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ENTREVISTA

Román: 'Me han dejado fuera de Sevilla pero puedo arreglarlo en Madrid'
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(Foto: Arjona)

Román: "Me han dejado fuera de Sevilla pero puedo arreglarlo en Madrid"

"A mí me gusta torear en Las Ventas. Sé que si te entregas, se entregan. No tiene secretos en ese sentido", asegura el torero valenciano, que este viernes torea en la Monumental madrileña

miércoles 15 de mayo de 2019, 10:45h
El sofá de su casa ha sido el lugar desde el que ha visto la Feria de Abril de Sevilla. Eso, a pesar de haber caído herido grave en el ciclo del pasado año. La situación le ha dolido, pero no le ha hundido. Tras protagonizar una gran tarde en las Fallas, en Madrid tiene ahora la opción de dar un vuelco a su posición en el toreo. Capaz de ello es, sin duda. Con Román, el torero impredecible, todo es posible, nunca nada está escrito. Sabedor de las cartas con las que juega, subraya que la partida no ha acabado. Es más, apunta que solo acaba de comenzar...

-Le habrá dolido no estar en Sevilla…

-Sí, sobre todo después de lo sucedido el pasado año. Me ha dolido en el alma, pero el toreo es así y estas cosas pasan. La plaza está ahí y estoy seguro de que volveré muchísimos años.

-Ahora llegan dos tardes clave en Madrid, donde puede asegurar no solo estar el próximo año en Sevilla, sino en todas las demás plazas.

-A eso voy. Mi mente está puesta en eso. Tengo dos cartuchos, que además son extraordinarios sobre el papel. Me han dejado fuera de Sevilla, pero ahora puedo arreglarlo todo en Madrid.

Quien habla es Román. Lo hace con su desparpajo de siempre, con una naturalidad impropia en quien asegura ser consciente de que va a jugarse la vida y buena parte de la temporada este San Isidro. “Me juego mucho, es verdad, pero Madrid me motiva. Tengo ganas de que salga el toro. Sé que puedo estar bien”, subraya convencido.

Román dejó su impronta en las Fallas de su tierra y toreó después en Castellón, pero lleva más de un mes sin vestirse de torero. El parón quedó zanjado el pasado fin de semana en Aguascalientes. “La espera se ha hecho larga”, confesaba horas antes de afrontar el compromiso al otro lado del charco. “Me encanta América. He toreado en Perú, en Colombia, en Ecuador… y el año pasado debuté en México”. Lo hizo, precisamente, en la Monumental hidrocálida, la misma a la que ha regresado en la presente edición de la Feria de San Marcos tras cortar el pasado año una oreja y dar una vuelta al ruedo en el otro toro de su lote. “Aquello me ha permitido volver, pero en general es complicado meter cabeza en México. Yo solo he toreado en Aguascalientes y es una pena porque da gusto hacerlo ante públicos tan entregados y apasionados como ese. Ojalá este año me gane de nuevo la repetición y además se me abran otras puertas por allí”, comentaba pocos días antes de coger el avión.

Entre las ferias de Levante y su reciente y puntual incursión americana, Román asegura haber aprovechado el tiempo: “He estado haciendo campo. Los últimos días he ido a Lagunajanda, Fernando Peña, a lo de Patón, Fuente Ymbro, Garzón… y el jueves -por el de la pasada semana- tiento en lo de Adolfo”. Las sensaciones, según cuenta el propio diestro, están siendo “más que buenas”.

“En el toreo es importante que el público no sepa qué va a pasar. No se trata de ser un inconsciente, pero... si no hiciera locuras no sería Román”

-Hasta no hace mucho aseguraba que en el campo se aclaraba más con los machos que con las hembras.

-Bueno… aquello ya pasó. Técnicamente he crecido mucho y creo que entiendo ya por igual tanto al macho como a la vaca. Pero si me dan a elegir, prefiero el toro a la becerra. Me gusta más su embestida, es más real y da más importancia al entrenamiento. Las reacciones de la vaca son muy distintas, no embisten igual, lo hacen más rápido. Es difícil de explicar, pero no tienen nada que ver.

Además del laboratorio de los ganaderos, el campo también es un banco de pruebas para los toreros. Allí indagan y profundizan en su toreo, y aunque Román alguna vez haya puesto en práctica en la plaza suertes que ni tan siquiera ha ensayado con anterioridad, el grueso de su tauromaquia lo perfecciona en los tentaderos.

-¿Le gusta experimentar, probar cosas nuevas?

