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La revolera

El toreo eterno se revaloriza

La aficion al toreo va renovando sus gustos y preferencias en la medida que se rejuvenecen los tendidos. De tal manera que, en el serial de Fallas de Valencia y en el de La Magdalena de Castellón cientos de nuevos aficionados han quedado subyugados por la armonía, la elegancia y torería de un Finito de Córdoba con más de dos décadas de alternativa. Juan Serrano Pineda, sin cortar orejas por culpa de la espada, ha sido la sorpresa de ambos ciclos. Ello, pese a que ha entrado en los carteles por la vía de la sustitución de la mano de Simón Casas y de Toño Matilla. Y es que el toreo de siempre el llamado “toreo eterno”, que, salvo casos excepcionales como los de Morante y Manzanares, es un bien escaso en el toreo actual, sabe a algo nuevo por desconocido para muchos. Algo se mueve en los tendidos, hartos del sota caballo y rey de tanto pegapases sin el mínimo aroma. Por eso ha sorprendido el Fino como vienen sorprendiendo el extremeño Ferrera, el recio y soberano trazo de Curro Díaz y el académico clasicismo de Diego Urdiales. Y digo que algo se está moviendo, porque un amplio sector de público se enardece cada día menos con los arrimones y la cantidad desorbitada de pases sin olor color ni sabor, para emocionarse, y por eso se pone en píe y se echa las manos a la cabeza, cuando un torero se desenvuelve con ese regusto añejo del toreo de verdad, que nos hace recordar que la lidia del toro es un arte y no una lucha de gladiadores frente a leones encornados. Valencia y Castellón han entreabierto una puerta a la esperanza de la vuelta a la emoción estética y al respeto a la sabiduría torera. Ahora solo hace falta que también las empresas se percaten de que el arte, la torería y la sapiencia comienza a cotizar a la alza, y abran sus carteles a esos grandes toreros que están minusvalorados y ensombrecidos por un espectáculo en el que muchas tardes la emoción artística brilla por su ausencia. Es bueno para la Fiesta que surjan ídolos que apasionen por su juvenil entrega y proyección, como Roca Rey y en otros tiempos los Litri, Cordobés y José Tomas, pero “el toreo eterno” debe ser tenido mucho más en cuenta de lo que se ha venido haciendo durante tantos años en los que primaba el “a sangre y fuego” sin ton ni son. Si, ya sabemos que ha sido el signo de los tiempos. Pero también los tiempos cambian. Y a veces para mejor.