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La Pincelada del Director

Aguado, Perera, Román..., reincidentes

Lo volvieron a hacer. Reincidieron. Felizmente. Y en Madrid nada menos. A la vista del mundo mundial. Suenen pues las trompetas anunciando el paso de los triunfadores. Sobre todo para Aguado, que pasaba su primera gran reválida después del suceso de Sevilla en un ambiente de máxima expectación, detalle que por mucho que se desee no deja de ser un hándicap en la carrera de los toreros. Lo que se dice un trago. Un premio no pocas veces envenenado. Porque ya se sabe lo dados que somos los aficionados a preguntarnos aquello de “¿Lo volverá a hacer?”... “¿En Madrid también será capaz?”... Pues en Madrid, también. No era tarea fácil, sobre todo porque lo que había hecho era de difícil repetición y porque el escenario, ese Madrid lleno -y hasta vacío- pesa como un mal año al que nunca se acostumbran los toreros. Lo hizo y si me apuran lo mejoró pensando que las circunstancias no eran las más favorables o eso se suponía para su corte de torero, que no es de los de producción intensiva sino de inspiración esporádica. O así fueron siempre los artistas con los que le queremos homologar. Verán. Soplaba un viento de los que provocan desgobierno y zozobra, tuvo dos toros poco claros, una visita cargada de incertidumbre a la enfermería para comprobar cómo había quedado una rodilla que ya traía maltrecha y la tarde comenzaba a perderse en un ambiente de desilusión cuando surgió el milagro. Todo ello con la cátedra, qué digo la cátedra, el planeta toro pendiente de lo que hacía el sevillano, con esa mirada escudriñadora que adoptan los aficionados cada vez que se anuncia la aparición de un grande y piden la toga de juez.

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