www.aplausos.es

LAS VERDADES DEL BARQUERO

El año Chicuelo
Ampliar

El año Chicuelo

El centenario de la alternativa de un torero mítico pero no del todo conocido ni propiamente valorado ha propiciado en Sevilla una reivindicación en toda regla del “inventor del toreo moderno”, según definición memorable de Pepe Alameda. La imagen de un lance bautizado en honor de Chicuelo, su creador improvisado, es recurrente. Una foto de Serrano tan legendaria como el propio torero, tenido por esencia del toreo sevillano por antonomasia alimenta la leyenda

viernes 10 de mayo de 2019, 11:55h

A Manuel Jiménez “Chicuelo” tiene atribuida el sabio Pepe Alameda “la invención de la faena moderna”. La “invención” no fue una mera frase afortunada, sino un recuento meditado de lo que Alameda, testigo privilegiado de la llamada Edad de Plata del toreo, vio y vivió con sus propios ojos. El testimonio quedó plasmado en una obra maestra, “El hilo del toreo”, y en otra de menos recorrido pero igual de certera, “Los arquitectos del toreo moderno”.

La faena del 24 de mayo de 1928 al toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero en la plaza de toros de Madrid tiene, por tanto, aureola de carácter fundacional. Estaba por cumplirse el noveno año de Chicuelo como matador de alternativa, no hacía ni dos meses que regía la prescripción de proteger en las plazas de primera con un peto los caballos de pica y es posible que esa conjunción tuviera carácter astral.

Chicuelo tenía entonces recién cumplidos los veintiséis años, la edad de la madurez torera, según antiguo adagio. Del toro, dando por descontada la bravura propia de su hierro, no queda memoria del todo precisa. El puyazo ahormado sobre un caballo protegido sería clave. No todos supieron ver la dimensión ni el carácter de aquella faena de Chicuelo por todo irrepetible. La ligazón, la firmeza, el temple: los cimientos del toreo moderno. Y la gracia del toreo específicamente sevillano, tan riguroso en las formas y, por tanto, tan exigente y preciso en el fondo. Y tan singular.

El centenario de la alternativa, que Chicuelo tomó en la Maestranza con solo diecisiete años, se ha empezado a celebrar en Sevilla con acento reivindicativo. Es decir, no solo Joselito y Belmonte, no solo Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez o Curro Romero

El centenario de la alternativa, que Chicuelo tomó en la Maestranza con solo diecisiete años -septiembre de 1919-, se ha empezado a celebrar en Sevilla con acento reivindicativo. Es decir, no solo Joselito y Belmonte, no solo Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez o Curro Romero, sino por añadidura el eslabón que parece unir a los unos con los otros en una misma trama. El hilo que los cose parece al cabo de casi un siglo Chicuelo, a quien llevan tiempo recurriendo como apóstol quienes nunca lo vieron torear porque dentro de solo dos años se cumplirán los setenta y cinco de su retirada.

No hay apenas películas, pero abundan los documentos gráficos. Sin ellos las raíces del toreo moderno estarían seguramente ocultas. O serían mal conocidas. La Hemeroteca Municipal de Sevilla guarda como tesoro el legado de Serrano, uno de los fotógrafos indiscutibles de la digamos edad de oro de la fotografía taurina en España. Más de cien mil documentos, una parte sensible de ellos de tema taurino. Chicuelo cuenta en ese catálogo con papel protagonista. Un catálogo casi virginal, muy lejos de ser apurado.

Era obligada la imagen de la chicuelina, un improvisado lance de capa, toreo de recurso y quite genuino cuya autoría accidental vino a ser patrimonio personal del repertorio de Chicuelo. En el programa oficial del abono 2019 de Sevilla, un libreto anual de lujo, Isaac Escalera ha elaborado una semblanza precisa de la figura de Chicuelo -¡cien tardes de toros en Sevilla!- y ha tenido el acierto de rescatar las palabras con que el propio torero definía el lance de su atribución en una entrevista para el semanario Dígame en 1943.

A Manuel Jiménez “Chicuelo” tiene atribuida el sabio Pepe Alameda “la invención de la faena moderna”. El testimonio quedó plasmado en una obra maestra, “El hilo del toreo”, y en otra de menos recorrido pero igual de certera, “Los arquitectos del toreo moderno”

Más o menos así: para no salir por pies de un quite con un toro muy pegajoso de Guadalest, Chicuelo tuvo que hacer en la cara del toro varios giros -¿dos, tres…?- , se le rasgó el capote y se le enganchó en los ornatos del traje de luces. De los giros y el rasgado surgió sin quererlo la figura de una suerte nunca antes vista. Testigo de la corrida de 1922 en Valencia, donde el giro sin perder pies, el rasgado de percal y su airosa solución envuelta se fundieron en simiente de un lance nuevo, fue Manuel González “El Rerre”, torero de Carmona, íntimo amigo de Chicuelo padre. El Rerre contó a su vuelta a Sevilla lo que había sido y pasado, la leyenda hizo fortuna y Chicuelo pasó a hacer del quite sello particular de su repertorio.

Del ingente archivo de Serrano se ha rescatado con su firma y atribución la instantánea de una chicuelina auténtica y verdadera, no se sabe si antológica. En el cartel de un pregón de la feria de Abril aparece cuidadosamente ampliada esa foto, que tiene por escenario la Maestranza. No está fechada. No es un dato imprescindible. Pervive el sentido del lance, que más que librar al toro lo engaña, y admiran, sobre todas las cosas, la compostura y la composición.

La manera de recoger el capote por la mano izquierda es un asombro. La caída y hasta el vuelo de la esclavina, otro de parecido calibre. Se tiene la impresión de que el lance, frontal, es a compás ligeramente abierto. El encaje de la figura es indiscutible. Basta con reparar en la manera en que se inclina la cabeza, parece que dulcemente. Un detalle no menor: el quite es anterior a las rayas pintadas. La arena libre prescinde de cualquier otra geometría.

La foto de Serrano es una de las cinco que ilustran esa biografía elemental de Isaac Escalera en el elocuente libreto 2019 de la empresa Pagés. En las otras cuatro, un desplante de capa, lance tomado sin duda del amplio repertorio de los Gallo; un remate de kikirikí, tomado seguramente de la misma fuente; un natural de insuperable trazo que se antoja patrón fiel del toreo moderno; y una vuelta al ruedo en la Maestranza con el capote recogido en el antebrazo derecho y, en esa mano, el rabo del toro recién arrastrado. Las calidades presentidas y ostensibles del pase natural sostienen con argumento de peso la teoría de Pepe Alameda. Como si ahí hubiera empezado todo o casi todo.