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REPORTAJE

El Tajo y La Reina: más clase, mejor tipo
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(Foto: Diego Alcalde)

El Tajo y La Reina: más clase, mejor tipo

“La corrida de Madrid es seria, pero muy bien hecha. Un corridón. Pero los cuerpos y los cuellos son buenos, no hay toros destartalados de cara. Dentro de la seriedad, hay que buscar la armonía”, adelanta Joselito, en vistas a la cita de este viernes en la plaza de toros de Las Ventas

jueves 16 de mayo de 2019, 12:00h

Nos adentramos en San Juan de Piedras Albas, la finca que el maestro posee en Trujillo, para conocer la corrida reseñada para este viernes en Madrid. Llama la atención la abundante mancha colorada predominante en los pelajes, “¡son de Podemos!”, exclama entre risas José Miguel Arroyo Delgado. Es la consecuencia fortuita de los sementales seleccionados. Prevalece la seriedad de los animales y, ante la duda de su destino, Joselito adelanta que hay otra corrida más reseñada para Las Ventas aunque desconoce en qué fecha se lidiará. Una doble apuesta, arriesgada y valiente, como siempre fue la personalidad de este torero-ganadero.

Está volcado de lleno en este sueño que inició a la par que su carrera, aunque asegura que le dedica menos tiempo del que quisiera. La siembra, los cochinos, el manso… todos esos recursos del campo tan necesarios hoy en día y que oxigenan las apreturas del bravo le arañan horas a su máxima afición. “Si viviera en la ganadería, sería mucho más fácil”, apunta. Aunque los casi 130 kilómetros que separan la finca de su domicilio en Talavera de la Reina -apenas una hora de coche- no le impiden tener una presencia casi habitual.

Se nota en las 740 hectáreas de esta dehesa extremeña las consecuencias de un invierno seco. Queda nostalgia de aquella primavera frondosa del año pasado que casi tuvo continuidad hasta el verano. La tunda al bolsillo de los ganaderos que supone la falta de agua mina la moral de un sector duramente castigado y olvidado por las administraciones. Joselito se lamenta, pero la queja se extiende a la mayoría de criadores de bravo. “El campo está de pena. No ha llovido nada prácticamente y ya está todo medio seco. La primavera no es nada buena y lo peor es que queda un verano larguísimo, que va a ser muy seco. Donde más influye la sequía es en la cartera. Al no haber pasto, a las vacas hay que ayudarlas todo el año, suplementándolas con comida, henos y piensos porque no tienen nada que comer. Y como siga el tiempo así, el problema no va a ser la comida, que tiene fácil solución, sino el agua”.

MADRID, PLAZA CLAVE

-Este viernes lidia en San Isidro. ¿Le avisa su cuerpo de que se acerca la fecha?

-¡Uf! Es como cuando estaba en activo. Cuando te anuncian es muy bonito pero conforme se va acercando la fecha, maldices la hora.

-No será tanto como cuando se vestía de luces.

-Es distinto. Ser ganadero es más jodido porque no lo controlas. Cuando eres torero sabes cómo te has preparado y hasta dónde puedes llegar. Como ganadero, aunque hagas las cosas bien, hay muchos condicionantes que se te escapan de las manos.

-Hablábamos de la responsabilidad de lidiar en Madrid…

-La verdad es que sí, es mucha. Es muy bonito porque lo que quieres es lidiar en esas ferias, pero es muy jodido porque tú eres partícipe de que el espectáculo sea bueno o no.

-No se le ha dado nada mal la primera plaza del mundo. En su debut en 2016 Juan del Álamo cortó una oreja, al año siguiente lidió un corridón de toros que le permitió salir a hombros a Román y el año pasado paseó una oreja Javier Cortés. Un buen aval.

-Está mal que yo lo diga, pero en las tres corridas que he lidiado el resultado no ha sido nada malo. Con lo difícil que resulta que embistan los toros en esa plaza. Madrid es la que marca para todo el mundo, todo aquel que está bien en Las Ventas, debería tener una recompensa.

“Lo que me gusta, lo difícil, es juntar la clase con la casta. Un toro cuando se mueve debe obedecer a los engaños, porque, de lo contrario, aquello es una guerra

-¿Confía en la corrida?

-¡Ay hijo mío! No me atrevo a decir nada. Por eso no me gusta ir a los sorteos, porque todos preguntan y la verdad es que siempre que apuestas por un toro, no aciertas, así que prefiero no decir nada.

-¿Suele ir a la plaza?

-Normalmente sí, pero no lo paso muy bien y además me molesta casi todo.

-¿Cómo es la corrida reseñada?

