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REAPARECE ESTE DOMINGO EN ARLES

La resurrección de Chamaco
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(Foto: Arjona)

La resurrección de Chamaco

“Yo no he buscado este retorno, esa es la realidad. Han ido coincidiendo, fluyendo y encadenándose tantas cosas que parece que sea el destino quien me lo haya puesto delante”

lunes 15 de abril de 2019, 18:54h

Chamaco vuelve a los ruedos. Regresa por un día. Al menos, de momento. El bimilenario anfiteatro romano de Arles albergará el próximo Domingo de Pascua su particular “resurrección” taurina. Llega a la cita rebosante de ilusión, tras meses de preparación persiguiendo un único objetivo: hacer feliz a todo el que vaya a verle. Después, en función de cómo le vaya en la plaza, se abrirán o no nuevas puertas. “El tiempo y el toro dictarán sentencia”, asegura quien está a punto de enfundarse el chispeante veinte años después.

El encuentro con Chamaco tiene lugar en su finca, a tres cuartos de hora de Sevilla. Allí se refugia, entrena y afina el cuerpo y la mente de cara a un retorno que nadie esperaba. A poca distancia de Purchena, donde luce el cortijo, encontramos Garruchena, explotación del término de Chucena en cuya placita de tientas Chamaco va a torear cinco vacas, tres por la mañana y dos por la tarde. La ganadería familiar, anunciada tradicionalmente a nombre de su madre, Carmen Borrero, se denomina actualmente con el apodo de la dinastía y permanece en manos de su hermano Juan.

Acabado el tentadero iniciamos la conversación con Antonio Borrero, que atribuye su regreso a los ruedos a una serie de coincidencias: “No lo he buscado, esa es la realidad, sino que todo ha ido fluyendo y encadenándose: el empresario de Arles, Juan Bautista, es matador de toros y eso siempre ayuda en una negociación de este tipo; la corrida que mato es de un ganadero amigo mío, que, además, atraviesa un gran momento; y luego, entre el propio Bautista y yo hay una serie de amigos comunes que también han animado lo suyo. Han ido coincidiendo tantas cosas que, más que haber buscado yo este retorno, es el destino el que me lo ha puesto delante”.

-Teniendo en cuenta que la cita es el Domingo de Pascua, se trata de la “resurrección” de Chamaco.

-Es para que me dé “yuyu”, ¿verdad? Tiene mandanga la cosa… Mira que me podían haber ofrecido cualquier otra fecha y, sin embargo, ha acabado siendo esta. Además, parece que estuviera escrito, porque en principio manejamos la goyesca de septiembre, pero no me gustan los trajes goyescos y eso que, para alguien que no está en activo, como es mi caso, son mejores porque son como pijamas y pesan menos. Al final va a ser en Resurrección. Tiene cojones…

-Igual renace taurinamente y arranca en Arles la segunda parte de su carrera…

-En principio es un regreso puntual, pero si la vida me lo pone fácil… tampoco soy de echarme atrás con los desafíos. Habrá que ver cómo sale todo primero… Pretensiones de torear más no tengo. Pero tampoco tenía pretensiones de volver y fíjese. Ilusión sí tengo toda la del mundo. No pretendo nada, pero si la vida me va dando opciones…

-De momento le ha dado una.

-Sí; y se trata de un proyecto bonito. Juan, con mucha seriedad, se sentó conmigo, le expliqué cuál era mi situación, lo que yo quería, cómo lo quería y qué necesitaba para poder reaparecer veinte años después; él lo entendió, yo aflojé en algunos aspectos, él aflojó en otros y nos pusimos de acuerdo. Si en Arles me encuentro bien y salen más proyectos donde todo cuadre según lo que siento, no me cierro a nada. De ese modo puedo torear hasta el infinito. Al final mi ADN es el que es, no puedo negar que soy matador de toros. El tiempo dirá si todo se queda en una corrida o en trescientas. A mí me va a dar igual. Eso sí, en caso de torear más no va a ser por los pueblos, en plazas de tercera o portátiles, ese circuito debe ser para toreros que necesiten esos huecos y yo no estoy aquí para quitar sitio a los chavales que empiezan, en ese sentido no pinto nada. También tengo claro que todo lo que pueda hacer lo haré en este momento, porque lo que va a ser muy difícil es que vuelva a prepararme dentro de cinco años igual que lo estoy haciendo ahora. O sea, que si no me salen más corridas esta temporada, no habrá un tercer regreso.

