www.aplausos.es

GANADERÍA.- TOROS DE EL TORERO

Toros del torero... y del aficionado
Ampliar
(Foto: Arjona)

Toros del torero... y del aficionado

Viajamos hasta la finca Las Salinas de Hortales, en El Bosque (Cádiz), y conocemos cómo es la corrida preparada para este domingo en Madrid, que estoquearán David Galván, Juan Ortega y Pablo Aguado

lunes 15 de abril de 2019, 18:13h

A pesar del levante que ha causado estragos en los campos, en Las Salinas de Hortales surcan vientos felices. No es para menos viendo el excelente juego que dieron los primeros ejemplares de la temporada que salieron rumbo a las plazas de toros. De donde, el pasado 24 de marzo, volvió Toledano tras ganarse la vida en el ruedo de Morón de la Frontera. “Tuvo algo muy bueno y es que fue a más. Que es lo primordial en un toro porque cinco o seis muletazos los puede tener cualquiera, pero lo importante es que vaya a más, que es lo que busca la ganadera”.

Quien así habla es Manolo Serván, mayoral de Toros de El Torero. El hierro que en 2002 heredó Lola Domecq Sainz de Rozas de su padre, el recordado don Salvador Domecq y Díez. Y que no solo ha sabido mantener sino que ha perpetuado gracias a la enorme afición que le fue legada y que junto con Tomás León, su esposo, se encarga de continuar con éxito temporada tras temporada.

“La corrida de Madrid es cinqueña y hay toros con muy buenas hechuras. En esta ganadería, que es muy baja y sin mucha caja, si queremos lidiar en plazas de primera tiene que ser así porque de lo contrario te sales de tipo y ya no es lo tuyo”

Los resultados hablan por sí solos. Para muestra el inicio de la actual: “Por ahora llevamos lidiados un festival en La Campana en el que hubo un novillo con mucha clase y dos con más bravura, además de otro que se dejó. Y la corrida de Morón de la Frontera que ha sido muy importante. Me gustaron mucho tres toros. El de Jesulín tuvo más clase y los otros más en bravo. El quinto, el de Cayetano, me encantó. Le dieron la vuelta al ruedo”. Y Toledano, el indultado, del que Serván nos dice: “Está perfecto. Tiene un puyazo hondo, pero lo tiene en todo el medio y le está sanando bien. Pablo Aguado estuvo cumbre con él. Me encantó cómo lo toreó”.

Ponemos el acento en ese matiz último que ha comentado y agrega: “Esa es la base de todo esto, que el torero sepa decirle al público esto está aquí. Con un toro bravo el torero tiene que estar en su sitio y Pablo no solo lo estuvo sino que hizo una faena para el recuerdo”.

“Me encanta el cartel del Domingo de Resurrección en Las Ventas, son tres chavales nuevos y eso hace mucha falta ahora mismo, que haya chavales que arreen y salgan en Madrid a por todas”

A buen seguro que el torero sevillano ya sueña con nuevas embestidas como las de Toledano para su inminente cita del Domingo de Resurrección en Las Ventas, a donde volverán los toros de El Torero tras el éxito de hace un año cuando al sexto, de nombre Viscoso, le concedieron el honor póstumo de la vuelta al ruedo tras cortarle las dos orejas Álvaro Lorenzo. “Aquel toro tuvo cosas muy buenas. Álvaro Lorenzo lo entendió muy bien. Le dio sitio. Era de una reata muy buena. Estamos hablando de una vuelta al ruedo en Madrid, que no es un pueblo cualquiera”, recuerda Manolo.

Toca hablar de los de este año. A pesar de que Serván se muestra algo reacio cuando sacamos el tema: “A mí no me gusta contar nada. La primera vez que fui con una corrida de toros fue en Albacete, tendría diecisiete años o así, y me dijo don Salvador: Niño, a quien te preguntes, tú no le digas nada, ríe con picardía para acto seguido añadir: “Es cinqueña y hay toros con muy buenas hechuras. Pero hasta que no termine la corrida no se sabe qué es lo que va a pasar”.

Manolo es un hombre afable y buen conversador. Hombre de campo con los que gusta hablar de aquello que más ama: el toro. Nos conduce hasta el cerrado en el que descansa la corrida. Sabe mejor que nadie que no hay mejor palabra que una buena imagen y por eso, mientras Agustín Arjona hilvana una tanda de ráfagas, guarda silencio a la espera de que seamos nosotros quienes hablemos de los toros reseñados. Corrida en el tipo de la casa, con el trapío que demanda la primera plaza del mundo, armónica, bien hecha, con cara. Toda ella cinqueña. “En esta ganadería, que es muy baja y sin mucha caja, si queremos lidiar en plazas de primera tiene que ser así porque de lo contrario te sales de tipo y ya no es lo tuyo. Por eso solemos dejar una corrida para cinqueños”, apostilla mientras repasa los astados con la mirada.