-Seria, pero muy bien hecha. Es un corridón de toros porque en Madrid todo está basado en grandes y más grandes. Pero los cuerpos y los cuellos son buenos, no hay toros grandones ni destartalados de cara. Dentro de la seriedad, hay que buscar la armonía.

-Hábleme de los toreros anunciados en el cartel.

-Me gusta mucho Álvaro Lorenzo. Román triunfó ya con nuestros toros y ojalá pueda repetir el éxito. Y en cuanto a Joselito Adame, el más veterano de los tres, tiene mucha capacidad. El cartel lo es todo, porque uno hace los deberes bien hechos y luego influyen tantas cosas…

-¿Se cuida de una manera especial la corrida de Madrid?

-No, como todas en cuanto a alimentación y manejo. Sí que hay que tener cuidado a la hora de moverlos, porque si ves que te estás pasando tienes que parar un poco, ya que aunque los veas musculados y pesen como la tierra, si pierden la barriga y se quedan un poco culipollos, cuando llegas a los reconocimientos no te los admiten, en el caso de esta ganadería, porque si fuese otra, seguro que sí los aprobaban porque a veces, los reconocimientos son un cachondeo, la vara de medir no es la misma para todo el mundo.

“El toro ha cambiado, para bien, en cuanto a tamaño pero también ha crecido en calidad y perfección"

-A colación del volumen del toro y los reconocimientos, de la eterna polémica de sacar al toro de tipo... ¿Cree que hay vuelta atrás, que en las plazas de primera se puede lidiar un toro más armónico?

-Creo que sí, de hecho hay toros en plazas buenas muy armónicos, pero tampoco eso te asegura que vayan a embestir. Te pongo un ejemplo. Más bonita que la corrida que lidió Juan Pedro Domecq en Sevilla no la había en el campo, y luego va y no embiste la cabrona; otras veces llevas algunos toros sacados de tipo y embisten. Por eso no hay Dios que sepa de esto. Hay que intentar buscar el toro armónico, que no quiere decir que no tengo trapío. El trapío no son los kilos.

BUEN INICIO DE AÑO

-No empezó nada mal la temporada con una muy buena corrida en Olivenza en la que José Garrido y Luis David salieron a hombros.

-Hubo toros con mucho ritmo y mucha clase. Uno siempre espera más, pero en líneas generales estuvo bien. El segundo de la tarde tuvo muchísima clase, era una máquina de embestir, pero al final se rajó un poquito; luego, el cuarto toro fue extraordinario, y también el de la vuelta al ruedo; el último, que embistió muy bien con el capote, se quedó parado, porque, según vio el mayoral después en el desolladero, una banderilla le afectó al pulmón.

-La doble C que busca la gran mayoría de ganaderos, casta y clase, se hizo presente en Olivenza.

-Es lo que me gusta y lo difícil, juntar la clase con la casta. Un toro cuando se mueve debe obedecer a los engaños, porque, de lo contrario, aquello es una guerra. Lo que mueve esta Fiesta es la emoción, que viene por dos vías, a través de la belleza o del ¡ay¡, del miedo que pasa el público. A mí, particularmente, me gusta la emoción de la belleza, y cuando toreaba intentaba emocionar con belleza, pureza y profundidad, pero si eso no se puede, hay que echarle cojones y emocionar con el ¡ay!

-Hablando de casta… siempre se ha destacado ese nivel de bravura en su ganadería. ¡Los toros de Joselito arrean!, se dice coloquialmente.

-Ese sambenito tengo, sí.

-¿Y…?

-Hablan, luego cabalgamos querido Sancho.

“Intento buscar hechurar más el toro porque antes no le daba mucha importancia a las hechuras, buscaba más la raza por encima de todo. Ahora las caras son más armónicas y los toros más bajos”

-Eso es bueno.

-Hombre, a mí me gusta que el toro se mueva, pero que tenga clase. Lo importante es la movilidad porque, de lo contrario, por mucha clase que tenga, aburre hasta a las ovejas.

-Cuán diferente es este toro respecto al de los años 90, el que usted lidiaba…

-Muchísimo. Ha cambiado en cuanto a tamaño pero también ha crecido en calidad y perfección. Ahora salen toros que embisten perfectos de principio a fin, como por ejemplo Orgullito, de Garcigrande, indultado el año pasado en Sevilla. ¡Qué envidia poder criar un toro así de perfecto! No dejó de galopar en todo momento, con el morro por el suelo, obedeciendo… es el toro que a mí y a todo el mundo nos gustaría criar. Afortunadamente salen algunos toros así, y muchos que se asemejan. Se ha trabajado mucho en perfeccionar el toro, en la bravura.

