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La Revolera

Madre del amor Hermoso
(Foto: Glez. Arjona)

Madre del amor Hermoso

La madre de Guillermo Hermoso de Mendoza, en una barrera de la Maestranza sevillana, ha representado hoy de alguna manera a todas las madres de España. Era el Día de la Madre y la señora ha asistido a la alternativa de su hijo concedida por su padre Pablo I de Navarra, el hombre que revolucionó el toreo a caballo, de tal modo que lo que en mi juventud llamábamos “el número del caballito” es ya una auténtica variación del toreo tan válida como el que se realiza a píe.

En un día tan señalado, la esposa de Pablo y madre de Guillermo nos ha hecho recordar, a los que hemos presenciado el acontecimiento, a esas mujeres que ostentan el título más importante que puede recaer sobre una mujer. Mujeres que sufren, casi siempre en silencio, todos los avatares que inciden en la vida de sus hijos. Pero es que en el caso de la mujer en cuestión se da la circunstancia de que es esposa y madre de torero, a caballo pero tan toreros, sobre todo en lo que a Pablo se refiere, como pudieron serlo los más grandes de la historia. Equilibrada, sencilla y sincera, la señora madre del recién alternativado rejoneador ha dicho con toda seriedad que sufre más por el padre que por el hijo -que también- porque, habiéndolo conseguido todo, continúa compitiendo consigo mismo en persecución de más altas metas. Eso se llama casta, y tanto da que se toree a caballo como a pie, se tiene o no se tiene. Es algo que viene dado por añadidura al salir del seno materno.

Esta tarde en Sevilla ha nacido un nuevo torero -casi un niño- que apunta alto hacia la gloria del toreo y a muchos nos ha apretado el corazón al recordar todos los sacrificios de nuestras respectivas madres, sufriendo calladas y a veces con los ojos anegados en lágrimas, nuestras luchas con sus aciertos y errores. Hoy, la esposa de Pablo y madre de Guillermo ha sido, para quienes llevamos en la masa de la sangre ese venenillo de la Tauromaquia, una auténtica Madre del Amor Hermoso.

La corrida de Bohórquez no ha ayudado demasiado. No obstante, los Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, ese cascabel galopante que nos ha regalado la dulce Francia, han brillado con luz propia. Y mañana será otro día.