“En principio es un regreso puntual, pero tampoco soy de echarme atrás con los desafíos. Habrá que ver cómo sale todo primero... Pretensiones de torear más no tengo. Pero tampoco tenía pretensiones de volver y...”

La vida de Chamaco ha dado un vuelco desde que empezó a gestarse el retorno. “Mi día a día actual es otro mundo: correr, entrenar, torear, ilusionarme, pensar en la técnica, en cómo pegarle pases al toro… el cambio realmente está en la mente. Antes en mi cabeza solo tenía mi pequeñita empresa y mi vida era relativamente sedentaria; y ahora los pensamientos son de torero, que nada tienen que ver con los del común de los mortales. El toro te obliga a tener tu mente muy focalizada en él”, admite.

TEMORES E ILUSIONES

“Mi ilusión principal es emocionar a aquellos que han apostado por verme en la plaza y que la gente salga feliz y encantada de vivir conmigo un momento único. Y mi miedo, precisamente, es que nada de eso ocurra”, apunta Chamaco en torno a los sueños y pesadillas que a buen seguro vive estos días en primera persona.

-La elección de Arles no es casual. Francia, especialmente el sureste del país, significa mucho en su carrera.

-En toda esa zona he tenido la suerte de cuajar un montón de toros importantes. Además, desde el primer día. Recuerdo que en mi presentación en Nimes, cuando cubrían la plaza en febrero, me echaron un novillo para atrás y salió en su lugar un toro de Jandilla que había sobrado en la corrida del año anterior. Era un tío, pero tenía muy buenas hechuras, era bajo, rondaba los 500 kilos, estaba en tipo y después fue muy bravo. Desde ese día con aquel toro encajé con su afición. Se le echó valor a aquello -la gente no se vuelca con uno porque sí- y después aquel triunfo se repitió en Pentecostés, en septiembre, más tarde en la alternativa... y además no solo fue Nimes, también fueron Beziers, Arles, plazas de la costa como Palavas, Fréjus… Mantuve siempre una relación muy bonita con aquel público y eso se traduce en que uno se obliga más. El cariño a un torero, al final, termina ayudándole mucho más que cuando existe la exigencia típica de la seriedad. A veces un público demasiado serio y de comportamiento hostil termina desgraciando tardes que podrían ser únicas. Cuando te pones hostil con un torero -que ya tiene lo suyo con enfrentarse al toro- no ayudas a que se genere la magia. No es lo mismo entrar a una reunión con personas que quieren atenderte de buena gana, que entrar a otra con unos cuantos tíos con la cara agria, seca y que incluso te contestan malamente. Cuando eso pasa prefieres irte a tu casa, ¿no? Pues eso mismo nos ocurre a los toreros cuando no encontramos el calor necesario.

Ni un festival en veinte años

Desde que decidió retirarse de los ruedos en 1999, Chamaco no ha toreado ni un solo festival. Su desconexión del mundo del toro como profesional ha sido prácticamente total; y casi otro tanto cabría decir de su desconexión como aficionado. “Apenas he ido a unas pocas corridas de la Feria de Abril y enseguida me he vuelto para casa”, confiesa el torero. “Estuve más de quince años sin coger una muleta”, admite. Sin embargo, un día de tentadero en la ganadería familiar cambió todo: “César Girón me ofreció coger la muleta para torear una becerra y me vi tan mal -le pegué cuatro mantazos y me enganchó las cuatro veces, apunta-, tan falto de sitio y de valor que me dije: sabiendo torear, no puedo estar así. Aquel episodio le picó el orgullo y desde entonces -de aquello hace un lustro, más o menos- fue toreando unas pocas vacas cada año y recobrando las sensaciones: “Eso me ha permitido ahora, a raíz del ofrecimiento de Juan Bautista, poder plantearme la vuelta. Evidentemente -continúa- tras cerrar el trato la preparación ha empezado a ser mucho más intensa. Los últimos años toreaba por goce personal, pero ahora todo está siendo mucho más serio y puedo dar fe de que el Chamaco actual no tiene nada que ver con el que cogió la muleta a César Girón hace unos años. En Arles podrá comprobarse”.