-Por regla general sí, pero también depende mucho de dónde esté y la relación que tenga con el ganadero. Si hay confianza sí trato de hacer cosas nuevas porque, aunque salgan mal, sé que estoy en el sitio adecuado para probarlas. Pero tiene que existir esa confianza, porque tampoco debemos olvidar que cuando uno tienta la misión no es lucirnos, sino enseñar al ganadero las cualidades y los defectos de sus animales. De todos modos…

-Siga, siga.

-…creo que como de verdad se puede medir a los animales es haciéndoles faenas normales, como las que realizamos los toreros en la plaza.

Las ejecutadas hace solo unos días en Fuente Ymbro desataron el optimismo, no solo del diestro, que gozó del toreo, sino del ganadero, que vio cómo sus reses respondían con creces a la exigencia de esas faenas “normales, como las de la plaza” a las que se refiere Román. Sirvan como prueba las imágenes de Arjona que ilustran este reportaje, tomadas en la placita de tientas de Los Romerales, donde la estrecha relación que mantiene Román con el ganadero, Ricardo Gallardo, le anima y le permite dar rienda suelta a su tauromaquia. “Ricardo me recibe siempre con los brazos abiertos, tengo esa suerte. Me echó dos vacas y un novillo y en su casa siempre estoy a gusto”, apunta. Pero, tal y como el propio torero se encarga de aclarar, en la preparación que lleva a cabo los tentaderos no son lo primero. Desde siempre, y cada vez más, Román da especial importancia al toreo de salón: “Es vital -defiende-, fundamental para perfeccionar y corregir. Los tentaderos están bien para pulsar como estás, pero con lo que verdaderamente pules y aprendes es con el toreo de salón. Yo me machaco con los banderilleros de mi cuadrilla, aunque si algún día entreno con alguien ajeno a ella también me gusta escuchar y absorber el mayor número de consejos posible. No sé si será un acierto o un error no centrarme en alguien en exclusiva a la hora de entrenar, pero soy de los que piensa que de todo el mundo se puede aprender”.

MADRID, DOBLETE DECISIVO

La agenda de Román tiene dos fechas marcadas a fuego: 17 y 30 de mayo. Esos días cumplirá su doble cita en la isidrada madrileña. Hasta ahora, la de Las Ventas ha sido una plaza crucial en su carrera: “Es la plaza que más me ha dado”, resume de primeras. “Lo ha hecho desde novillero, cuando corté mi primera oreja. Luego, en mi confirmación dejé una actuación importante, el 15 de agosto de aquel año corté otra oreja, volví en Otoño y paseé otra más, al año siguiente llegó la puerta grande del 15 de agosto, en Otoño me llevé otro trofeo en un toro y di una vuelta al ruedo en el otro… El año pasado fue mi peor año en Madrid, esa es la realidad. Toreé tres tardes en San Isidro, otra en Otoño, y aunque pude tocar pelo en alguna de ellas no se dio el triunfo que esperábamos todos. Ojalá este año consiga que sucedan de nuevo cosas importantes”.

-Madrid es la plaza que realmente abre puertas.

-Es la que más da, desde luego. Pero igual que da, puede restarte. A mí las tres tardes del último sanisidro me frenaron lo suyo.

-Sin embargo parece no pesarle su público.

-A mí me gusta torear en Las Ventas. Sé que si te entregas, se entregan. No tiene secretos en ese sentido. Su afición, aparte de entendida, es sencilla en ese aspecto. Te cantan y te reconocen cuando tú vas de verdad; y al contrario: enseguida notan cuando vas un poco de mentira y, lógicamente, te lo reprochan.

Román está anunciado con dos corridas a priori de máximo interés para el aficionado, las de Joselito -con los hierros de El Tajo y La Reina- y Adolfo Martín. Con una del maestro madrileño abrió la puerta grande de Las Ventas en agosto de 2017. “Me gusta ese toro que se mueve y resulta encastado y fiero. A mi concepto le viene bien”, avisa Román.

“Tengo ganas de San Isidro. Las Ventas si te entregas, se entrega. No tiene secretos”

-¿Más incluso que un toro con clase?

-Hombre, el enclasado también le viene bien a mi concepto, aunque ya sé por dónde va…

-¿Le molesta cuando oye que a su toreo le viene mejor ese primer tipo de toro, el del movimiento, que el de la calidad?, ¿le encabrona ese cliché?

-Creo que he crecido lo suficiente como para cuajar también al toro con calidad. En Fallas se demostró. Se vieron las dos vertientes. Cuajé al toro enrazado y duro, porque aquel Damasco fue muy buen toro pero pesó mucho, costaba estar delante, y con el otro, con el toro que hay que ir haciéndolo hasta sacarle el fondo, también fui capaz de estar bien y pegar muletazos muy buenos. En cualquier caso, lo que me gusta transmitir arriba es que todo lo que sucede abajo es muy difícil y cuesta mucho, y eso se consigue más y mejor con un toro que se mueva.

