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La Revolera

Elegancia, valor y magisterio

La suprema elegancia torera de Manzanares, el valor a palo seco de Roca Rey y el magisterio de El Juli han marcado este tradicional domingo de resurrección en La Maestranza sevillana. Los toros de Victoriano del Rio han ayudado poco a la terna, que todo lo que ha conseguido ha sido a costa de un esfuerzo titánico.

El Juli, en maestro toda la tarde, ha logrado a base de sabiduría lidiadora mantener su prestigio como magister “cum laude” de la Tauromaquia del momento, un momento que para el de Velilla de San Antonio se viene prolongando durante dos décadas. Tiempo en el que ha demostrado sobradamente que el toro al que él no le saca partido es porque no puede ser y además es imposible.

Manzanares, el auténtico Petronio, arbitro de la elegancia torera de esta época de latigazos y remanguillés, ha tocado pelo sacando una gran faena de un pozo seco al que el alicantino le ha sabido encontrar una vena de agua medio potable que nadie penaba que pudiera existir. José Mari, el hijo de aquel al que tanto admiré, ha vuelto a congraciarse una vez más con la entendida y exigente afición sevillana. Solo el espadazo a su segundo toro hubiera sido suficiente en cualquier época para consagrar a un matador de toros de postín. Pero es que además, le ha realizado al morlaco una faena de trazo recio, profundo, poderoso y de supremas calidades que ha puesto a los tendidos en trance. Sevilla ha vuelto a vibrar con el de “la terreta” al que ha adoptado como suyo hace tiempo, y lo que te rondaré morena.

Roca Rey, ante el que el Gary Cooper de “Solo ante el peligro” era un párvulo en cuestión de bragueta, se ha jugado la vida sin parpadear, dejándose tirotear por los descarados pitones del último de la tarde una y otra vez, tratando de asaltar la trinchera a pecho descubierto. El toro, de difícil y peligrosa lidia, le pespunteó su espigada anatomía durante toda la lidia sin que “el peruano de oro” se diera por aludido. Con la espada se tiro sobre el morrillo del toro sin encomendarse a Dios ni al Diablo. La plaza a rebosar. En fin una tarde de toros regulares y toreros bravos