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ENTREVISTA

David Galván: por el camino de la pasión
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(Foto: Arjona)

David Galván: por el camino de la pasión

“Estoy harto que digan que soy buen torero. Quiero que me insulten, que digan: “Cómo torea el cabrón este…”. Aquello de “qué buen torero” me suena a consolación y en el toreo te tienen que respetar, no tener compasión”, subraya el torero

martes 16 de abril de 2019, 18:21h

-¿Desde qué punto parte esta temporada?

-Desde una ilusión máxima. También desde un equilibrio entre la responsabilidad y esa ilusión de la que hablo. En momentos determinados de mi vida, la responsabilidad excesiva me ha jugado malas pasadas, me ha atenazado.

-Está ante un año trascendental.

-Sí, por supuesto. El pasado queda atrás y aunque siempre deja momentos de los que aprender, lo que vale, sin duda, es el presente, el aquí y ahora. Trato de alimentar el día a día para atrapar el futuro con la determinación y la fuerza que ahora mismo necesito.

“Me habrá faltado algo, llámele madurez o evolución, lo que sea, pero una cosa está clara, hasta ahora, el momento de ponerme donde quiero no ha llegado”

Quien habla es David Galván. Nos atiende tras una intensa jornada de campo. Intensa y doble, mejor dicho. Por la mañana tocó en Los Azores, donde toreó dos erales, uno, confiesa, de la parte de Algarra, el otro, de Los Guateles. Y por la tarde, más. En este caso, en lo de Osborne. El tentadero, reconoce, le impresionó, le gustó, lo que se traduce, además de en una buena noticia para su puesta a punto, en otra igual o mejor para los aficionados por lo que supone de recuperación de una ganadería emblemática. Reconoce que este año está haciendo más campo de lo normal, nunca le ha faltado, dice, lo que nos lleva a preguntarle si no es mejor administrarse y más en toreros de su corte. “El toreo es como un ballet, una puesta en escena, que para que fluya tienes que estar libre y en armonía con el cuerpo. Para torear hay que sentirse fresco. Pero durante el invierno hay muchos días en los que tienes que exigir al cuerpo y pasar los límites de la comodidad. Aunque reconozco que cuando se acerca la hora de torear intento oxigenarme. Tiene que haber un equilibrio, ni mucho ni poco”.

-Además de la ilusión, ¿parte también desde la necesidad?

-Tengo necesidad de vivir de mi profesión. Es lo que más me llena. No voy a ser políticamente correcto y decir que todos los días estoy bien moralmente porque sería falso. No soy una máquina. Esa necesidad de alcanzar las metas que deseo y de poder expresar lo que siento, me perturba. Aunque siempre pongas de tu parte, el toreo depende también de otros factores.

-Ha comenzado su séptima temporada como matador de toros. ¿Por qué no está en el sitio que se le supone por sus condiciones?

-Me lo he preguntado muchas veces, si no lo hubiera hecho sería un irresponsable. Me habrá faltado algo, llámele madurez o evolución, lo que sea, pero una cosa está clara, hasta ahora, el momento de ponerme donde quiero, no ha llegado. El toreo, además, tiene parte de misterio y yo, que soy una persona creyente, pienso que el momento de Dios no es el momento del hombre. Ese misterio es el que todavía tengo que descubrir y solo lo puedo hacer delante del toro.

-Pero le dará coraje, imagino.

-En momentos puntuales, sí, por no haber sido capaz de solucionar la papeleta.

“Muchos de los que confiaban estarán escépticos, dudarán de mí y se habrán bajado del barco, pero más pronto que tarde se tendrán que volver a subir”

-¿Y qué piensa?

-Que el toreo es un ejercicio de paciencia, de humildad y de fe y en esos tres conceptos trato de moverme en el día a día. Siempre he creído que el toreo, tarde o temprano, te devuelve lo que le entregas.

-¿Nunca ha perdido la fe en sí mismo?

-La he perdido, sí. Ha habido momentos moralmente difíciles, momentos en los que te preguntas si merece o no la pena; reflexionas si estás haciendo lo correcto o si estás a la altura de las circunstancias. En esos instantes, claro, pierdes la fe y dudas pero también le digo que es en esas circunstancias, con un estado de ánimo bajo, cuando tiene que aflorar la fuerza de cada cual. Aunque tienes personas cerca, familia, amigos, la fuerza la ha de sacar uno de dentro. En esos momentos bajos, yo he sacado fuerza de dentro.

-¿Cuál ha sido el peor momento?