-Sí, pero a veces la movilidad confunde al público y…

-Lo sé… Y más a mí, que me gusta citar a los toros de largo y eso a veces juega en mi contra, porque luces una prontitud, una alegría, pero si luego el animal no se sale de los vuelos de la muleta la gente no lo percibe y, para cuando te quieres dar cuenta, ya se ha enamorado de esas otras cualidades que, aun siendo muy explosivas, no sirven para hacer el toreo bueno.

De momento, las divisas de Joselito y Adolfo caen bien entre el público de Madrid. El primer paso está dado. Hablamos de dos modelos de toro distintos dentro de un fondo de casta común: “Me hace gracia cuando la gente me pregunta por lo que voy a matar en Madrid, respondo que las corridas de Joselito y Adolfo y todos ponen cara de ¡uf, qué miedo! No sé por qué… ¡si son dos ganaderías que han dado muchísimos triunfos! Además, para Madrid ese tipo de toro es perfecto. Con quince o veinte pases puedes cortarles las orejas”.

-¿La preparación previa a torear en Las Ventas es especial?

-Yo me preparo exactamente igual que para cualquier otro compromiso, lo que sí es cierto es que la cabeza no está igual de tranquila cuando vas a torear en un pueblo que cuando vas a hacerlo en Madrid, pero es algo más psicológico que otra cosa.

Román debutará con los toros de Adolfo. Nunca antes se ha enfrentado en una plaza a los cárdenos de la uve. Además, ese día se medirá no solo a los toros sino a ese huracán llamado Roca Rey. ¿Se crece o mengua al verse al lado de un torero como el peruano?, preguntamos con intención. “Te creces, te creces, pero no solo por él. Escribano abre cartel, está muy hecho a este tipo de corridas y ha obtenido grandes triunfos con toros de Adolfo. Tengo dos compañeros muy fuertes, pero eso me motiva: cuanto mayor es el reto, mayor son la motivación y las ganas”.

“Cuando digo que voy a matar en Madrid las corridas de Joselito y Adolfo todos ponen cara de ¡uf, qué miedo! No sé por qué… ¡si son dos ganaderías que han dado muchísimos triunfos!”

Pocas semanas después, en Soria lidiará a los primos de los adolfos: los victorinos. Con ellos ya sabe lo que es cuajar un toro a gusto: “Llevo matadas dos corridas de Victorino, una en Almería y otra en Logroño, y en Almería toreé uno muy bien. En Burgos también voy a matarla. Tanto unos como otros son toros de embestidas similares: hay que esperarlos mucho, dejarles la muleta muerta, y lo bueno que tienen es que todo lo que les hagas tiene muchísima importancia. El otro día pudo verse en Sevilla”.

-Viendo la victorinada de la Maestranza, ¿le gustaría que saliera así la de Adolfo en Madrid?

-No me importaría. Me siento capaz de triunfar con una corrida de ese estilo, sí.

CAPACIDAD DE SORPRESA

En Valencia se vio a un Román renovado: igual de ambicioso, descarado y arrojado que siempre, pero con un punto más de sosiego y templanza en la cara del toro.

-¿Eso se trabaja o llega con el paso del tiempo?

-Se trabaja, ya lo creo que se trabaja. Yo trato de evolucionar constantemente, día a día, pero eso no se consigue de golpe ni de la noche a la mañana, llega poquito a poco, creo que aquí incluso sigues evolucionando hasta cuando te retiras… Todo es fruto de estar muy metido en el toro, de pensar continuamente en él, de analizar qué cosas puedes ir corrigiendo… y después unas cosas cuestan más que otras, pero con constancia y dedicación puede lograrse la mejoría en todo.

-O sea, que en el toreo no todo es innato.

-Justo.

-¿Ni siquiera el valor?

-El valor también se trabaja. Unos toreros tienen más que otros, cierto. Pero en la cabeza está todo y la cabeza también puede trabajarse.

-¿Y la torería? Eso siempre se ha dicho que no puede comprarse…

-Bueno, yo no creo eso. La torería también se trabaja. Y se consigue.