“Si los dos cónyuges tienen mucho temperamento, mala cosa porque acaban separándose. En esto pasa igual. Hay que casar bien los sementales con las hembras para que liguen bien. Eso no es fácil”

¿El manejo de este tipo de corridas difiere de las otras o todas son iguales a la hora de manejarse?, preguntamos: “Igual, igual -ataja con prontitud-. “No soy partidario de correr mucho a los toros. Los sacamos al paso y si ellos quieren correr que corran”, precisa con la sabiduría que aporta la experiencia ganada con los años.

El encierro reseñado para Resurrección en Las Ventas sestea en espera del día crucial, que será este 21 de abril. Enfrente tendrá una terna compuesta por David Galván, Juan Ortega y Pablo Aguado. Cartel que ha levantado gran interés entre los aficionados que gustan del toreo clásico. Serván comparte esa expectación: “A mí también me encanta porque son tres chavales nuevos y eso hace mucha falta ahora mismo, que haya chavales que arreen y salgan en Madrid a por todas”.

Madrid centra la conversación. Por eso se suceden los recuerdos de tardes y toros importantes. A Viscoso, lidiado el año pasado, se le añaden otros nombres: “Lenguadito fue un toro cumbre”. Se refiere al sobrero lidiado por Sebastián Castella en la tarde del 23 de mayo de 2015, que embistió con gran clase y repitiendo con humillación una y otra vez en la muleta del francés. “Ojibello también dejó en alto el pabellón de la casa al año siguiente, Paco Ureña le cortó una oreja que podrían haber sido dos si lo mata a la primera. Aquel tuvo mucha nobleza y prontitud a pesar de que el ruedo estaba empapado de lo que llovió esa tarde”, recuerda.

“Tenemos trescientas vacas y no nos damos ningún tipo de coba. Estamos incluso quitando de las de por detrás cuando las nuevas superan en nota a las otras. Fíjese que de la partición no quedan ya vacas viejas”

Continuando con los recuerdos evocamos la corrida de la temporada anterior en la que Juan José Padilla se despidió de la afición de Sanlúcar de Barrameda y en la que ese toro de la despedida estuvo a la altura de la efeméride al punto de ser premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre: “Otro toro muy bueno. Esa tarde salieron tres de muchas garantías”, matiza.

Lo que nos lleva a interpelar a la regularidad como principal garantía de esta divisa gaditana. Algo nada fácil en algo tan volátil como es la crianza de bravo: “Sí, porque te sale el bravo y el que tiene más bondad. Pero hay que tener de ambos”, puntualiza Manolo.

¿Y eso cómo se consigue?, preguntamos expectantes: “El secreto es la selección. Lo bravo con lo bravo no casa bien”. Para dotar a sus palabras de un argumento práctico recurre a un ejemplo tan sencillo como el del matrimonio y entre risas comenta: “Si los dos cónyuges tienen mucho temperamento, mala cosa porque acaban separándose. En esto pasa igual. Hay que casar bien los sementales con las hembras para que liguen bien. Eso no es fácil. Porque si a un toro con mucha raza o muy bravo le echas vacas muy bravas, provoca un choque muy grande que al final deriva en genio. Por eso es tan difícil ser ganadero. Hay que saber dosificar esa bravura con algo más suave”.

Tarea nada sencilla como ha explicado nuestro protagonista y que requiere de grandes dosis de conocimiento y sentido común. “Al hacer los lotes además de abrir las líneas tienes que ir calibrando esto que le digo. Eso siempre es más fácil cuando se conoce bien la ganadería, como ocurre en esta casa”, puntualiza.

De eso, de conocer perfectamente los mimbres que hay en Las Salinas de Hortales, sabe Manolo para escribir tres tratados. Por eso, Lola Domecq, la ganadera, confía ciegamente en él a la hora de sentarse juntos a decidir qué semental echan a cada lote de vacas. Decisión que hay que meditar sabiamente y con depurada delicadeza para que la regularidad se mantenga temporada tras temporada. “Nos entendemos muy bien porque nos conocemos desde chicos. A ella le gusta mucho lo bravo porque ha salido a su padre. Es igual que él, no se da coba con nadie. Con el ganado bravo no te puedes dar coba nunca porque entonces el que te estás engañando eres tú”.

¿Que les guste mucho lo bravo ha podido ser un hándicap a la hora de posicionar a la ganadería en un lugar más destacado con respecto a las peticiones de corridas por parte de las figuras? “Sí, claro, porque con lo bravo hacen falta pulmones, pero es lo que da afición y lo que al final demanda el público. Ahora mismo hay muchos toreros a los que le gusta lo bravo. Un toro que humille y se rebose por abajo aunque sea bravo no hace daño”, apostilla convencido.