Chamaco tomó la alternativa en Nimes en 1992, donde llegó a gozar de un ambiente tremendo como novillero. “Eran los tiempos del Fino, de Caballero, de Jesulín, de Marcos Sánchez Mejías, de Pauloba, del Punta, de Pareja Obregón… y también los de Chamaco. Muchos de ellos han escrito páginas muy bonitas en la historia del toreo. Además, teníamos muchísimo tirón y muchas veces las plazas se llenaban hasta arriba para vernos. Previamente surgieron los hijos de Litri y Camino, después saltó Julito Aparicio… hablamos de camadas novilleriles irrepetibles”, recuerda quien, precisamente antes de convertirse en novillero, tomó la decisión de ser torero en una tierra tan poco taurina como Inglaterra, a la que viajó siendo apenas un adolescente para cumplir con sus estudios. “Mi padre podía haberme dicho: niño, estudia y punto, pero sé que a él también le ilusionaba que fuera torero”, admite.

“Mi fuerza no era la técnica, sino la personalidad. Eso fue lo que enganchó a Francia. Otros públicos no me han entendido en ese aspecto”

En su etapa como matador se le quedó clavada una espina: Madrid. “Allí nunca cuajé un toro a gusto. A veces, cuando estaba bien en otras plazas, me decía: anda, que si esto mismo lo hiciese en Madrid… pero nunca lo logré. De todos modos en eso ya no pienso, eso es llorar por la leche derramada. Dios te da la opción de triunfar y a veces se consigue y a veces no. Yo lo hice muchas veces y le estoy agradecido no solo por ello, sino por permitirme vivir una época bonita como la mía y conocer a grandes maestros como Ordóñez, Camino, Puerta, Aparicio, Litri… Pertenezco a una saga importante como la de los Borrero y he vivido en la élite, así que sí, sin duda debo dar gracias a Dios”.

Los recuerdos bonitos se amontonan también estos días en su cabeza: “Toreé mucho; y toreé bien, a buen dinero, en corridas que merecían la pena, con monstruos como Emilio Muñoz, Espartaco, Ojeda… grandes referentes para mí, pero también con maestros de otras épocas distintas a la mía, estando ellos prácticamente en el final de su carrera y yo iniciando la mía”. La trayectoria de Chamaco como matador fue corta pero intensa: “Me cogían los toros a diario, era algo horroroso. Pisaba un sitio comprometido y como técnicamente no era bueno… pasaba lo que tenía que pasar. Mi fuerza no era la técnica, sino la personalidad. Eso fue lo que enganchó a Francia. Otros públicos no me han entendido en ese aspecto pero eso no importa, al final cada uno tiene su sitio”.

-Y cada uno es como es.

-Cada uno es como es, según el momento de cada cual. Yo ahora no soy la misma persona de hace veinte o veintitantos años. Es que no lo puedo ser: mi mente ha cambiado, mi cuerpo también; la esencia es la misma, pero surgen nuevos matices.

-¿Qué torero va a encontrarse el público entonces?, ¿qué queda de aquel revolucionario: el del pase del fusil, el del toreo de rodillas…?

-Estoy en otro momento de mi vida taurina. Ahora espero no tener que torear de rodillas… -ríe- Un tío mío me decía: Chamaco, te equivocas, tú tienes que ser el del pase del fusil, pero a mí eso ahora me cuesta muchísimo trabajo metérmelo en la cabeza. Uno tiene ya otra calma. Al fin y al cabo, se ha evolucionado como artista. Aquí todos cambiamos. Precisamente el cambio es lo que hace evolucionar al hombre. Cambiar es nuestro éxito como personas. En la vida todos sufrimos continuamente desengaños -amorosos, profesionales, familiares…-, vivimos multitud de cimas y simas y no podemos ser iguales siempre porque no somos piedras, somos seres que sentimos y que, por tanto, estamos sujetos a esa evolución natural de la que hablo. Si uno es el mismo ahora que hace veinte años, algo falla, algo va mal.

-Entiendo.

