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El año ha comenzado con un repunte de público en las plazas de toros. Puede que al salir del armario, al comenzar a hablar de toros sin complejos, les gentes se hayan animado a no percibirse como la “caspa”. Una plaza difícil, Guadalajara, y otra grande, Madrid, apuntaron, además, que los que van, de forma mayoritaria, se han ido al sol. O son gentes de sol. Un aviso indicativo de que los precios más bajos animan a ir a los toros y que la endogamia de la sombra no es el futuro del toreo.

Puede ser que, por fin, la gente haya salido del armario y que aún salgan más. Será interesante ver la respuesta en las dos grandes ferias: Sevilla y Madrid, con dos conceptos distintos. Pero el éxito de ellas puede hacer efectivo un nuevo ánimo para ir a los toros. Dependerá, claro, de lo que pase en las elecciones del día 28, pero es como si se hubiera perdido la vergüenza de ser lo que uno es. Y, ¿qué somos? Pues muy posiblemente una víctima más de eso que se llama posverdad, la reiteración de la mentira hasta hacerse verdad.

La mentira, además, no es aislada. Se miente en mensajes cortos reiterados para, más tarde, ensamblar piezas y crear un sistema. Se miente en la píldora de que el toreo está subvencionado, de que la campaña de Las Ventas está pagada por la Comunidad de Madrid, de que la gente joven no va a los toros porque odia los toros (revisemos aforos y precios), se miente con la acusación de nuestro ser violento, de nuestra condición inculta, se miente incluso ocultando o incumpliendo la Ley (último caso, el abandono de la plaza de Oviedo, un BIC) y haciendo que no cumplirla sea legal y cumplir la ley sea lo ilegal.

Las mentiras de Estado son aquellas que hacen eficaz para el Estado la dirección de las masas, de sus sensibilidades. Por ejemplo, la que oculta la peor de las violencias, que es la violencia contra sí mismo: 3.600 suicidios al año en España. Las mentiras de Estado no son solo para el toreo porque el toreo forma parte del todo

Todas estas mentiras aisladas se unen luego para ser el argumento total contra la Tauromaquia. Pero no es nada aislado. Quiero decir que este mundo de la posverdad o la mentira instalada como verdad, no es solo para el ámbito de los toros. Vivimos, alto y claro, en medio de auténticas mentiras de Estado. Las mentiras de Estado son aquellas que hacen eficaz para el Estado la dirección de las masas, de sus sensibilidades. Una mentira de Estado es, como sucede con el toreo, ocultar y silenciar verdades y realidades. Por ejemplo, el valor ecológico de la Tauromaquia, posiblemente el mayor de este país. No se dice y no se sabe. Y si no se sabe, no existe ese valor.

No se dice nada de las mutaciones de comportamiento de los animales (cuervos matando ovejas, jabalíes entrando en las ciudades, buitres atacando rebaños) de las plagas de conejos, palomas y otros animales en los campos y las ciudades. Y si no se dice nada, pues no se conoce, y si se desconoce, el animalismo es la panacea del buenismo social y ecológico. Estos silencios sirven para dar cobertura a las mentiras. Insisto, algunas de ellas, mentiras de Estado.

Hace poco, la ONU (un día diremos qué es la ONU, lo más parecido a una mentira de Estados) declaró a Finlandia como “El país más feliz del mundo”. Inmediatamente los podemitas y las izquierdas usaron esta calificación para tirar bala contra nuestras costumbres de país de caverna. Finlandia es el progreso. Bueno, siempre y cuando no se tengan en cuenta cosas como esta: que ocupa el puesto número uno de feminicidios machistas de Europa, con casi el triple porcentual de asesinatos machistas que el de España. Sí. Que tiene una tasa de alcoholización del 25%. Sí. El país símbolo de la felicidad. Una mentira de Estado.

Este Estado que lleva años acusando al español de machista, con una ley de violencia de género zapateril que cuando se levanten las alfombras dejará ver las inmensas injusticias que ha creado para su interés electoral (Estado, gobierno, partido). Este es el mismo Estado que oculta la peor de las violencias, que es la violencia contra sí mismo: 3.600 suicidios al año en España. Casi 10 suicidios por día. Un suicidio cada cuatro horas. La paridad es de tres suicidados varones por uno mujer. ¿A que no lo sabían? Pues es nuestra más aberrante desgracia como país de seres humanos. Los españoles no se matan entre sí porque se matan a ellos mismos. Pero no hay leyes, ayudas, campañas, llamadas de auxilio entre nosotros. Miles de muertos que interesa mueran ocultos, silenciosamente olvidados.

Las mentiras de Estado no son solo para el toreo porque el toreo forma parte del todo.