“Me gusta transmitir arriba que todo lo que sucede abajo es muy difícil y cuesta mucho, y eso se consigue más y mejor con un toro que se mueva. A mi concepto le viene bien el toro fiero, pero también he demostrado que sé cuajar al toro con calidad”

Román sigue siendo un torero impredecible. En esa cualidad radica buena parte del secreto de su conexión con los tendidos. En el toreo es importante que el público no sepa qué va a pasar. “Así lo veo yo también”, asiente. “Al final el Román más auténtico es ese, el impredecible. Si me quitaran esa cualidad, si me privara de inicios de faena como el de Valencia a Damasco, con esa arrucina de rodillas en los medios con un toro que era todo un vendaval de casta, no sería yo, no sería Román. Seguramente aquel arranque no fuese el más aconsejable para el toro, pero sí era el más aconsejable para meter a toda la plaza en la faena. Ese tipo de detalles hacen que quien pasa por taquilla tenga ganas de verte. Tampoco se trata de ser un inconsciente, pero… es lo que me hace distinto. Si no hiciera locuras, no sería Román”.

-Cuando vio en vídeo por dónde le pasaron los pitones en aquel inicio explosivo, ¿no se arrepintió lo más mínimo?

-Le juro que no, para nada. ¡Si es que me cogió por nada…! El pitón me entró por la chaquetilla e igual que me cogió y me pegó una paliza podía haberme librado sin más. Las locuras también forman parte del toreo. En cambio, ¿sabe de qué me arrepiento…?

-Usted dirá.

-De cómo estuve en Castellón, de correcto y académico. Ese no es Román.

-Fuera academicismos pues. Bienvenido sea el Román arrojado.

-Exacto.

-Aunque pasara un trago con Damasco, ¿firmaría un toro así de bravo en Madrid…?

-Uno no, ¡cuatro! Fue dura la prueba, pero firmaba cuatro como aquel.

-Alguna vez le he escuchado decir que le gusta pasar miedo, que disfruta con la incertidumbre.

-Es parte del toreo, el miedo está constantemente entre nosotros. No solo en la plaza, sino hasta en los tentaderos. El miedo está siempre con uno, pero a mí me gusta sentirlo. Creo que además es bueno…

“El miedo está siempre con uno, pero a mí me gusta sentirlo. Hay que verlo como un aliado, como algo necesario, pero es cierto que cuando sales hacia la plaza nunca sabes si vas a volver”

-¿De qué manera se le aparece? Belmonte decía que a él los días de corrida le crecía más la barba…

-Yo barba no tengo, así que no puede crecerme… -ríe- pero sí me vuelvo más susceptible. Los días de toros estoy más histérico, más nervioso o irascible. Mi actitud cambia, y a veces lo pago con la gente que me rodea.

-¿Cuánto más miedo se pasa antes, más valiente se es después?

-El miedo se combate con mentalización. Tienes que saber que no puede desaparecer y verlo incluso como un aliado, como algo importante y necesario.

-¿En su caso es miedo al público, al fracaso, a la responsabilidad… o al toro, que es el único que puede levantarle los pies del suelo?

-Al toro se le tiene miedo, lógicamente; de hecho, cuando sales hacia la plaza nunca sabes si vas a volver. Eso es así. No sabes qué va a pasar. Yo siempre tengo miedo a no saber qué va a depararme la tarde.

-De cara a Madrid estará pasando jindama tela.

-Sí, pero es la prueba de que sé perfectamente lo mucho que me juego.

-Suerte pues, torero.

Aquella gitana del Parque del Retiro...

Román confiesa haber ido adquiriendo ciertas manías con el tiempo. “Me calzo primero el pie derecho, de un año a otro procuro cambiar de hotel en los lugares donde no he triunfado, evito repetir vestidos con los que no me ha ido bien en la plaza… Hay algunos -se detiene en torno a los ternos- que me los he puesto apenas un par de veces. Tengo un gris y oro, el de la cornada de Sevilla, que me encanta pero no hay forma de triunfar con él. En cambio el azul o el verde parece que me traigan mayor suerte y, aunque se trate de una tontería, procuro ponérmelos más”. A pesar de ello, no se considera supersticioso. Tampoco a raíz de la curiosa historia que vivió con una gitana en el Retiro de Madrid… “Me paró en el parque justo antes de torear en el San Isidro de 2017, me dijo que no iba a tener suerte en la feria pero que ese año iba a depararme algo bueno. Cuando me pidió más dinero, le dije que no llevaba y no se lo tomó bien. En ese momento me dio igual, pero luego llegó San Isidro y no pasó nada, fui a otras ferias y tampoco hubo éxitos, y estuve acordándome de ella todos los días… hasta que llegó el 15 de agosto y salí a hombros en Las Ventas. ¡Tenía razón la gitana!”.

Fotos: ARJONA