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La Revolera

'Fané y descangallao...'
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(Foto: Javier Arroyo)

"Fané y descangallao..."

El buen toreo hay que interpretarlo como bailaba el tango Carlos Gardel, despacito y apretao. “Fané y descangallao”, que decía el porteño que le dio a toda una época el sonido y el compás del viejo baile de arrabal. Con el brazo derecho rodeando la cintura de la pebeta, de tal modo que se rascaba su propia axila con la mano. Entre la pareja no cabía un papel de fumar. Así ha toreado hoy en la plaza de la madrileña Calle de Alcalá Miguel Ángel Perera al tercer Fuente Ymbro de la tarde, encastado, fuerte y repetidor que ha sido para el torero de Puebla del Prior la pareja perfecta. Y explotó la ciclogénesis. Y Perera consiguió su sexta puerta grande en Las Ventas. Esa puerta por la que, arropado por la admiración y el aplauso, se sale en volandas convertido en mito. Pijotero se llamaba el de Ricardo Gallardo y ha sido excepcional. Un toro de los que uno recuerda toda la vida. Tanto como el buen trazo, el empaque, la profundidad y la extensión de los muletazos del torero de la tierra extrema y dura.

Ha sido Pijotero un toro de los que por sí solos definen una ganadería. Pero ocurre que la exigencia con los pupilos de Los Romerales viene dada no solo porque la de Madrid es la plaza más exigente del mundo taurino, sino porque su propio historial es una cumbre imposible de alcanzar todas las tardes. Ahí está fresca en el recuerdo la corrida de Sevilla, en la que de seis toros, cinco salieron por la puerta de chiqueros con las orejas colgando.

Ni Finito ni Urdiales tuvieron la suerte de que les saliera un Pijotero esta tarde. Pero dado que lo de Fuente Ymbro vive un momento cumbre, habrá que comenzar a estudiar el por qué en Madrid embisten menos los toros. ¿No será que se está exigiendo un volumen y un peso que cuando se exagera deja de ser trapío para convertirse en barbaridad?