-Las cornadas siempre son complicadas. Hubo un antes y un después de la de Jaén en el brazo derecho. Me tuvieron que amputar el músculo, solo tengo la mitad, y los médicos no me daban muchas esperanzas de volver a torear. Durante la convalecencia me debatía entre la realidad y la fe, una me decía que tenía la mitad del músculo y que no podría coger una muleta de nuevo, y la otra que sí que podía.

-Por suerte ganó la fe a la realidad.

-Fue un punto de inflexión. Aquella cornada me ha servido para superar los años en que mi entrega en el día a día no tenía resultados en la plaza.

-En ocasiones, para valorar su trayectoria, se obvia que le han castigado mucho los toros en el poco tiempo que lleva.

-Llevo once cornadas en el cuerpo. Habrá compañeros que tengan más y no les parecerán tantas y otros que tengan menos y les parecerán muchas. Al principio de mi carrera no entendía muy bien aquello que me decían de “que los toros te respeten”, pero a medida que ha ido pasando el tiempo lo he aprendido y sé lo importante que es. He sufrido cornadas que me han frenado en momentos clave, ahí entendí esa frase.

-¿Cómo se afrontan situaciones así?

-Te preparas porque piensas que pueden llegar estos momentos pero no te vistes de torero pensando que va a pasar algo malo. Sabes que la cornada está ahí. Si no eres consciente de lo que estás dispuesto a entregar, te pueden hacer mella. La cornada de Jaén fue importante para encarar las que han venido después.

-Dicen que por ahí se escapa el valor.

-Yo creo que no. Si eres consecuente y estás comprometido, el valor no tiene por qué irse por una cornada.

DISTINCIÓN Y PERSONALIDAD

David Galván mantiene el crédito entre los aficionados. Desde su etapa como novillero sin caballos se han cantado sus excelentes formas, de ahí que resulte extraña su situación. Toreros de su corte nunca sobran y siempre son bienvenidos. Ahí están las fotos de Arjona que ilustran este reportaje como muestra. Además, su condición de joven y de torero poco visto, son dos bazas que juegan a su favor.

-¿Por qué cree que ahora sí, que ha llegado su momento?

-Porque confío firmemente en mi vocación interior para desarrollarme como persona a través del toreo. Y porque no voy a permitir que se me vaya por nada del mundo. No voy a permitir que nada me pare.

-A toreros de su clase, de su concepto, siempre hay que esperarles.

-El toreo tiene un abanico amplio de personalidades, a mí me gusta el toreo bueno, la distinción, y por ahí va mi día a día. Que me vean y digan: “Está toreando David Galván”. Eso, en mayor o menor medida, me ha dado crédito todos estos años y por ello el público mantiene las expectativas sobre mí.

-Entonces, ¿en qué grupo le situamos, entre los de arte, los clásicos, los de sentimiento…?

-Soy un torero pasional.

-Eso está bien.

-Intento expresar mis sentimientos con pasión, que todo resulte armónico, sin crispaciones. Me gusta el toreo puro, el que veía en los vídeos de Rafael Ortega. En base a esos cánones, interpreto el toreo con mi personalidad. Luego, cada cual que le ponga el calificativo, si dicen que soy de arte, pues seré de arte y si no…

-Pues de pasión.

-Eso.

-¿La necesidad le ha obligado a tirar por caminos que le son menos naturales?

-En la situación en la que está el toreo se necesita regularidad. Trato de englobar los mayores matices posibles y ponerlos al servicio de mi personalidad. Si tengo que dar un muletazo que no es el más clásico, al menos que tenga las formas de David Galván.

-Como los cambiados por la espalda, que los ha añadido a su repertorio y son un contrasentido toreando como torea.

-Puede ser y es respetable que se piense así. Pero también estoy convencido de que si se le da un sello propio, las cosas cambian. Mi trabajo va en consonancia a torear clásico y puro pero también es cierto que trato de ser un torero largo, con recorrido y con matices. Quiero controlar muchas suertes, no solo las clásicas y más ortodoxas.

-Sigue manteniendo el crédito entre los aficionados.

-Me siento orgulloso de toda la gente que a pesar de los años sigue manteniendo esas expectativas. Han hecho un ejercicio de paciencia y comprensión. Todos los toreros no pueden salir como figuras al día siguiente de tomar la alternativa. Creo que el crédito me lo ha dado estar comprometido con la profesión. En el día a día no ha habido ni un ápice de falta de entrega y compromiso por mi parte. ¿Cosas que mejorar y subsanar? Por supuesto. Pero falta de compromiso, ninguna. Soy consciente de que muchos de los que confiaban estarán escépticos, dudarán de mí y se habrán bajado del barco, pero eso me motiva porque seguro que más pronto que tarde se tendrán que volver a subir. Cuando no van bien las cosas, sufro, y cuando van bien, me sirve para mantener los pies en la tierra porque sé lo que cuesta.

