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La Revolera

¡En periodo electoral, todos taurinos!

¡Cómo se nota que el próximo día 28 el resultado electoral se presenta realmente complicado! De ahí que la clase política se desviva en gestos de amor a la Fiesta. Cualquier voto que caiga en las urnas, bienvenido sea, venga de donde venga. Ahora nadie está en contra del toreo, salvo ese padre amantísimo de chalé con jardín y piscina, que les ha salido a los más desfavorecidos por la fortuna, que sigue promoviendo un referéndum “toros, sí o toros, no”. Merecería que le hicieran caso para que se enterara de una vez por todas lo poco que conoce al país que pretende gobernar...

La Asociación Taurina Parlamentaria ha entregado sus premios y entre los políticos asistentes al acto destacan dos que jamás negaron su aficion al arte de Cúchares: el presidente del Senado, Pío García Escudero, y la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Estos dos políticos, de tan distinto y distante pensamiento ideológico, jamás desmintieron su apuesta por el toreo. Escudero es un habitual de Las Ventas y no solo en “las corridas del clavel” sino también en las ocasiones en las que solo suelen asistir los buenos aficionados. Y a la señora Calvo la he visto muchas veces en plazas de Andalucía y sobre todo en la de Cabra, su ciudad natal. Y eso, cuando ha tenido cargo importante y cuando no ha estado en la pomada. Un respeto para ambos.

Todos los premios muy acertados, pero sobre todo el concedido a esa gran familia de los Lozano, que lleva tantos años entregada a la Tauromaquia como apoderados, ganaderos y empresarios, y en la que ha habido, teniendo en cuenta a la segunda generación, tres matadores de toros: Pablo, que pasará a la historia del toreo como “La muleta de Castilla”, Manolo -que tomó la alternativa en Melilla y después, como diría el clásico, fuese y no hubo nada- y Fernando, hijo de Pablo. También José Luis -que sabe de toros, de toreros y del negocio taurino más que la paloma azul que diría el “divino calvo”-, fue novillero con cierto ambiente y el sobrino Luisma, que se despidió del toreo como novillero en Las Ventas y ahora apoderado es el legítimo heredero de sus tíos Eduardo y José Luis, que a la chita callando son dos compendios de sabiduría taurina. Luisma y sus hermanos Pablo y Fernando son el relevo que garantiza que la saga de los Lozano tiene cuerda para rato. ¿Merecía la familia la distinción senatorial?

Esperemos que este movimiento actual de los políticos en favor de la Fiesta Brava continúe después de la confrontación electoral. Y que no se deba solo a que se hayan persuadido de que el antitaurinismo les puede restar votos. Ya digo, en el caso del señor Escudero y la señora Calvo, tengo para mí que no hay lugar a la sospecha.