-Pero eso no implica ser alguien completamente diferente: en mi caso los gestos son los mismos, mi personalidad es la misma. ¿Que qué cambia? Seguramente toree muchísimo mejor ahora que antes, con más plástica a la hora de interpretar.

DOS DÉCADAS DESPUÉS

Chamaco decidió colgar el chispeante hace veinte años, en abril de 1999, en la localidad jienense de Villacarrillo, con cuarenta corridas por delante: “Pasó que en aquel momento mi apoderado, que era el empresario, traicionó mi confianza y entendí que si las personas que me tenían que cuidar me traicionaban, no valía la pena seguir. Aquello me resultó muy desagradable”. Lo sucedido aquel día fue, en realidad, la gota que colmó el vaso: “En Nimes, donde tenía toda la fuerza y cartel del mundo, me contrataron con la de Guardiola, por ejemplo. Confiaba demasiado en la gente y no estaba pendiente de si las personas que tenía a mi alrededor iban a darme lo mismo que después me exigían a mí en la plaza. Me pedían el cien por cien ante el toro, pero luego a mí nadie me daba ese mismo porcentaje”, recuerda sin rencor.

-Ahora, en Arles toreará con Castella y Perera, dos perros de presa.

-Tampoco me preocupa. Aunque estuviese en activo lo diría igualmente: las competiciones son para el deporte. El toreo es un arte, sé que ellos se arriman mucho pero ¿y qué? ¿Puede influir eso algo en mi tauromaquia, en mi toro, va a sumar de algún modo a mi triunfo? El toreo es uno mismo y sus circunstancias, el toreo es tú y tu toro, tú y tu manera de interpretar ante el público. No interviene nadie más. ¿Que pueden quedar los demás mejor que yo? Perfecto, me alegraré por su triunfo e intentaré sumarme a ese carro, lógicamente, pero eso no tiene por qué preocuparme.

“¿Cambios en el toreo? El volumen del toro es desproporcionado y la figura del torero se ha desmitificado. Y no es justo: un tío que se pone delante de un toro con una muleta es un puto héroe. Han tenido que pasar varias desgracias para que algo tan obvio se recuerde”

La terna lidiará un encierro de Jandilla. Chamaco quiso anunciarse desde un principio con el hierro de la estrella de las seis puntas: “En mi familia se le tiene un cariño especial a las casas Domecq y Bohórquez. Mi padre, incluso, compartió explotación con Álvaro Domecq, por ejemplo. Ellos compraron juntos Guerra, una finca emblemática de labor; y hay una gran relación también con Santi, con Juan Pedro…”, explica; “pero al margen de la amistad -continúa-, el momento tan bueno que atraviesa Jandilla también me ha animado a decantarme por ella. Si estuviera pegando bocados, por muy amigo mío que fuera el ganadero hubiese escogido otro hierro, pero a Arles van otras ganaderías en muy buen momento y lo que me ha decantado es, precisamente, mi amistad con Borja. Sé que ellos también tienen muchísimas ganas de que todo salga bien. Además, como hemos comentado antes, mi presentación en Francia fue en Nimes con un jandilla y eso también me trae buenas vibraciones”.

Un vestido especial

Chamaco lució el día de su alternativa en Nimes un vestido diseñado por Christian Lacroix. “El mío debió de ser uno de los primeros trajes de torero que ideó él, que, por cierto, nació en Arles”, comenta Chamaco. Fue Antonio López, de la sastrería Fermín, quien viajó hasta el estudio del propio diseñador en París para confeccionar el terno del mejor modo posible; y es el mismo Antonio quien, ahora, veintisiete años después, le ha confeccionado el terno de su regreso a los ruedos. El bordado del vestido, a base de palmeras, rinde además homenaje a dos leyendas del toreo: “Era el bordado en el que menos me había fijado -confiesa Chamaco-, pero cuando Antonio me dijo que es el mismo que utilizaba Joselito el Gallo y que era también el bordado más típico de la casa Dominguín, yo, que soy un profundo admirador tanto de Gallito como de Luis Miguel Dominguín, no me lo pensé dos veces y lo elegí”. Preguntado por el color del terno, arranca dando pistas -“es un color serio, un tono oscuro…”- y acaba cediendo ante la insistencia del periodista: “Bueno, se lo digo, es un tono grisáceo, un pelito más oscuro que el gris plomo”.