Tercera generación de mayorales

Se puede decir que a Manolo Serván le salieron los dientes de leche entre toros y más concretamente entre los de esta sangre. La suya es la tercera generación que está en casa de don Salvador Domecq al cargo de todo lo relativo al bravo. “Me crié en Jandilla, allí fui hasta a la escuela. Me siento muy orgulloso de haber dedicado toda mi vida a esta casa que es muy importante aunque haya gente que no lo crea”. En la voz de Manolo hay máxima sinceridad, también cuando añade que le duelen los ataques que sufren los ganaderos que crían encaste Domecq: “Hay un dicho que dice que lo bueno le gusta a todo el mundo. Y si los toreros lo piden será por algo. Eso no quita que haya que respetar a todos los ganaderos y lidiar todas las ganaderías, eso por supuesto. Porque ser ganadero es un mérito y no todos los encastes son iguales y hay que ensalzar a estos y a los públicos que les gustan esos toros”. Si él representa a la tercera generación, la cuarta está en camino: “Tengo un niño y una niña que también tienen afición para regalar. A ver si Dios quiere y continúan la senda”. Que así sea.

De siempre se ha dicho que todos aquellos ganaderos que tenían sangre del encaste bodeguero y necesitaban motor y transmisión acudían a la fuente que crease don Salvador para llenar sus cántaras. Manolo confirma el aserto: “Sí, eso se ha dicho siempre y la verdad es que es así. Desde los tiempos de Jandilla, los ganaderos siempre recurrieron a don Salvador para proveerse de eso que comenta y en el caso de doña Lola, también. Lo que pasa es que ella es más dura para vender”, matiza. Toca formular la reflexión a la inversa. “En nuestro caso por ahora no ha sido necesario ir a ningún sitio porque tenemos siete líneas y jugamos con ellas”.

Siete líneas que aportan toros con características muy definidas: “Yo soy un enamorado de las hechuras”, confiesa Manolo. Y añade: “Pero también entiendo que no te puedes ir solo a las hechuras del tirón porque debes mantener la línea”.

Hechuras y juego suelen ir de la mano. De eso conoce bastante este versado hombre de campo que nos habla con pasión de vacas y sementales: “Tenemos trescientas vacas y no nos damos ningún tipo de coba. Es que no nos la podemos dar -recalca- porque estamos incluso quitando de las de por detrás cuando las nuevas superan en nota a las otras. Fíjese que de la partición no quedan ya vacas viejas”, precisa. En cuanto a los raceadores agrega: “Tenemos veintidós”.

“Cuando hay un toro que da bien nos gusta tener cuatro hijos en reserva porque te pasa cualquier cosa con ese animal y te quedas desarbolado, de esa manera siempre hay donde tirar”

Conforme se desarrolla la charla Manolo se va abriendo más a las confidencias. De esa manera nos relata lo siguiente en cuanto al tema de los sementales: “Los nuevos los echamos en varias líneas el primer año para ver cómo ligan y así nos vamos orientando. Y cuando hay un toro que da bien nos gusta tener cuatro hijos en reserva porque te pasa cualquier cosa con ese animal y te quedas desarbolado, de esa manera siempre hay donde tirar”.

Una vez más la palabra paciencia sale a colación en el campo. Algo que en estos tiempos de tantas prisas es casi contra natura, pero que en las dehesas de bravo nunca pasa de moda: “Esto es muy lento, pero tiene que ser así porque de lo contrario te sales del tiesto y cualquier error cuesta luego unos pocos años poder corregirlo. Por eso nosotros lidiamos mucho de erales para ir orientándonos de los productos. Así vas viendo machos y no solo hembras en tentaderos”.

Tentaderos que en esta casa tienen fama de mucha dureza como confirma el mayoral: “En el caballo las vacas tienen que ir de punta a punta de ocho a diez veces con sus consiguientes puyazos. En ocasiones le digo a doña Lola: Jefa, que se mata en el caballo. Y ni por esas, a ponerla otra vez -ríe-. Además que las vacas las tentamos gordas para que tengan poder y aguanten el esfuerzo que se les pide”. En ello están en estos días primaverales. Aún quedan becerras que pasar tan estricto fielato en Las Salinas de Hortales, a los pies de la Sierra de Grazalema. Vacas que serán las futuras madres de toros con marca propia de bravura.

Madrid, Nimes y ¡Cenicientos!

“Tenemos seis corridas de toros, pero vamos a dejar una para lidiarla de cinqueña el año próximo, para el que tendremos nueve corridas. Las de esta temporada, además de la que ya se ha lidiado en Morón, van a Madrid, Nimes y Cenicientos. Para mí es un orgullo ir a esa plaza porque es un público que te pide el toro bravo y exigente. Queda otra aún por colocar, podía estar ya colocada, pero hay que pagar el pienso”, dice con una sonrisa pícara. “No tenemos bulla por lidiarla porque sabemos que al final se acabará vendiendo”.

Fotos: ARJONA