-¿Ha sufrido mucho?

-No tengo un baremo del sufrimiento, pero he sufrido, sí, porque estoy en el toro para estar arriba. Es cierto que no he tenido temporadas en blanco pero terminarlas en agosto o tener una corrida al mes, es complicado de asumir. En esas circunstancias, no es fácil alimentarse en el día a día.

-Exceptuando Madrid, es un torero poco visto.

-Llevo varios años de alternativa pero soy novedad todavía. Ese factor está ahí y tengo que explotarlo ya, que va siendo hora. Estoy harto que digan que David Galván es buen torero. Me halaga pero quiero pasar ya esa raya. Quiero incluso que me insulten, que digan: “Lo que hace el cabrón este o cómo torea el cabrón…”. Aquello de “qué buen torero” me suena a consolación y en el toreo te tienen que respetar, no tener compasión.

MADRID Y ZARAGOZA, CLAVES

-Está anunciado el Domingo de Resurrección en Madrid. Con Juan Ortega y Pablo Aguado. ¿Qué se le pasa por la cabeza?

-Es una fecha en la que desde pequeño quería torear, bien en Sevilla o bien en Madrid. El cartel tiene muchas connotaciones positivas, estoy con dos compañeros a los que admiro por su concepto y formas y que están en muy buen momento. Y luego una ganadería -Toros de El Torero- que me encanta y con la que he triunfado anteriormente. Es una casa ganadera en la que me han atendido siempre, me han brindado la posibilidad de torear allí y que tiene un nivel de bravura muy bueno. Puede ser un día bonito para la afición, un cartel de futuro y de reivindicación.

-Y luego Zaragoza, donde está anunciado en la corrida concurso.

-Lidio un toro de Carriquiri y otro de Pablo Mayoral. Con los santacolomas tengo buena sintonía, es un encaste que me gusta. Y de núñez he toreado aunque no de Carriquiri. Son dos plazas de primera en apenas tres días. Es una gran oportunidad.

-Nemesio Matías está haciendo su trabajo, pero le tendrá que seguir dando argumentos.

-Tengo claro dónde quiero llegar en el toreo. Esto es una carrera de fondo pero los argumentos en el día a día tienen que ser muy sólidos para que el engranaje se mueva bien. Si el motor funciona, lo que hay alrededor, también. Y en el toreo el motor es la espada y la muleta. Y no me cabe duda cuál es la mejor forma de conseguirlo.

-Por cierto, se le ha pasado ya el cabreo del año pasado en Algeciras.

-Está más que pasado.

-Tras quedarse fuera de una feria donde ha salido a hombros cuatro años consecutivos, el empresario -José María Garzón- dijo que contaría con usted en el futuro.

-Eso prometió, a ver qué pasa. No tengo ningún problema con él. Mi único afán cuando hice esas declaraciones -en ningún momento menté a la empresa- en el acto de presentación de los carteles el año pasado era expresar mi sentir y aclarar que no iba a estar presente en Algeciras para devolver el cariño que siempre me ha mostrado esa afición.

-No había lógica alguna que se quedara fuera.

-Queda mal que yo lo diga, pero la trayectoria y los números están ahí. No soy de estadísticas porque creo que el toreo va más allá pero a la hora de ser frío, ahí están.

-Si puede, ¿se cobrará estas facturas en el futuro?

-Mi cajón de las facturas está saturado… No sé yo si cuando llegue el momento me voy a acordar de cobrarlas. Intentaré solventar mi papeleta primero y a ver qué podemos solucionar por el camino.

"Nemesio hace su trabajo pero queda el mío, que es el más importante"

Desde este invierno, David Galván ha ligado su carrera a la de Nemesio Matías. El acuerdo se fue fraguando desde finales de la pasada temporada y ya era un secreto a voces antes de que se hiciera público el comunicado de rigor. Con esta apuesta, el torero gaditano sigue “por el camino de la independencia, mi espada y mi muleta son el mejor aval para darle fuerza en este proyecto al apoderado”, asegura. Tras José Antonio Ortega, quien ha estado junto a Galván desde sus inicios y que ahora se ha desvinculado de su carrera, Juan Ruiz Palomares, Marcos Sánchez Mejías y Ángel Lillo, Nemesio Matías es el quinto mentor del torero gaditano.

La situación de Galván es similar a la de Fortes y Álvaro Lorenzo cuando el propio Nemesio se hizo cargo de sus carreras. “Es una persona que se mueve y que tiene la aspiración de poner a sus toreros a torear. Tengo un inicio de temporada ilusionante. Él hace su trabajo pero queda el mío, que es el más importante”, afirma.

Fotos: ARJONA