serio, destacaron toreros tan poderosos como Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Manuel Jiménez Chicuelo, El Estudiante, Armillita y Manuel Mejías, porque siempre hubo un Bienvenida en la historia y crecimiento de la Fiesta. Época de la República que se tropezaría con la guerra del 36 y aquella tragedia fue humana y ganadera. Por eso el toro de los cuarenta, con Manolete al frente, tenía poca edad y escaso trapío. Lo que quedaba de la guerra y las ganaderías, del hambre y el odio. Todos esos años que no conocimos sumaron además muchas muertes, aunque la penicilina se descubrió en el verano de 1928 por el bacteriólogo británico y Premio Nobel Alexander Fleming, al que pueden recordar en la estatua que se levantó junto a la plaza de toros de Madrid.

UNA COSA CLARA: EN LAS DOS FERIAS HABRÁ ASCENSOS Y CAÍDAS

Ahí está, sí, la Puerta de Alcalá y el mes y medio más intenso en la unión de las ferias de Sevilla y Madrid. Una vez le pregunté al maestro Antonio Ordóñez, un personaje complejo y muy interesante para el periodista: ¿Qué diferencia hay entre la Maestranza y Las Ventas? Y su respuesta fue así: “Sevilla da categoría si triunfas y Madrid, si triunfas, te da contratos y dinero”. Sabias palabras del rondeño. Y clarificadoras. Y tal vez siga siendo así.

Lo que está claro es que tras las dos ferias habrá ascensos y habrá caídas. Y lo que hace falta es que haya toros. Roca Rey seguirá peleando por su indiscutible reinado, te guste más o te guste menos, es el que llena, triunfa y ha removido la atonía hasta convertirla en emoción y competencia. Sevilla se llenará de figuras y ofrecerá pocos cambios. Hay un gesto, el de Castella apuntándose a los miuras. La diferencia con Madrid es que Las Ventas abre futuro a muchos toreros. La renovación está en la isidrada. Y algo más que es vital. Madrid da sitio a toreros que vienen de abajo y valen. Y recupera ganaderías como La Quinta, El Tajo y La Reina, Conde de Mayalde, Pedraza de Yeltes, Las Ramblas, Baltasar Ibán, Valdellán, Cuadri y otras que si no fuera por Madrid, y por Francia, apenas existirían. El maestro de Ronda tenía razón: Sevilla da categoría y Madrid, contratos. Acertó Antonio Ordóñez.