Chamaco está contento con el resultado final: “El 95% de los trajes que me he hecho durante mi carrera han sido en la casa de Fermín y, aun teniendo en casa cerca de veinte vestidos, me parecía un poco cutre mandar a arreglar uno de ellos para reaparecer. Me apetece estrenar, como quien va a una boda. Ir bien vestido es otro aspecto que un torero tiene que cuidar siempre”.

-¿Es muy distinta la Fiesta de hoy con respecto a la de hace veinte años: el toro, los compañeros, el público…?

-Desde que me quité apenas he seguido el día a día, pero sí he percibido varios cambios. El toro ha ido creciendo en tamaño y también en selección. Me da mucha pena que el volumen tenga que ser tan desproporcionado. Nadie gana aumentando el toro hasta estos extremos y me da mucho coraje que sean los delegados gubernativos, que no se juegan absolutamente nada, quienes tengan voz y mando como si los taurinos fuésemos sospechosos en todo momento. Es curioso que existan limitaciones por abajo pero no por arriba y a veces se ven auténticas barbaridades. Además, creo que se ha desmitificado la figura del torero. Y no es justo: un tío que se pone delante de un toro con una muleta es un puto héroe. Han tenido que pasar varias desgracias para que algo tan obvio se recuerde. Alguno del 7 de Madrid le decía a un novillero: Tanto decir que os jugáis la vida y en los últimos años no ha muerto ningún torero en la plaza; y, de repente, al mes cayó Barrio y al año siguiente, Fandiño.

-Va a romper el juramento que se hizo a sí mismo hace veinte años.

-Juré no volver, es verdad. Y lo he cumplido a rajatabla hasta ahora. Sin embargo, en estos veinte años mi mente ha ido tranquilizándose y, sin buscarlo, las personas exactas y el momento correcto me han hecho cambiar de opinión. Es como cuando llega el amor: ves a la mujer perfecta, sientes que es la que el destino te tenía reservada y no puedes dejarla escapar. Para mí este retorno ha sido como haber encontrado el amor. Si es para bien, no va a importarme. Solo deseo que, más que yo, el gran beneficiado sea el público que vaya a verme.

Dinastía de tres matadores de toros

Chamaco está orgulloso de sus raíces toreras. Su padre y su tío fueron matadores de toros y, con semejantes antecedentes, no es de extrañar que también él haya dedicado su vida a la tauromaquia. “Lo llevo en la sangre”, admite; “vengo de donde vengo y lo único que puedo dar es gracias a Dios”, subraya convencido.

Antonio Borrrero Morano “Chamaco” fue el fundador de la dinastía. Ídolo en Barcelona, llegó a sumar más de 170 paseíllos en la Ciudad Condal entre corridas, novilladas y festivales. Un solo cartel -“El próximo domingo, Chamaco y dos más”-bastaba para llenar las Arenas o la Monumental hasta los topes. Aquella química con la afición catalana le llevó directo a la alternativa. La tomó de manos de otro paisano ilustre, Miguel Baéz “Litri”, el 14 de octubre de 1956, con Antonio Ordóñez completando el cartel. De Chamaco padre se cantó siempre su quietud y valor ante el toro, no exento de tremendismo y heterodoxia.

Un hermano suyo, Sebastián Borrero “Chamaco II”, también llegó a matador de toros. Su doctorado también tuvo lugar en Huelva, el 5 de agosto de 1984, con el coso de la Merced recién reinaugurado y el mismo Litri como padrino de la ceremonia. Ojeda atestiguó la escena. Aquel día, su sobrino Antonio Borrero Borrero “Chamaco III”, contaba ya doce años de edad. Nacido en Sevilla en julio de 1972, pero criado en Huelva, el actual Chamaco se siente un “onubense-sevillano” que lleva “las dos ciudades en mi corazón”. Tomó la alternativa en Nimes, el 6 de junio de 1992, con Paco Ojeda de padrino, Fernando Cepeda de testigo y toros de Juan Pedro Domecq. Canalla, número 76, de pelo negro, fue el toro de su ingreso en el escalafón de matadores. Su carrera, como la de sus predecesores, no fue excesivamente larga. Ahora, en Arles, arranca su último capítulo. Suerte, torero.

Fotos: ARJONA