-Por cierto… ¿su ganadería no tiene sangre Garcigrande, que también fue una de sus predilectas como matador de toros?

-Me prestaron un toro y tuve un par de vacas hace tiempo. No tengo nada, pero me gustaría.

-¿Cómo ha sido la evolución de El Tajo y La Reina en estos últimos años?

-Estoy intentando buscar hechurar más el toro porque al principio no le daba mucha importancia a las hechuras, buscaba más la raza por encima de todo. Aunque los sementales eran feotes y bastotes, los echaba igual, pero ahora voy buscando las hechuras para juntar la clase con la casta, algo muy complicado, pero bueno, en ese camino estoy. Las caras ahora son más armónicas, también muy serias, y los toros más bajos.

-De todas las condiciones que pueda reunir un animal, ¿cuál es la que más le obsesiona?

-Lo que más me gusta es la humillación, porque ahí va implícita la entrega. El toro cuando va humillado, normalmente se entrega, siempre y cuando embista con los riñones, porque puede humillar y embestir andando. Cuando el toro humilla y se entrega, es sinónimo de que es bravo.

-¿Y el recorrido?

-Normalmente, al toro que humilla mucho le falta recorrido. Cuando humilla, hay un sobreesfuerzo porque no es la manera natural de moverse, por eso le cuesta mucho más trabajo tener ese recorrido. De ahí el gran mérito de muchos ganaderos de ahora de conseguir un toro que humille y tenga recorrido.

-¿Se piensa en el público y el torero cuando se cría un toro?

-Hombre, lo que a ti te gusta le gusta a todo el mundo. Eso es como cuando ves a una mujer guapa por la calle, que pone a todo el mundo de acuerdo, y la que no es tan guapa, pues le gusta a unos sí y a otros no.

-Fue figura del toreo. ¿Le obsesiona serlo como ganadero?

-No. Para nada. Bastante es que he hecho una cosa muy bien. Sí que me gustaría, pero lo veo muy complicado, esa es la realidad, porque ambicioso soy más que nadie.

La nueva motivación de Martín Arranz

No han comenzado los tentaderos en casa de Joselito. El motivo no es otro que la continuación de Tauromaquias Integradas, ese proyecto que ha vuelto a despertar el interés de su padre, Enrique Martín Arranz, involucrado personalmente en una nueva convocatoria de aspirantes a imagen y semejanza de lo que se llevó a cabo la temporada pasada, pero, esta vez, con “chavales más jóvenes”, matiza José.

“El año pasado fue muy gratificante como ganaderos, porque se tentaron 180 vacas entre cuatreñas, utreras y eralas y no fuimos capaces de desechar tan siquiera veinte de ellas. Fue todo un espectáculo de tentaderos, con calidad y bravura”. Unas pruebas que se pudieron ver a través de internet y en las que se pudo comprobar la exigencia cruda y dura de los comentarios de Martín Arranz. “Lo que has visto no era nada comparado a lo que nos decía a nosotros cuando éramos chavales. Desde fuera puede parecer cruel, pero… bendita exigencia”.

¿Son los tentaderos un buen barómetro?, preguntamos al ganadero. “Te dan cierta idea porque hay sementales cuyas hembras dan muy bien y los machos mal, y viceversa. Pero sí te indica el momento en cuanto a calidad o mansedumbre”.

Afanes, la última reminiscencia Núñez

El Tajo y La Reina son dos ganaderías en una. El Tajo, con la que se hierran los animales con números impares, pertenece a Joselito; y La Reina, propiedad de Martín Arranz, hierra con números pares. Entre las dos divisas suman 280 vacas y 14 sementales, un número elevado debido a todas las vacas que se aprobaron en los tentaderos del pasado año. “Ahora mismo es una barbaridad, porque con 200 ó 250 como mucho, estoy servido. Antes teníamos unas 170”.

La procedencia es una sola: Juan Pedro Domecq. La última incorporación, hace cinco años ya, ha sido un lote de vacas de Daniel Ruiz. Apenas queda nada del encaste Núñez, por el que se apostó en los inicios, y que estos días desaparecerá casi por completo. Solo hay una vaca en la ganadería con un 25% de esta sangre. Es la número 23, Afanes, un nombre muy propio de su estirpe. Ya tiene 20 años y José no quiere alargar innecesariamente su vejez. Cuando muera, solo habrá dos sementales con cierta reminiscencia Núñez, apenas un 10%, hijos de la vaca Afanes. La absorción Domecq ha predominado.

Fotos: DIEGO ALCALDE