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ENTREVISTA

López-Chaves: "Volver a Madrid es un regalo de Dios"

"Llevaré ocho o diez años sin torear en San Isidro. Me quita el sueño, pero quiero disfrutar de la tarde al máximo", asegura el salmantino, que lidiará este jueves la corrida de Cuadri en la Monumental junto a Rafaelillo y Octavio Chacón

jueves 13 de junio de 2019, 01:07h

Su nombre vuelve a figurar en las ferias. De momento, si no en todas, sí en algunas. Todas de primera. La francesa de Vic apostó por delante. Luego, su buen hacer en la plaza ha traído consigo, justamente, su repetición allí año tras año. El alza de su cartel y la conmemoración de su vigésimo aniversario de alternativa le permitieron regresar a su Salamanca natal en 2018, siete años después de la última incursión en su tierra. Se trataba de un nuevo paso en su remontada y lo saldó con una nueva puerta grande. Aquello, a su vez, le ha franqueado el acceso a Zaragoza, por San Jorge, y a Madrid, por San Isidro. En la capital aragonesa acaba de rayar a gran altura y ahora aguarda ilusionado su retorno a Las Ventas.

Domingo nació en Ledesma, pero desde que se casó vive en Salamanca. Duerme en casa junto a su mujer y sus dos hijos pero pasa los días entrenando en la finca que posee en su pueblo natal. “Cada mañana dejo en el cole a mi hijo mayor, que tiene cuatro años, y me voy a la finca. Allí estoy todo el día y por la tarde, cuando oscurece, me vuelvo a la ciudad a dormir con los míos”. La finca se llama Frades el Viejo. Allí desconecta de la vida mundana y se limita a pensar en el toro. “Es mi cuartel general”, confiesa. “Los fines de semana venimos todos al campo y en verano nos trasladamos allí, pero el resto del año el que está encerrado a solas en la finca soy yo. Bueno -matiza raudo- a veces me traigo al pequeño, que no va al cole porque solo tiene dos añitos, y así me hace compañía”.

-¿Alguno tiene ya cara de torero?

-Ninguno. Ni quiero que la tengan. ¡Jaja!

-¿Por lo mal que se pasa o por cómo está el patio?

-Amo este mundo y tengo claro que si volviese a nacer volvería a ser torero, pero es curioso que ningún compañero de los muchos que conozco, ni yo, queremos que nuestros hijos sean toreros.

-Insisto: ¿por los tragos que se pasan o por cómo está el toreo?

-Por los riesgos que conlleva, sin duda. Te juegas la vida. Te la juegas de verdad.

-El toreo ahora tampoco está apetecible para quienes comienzan…

-Es cierto, pero me preocupan más los riesgos inherentes a la profesión. A mí me han partido los muslos unas cuantas veces y se pasa mal, se pasa mucho miedo. También le digo que el toro me ha enseñado a apreciar la vida. Y eso es bueno. La gente se levanta y echa el día sin pararse a valorarlo. Yo gracias al toro disfruto de todos y cada uno de ellos. Hay que aprovecharlos, sentirlos. Debemos vivir cada momento, cada ratito que estemos con nuestra familia, con nuestros amigos, tomándonos un vino, comiendo, montando a caballo… debemos vivir cada segundo con la máxima intensidad posible.

-¿Sus hijos ven capotes y muletas en casa?

-¡Si hasta tienen! Cuando me traigo al pequeño a la finca me ve entrenar y agarra su capotillo, su muletilla y todo lo que me ve hacer lo practica él también. Es simpático verlo.

-Ojo, que por ahí empiezan todos…

-¡Jaja! Si les escondiera los trastos, luego los buscarían… así que quizá sea mejor que los aborrezcan desde chicos -vuelve a reír-. En realidad no sabe uno cómo acertar…

“En el circuito de las duras lo complicado es mantenerse. Quema mucho. Tienes que estar muy preparado, sobre todo mentalmente. Ahora busco entrar de nuevo. Me veo capaz de competir con todos”

Hace unas semanas mató a puerta cerrada un toro de Julio García en la plaza de Ledesma. “Era un toro fuerte y como el ruedo de una plaza de tientas se quedaba pequeño… lo hemos traído hasta aquí. Si hubiese sido más chico sí lo hubiera matado en casa”, matiza. “Además -comenta- me ha servido mucho, ha tenido emotividad, movimiento, transmisión, ha sido bueno por los dos pitones, ha humillado… Estoy contento”.

-¿Se machaca mucho tentando y lidiando machos a puerta cerrada?

-La preparación cambia según pasan los años. Antes era de tentar mucho y ahora, no sé si será la edad, prefiero hacer sólo un par de tentaderos a la semana. Me gusta tener hambre de torear.

-¿El tiempo que no tienta lo invierte toreando de salón?

-El entrenamiento es clave. Cuando uno tiene los deberes hechos, tiene la conciencia tranquila. El físico, el coger los trastos a diario, es vital para un torero. Fundamental. Tienes que estar familiarizado con el capote y la muleta. Y eso solo se consigue teniéndolos a diario en las manos.

Domingo tiene ganado bravo en la finca donde entrena. Sin embargo, curiosamente, la mayoría de veces que tienta lo hace fuera de casa: “Al final por compromisos, amistades e historias de todo tipo soy el que menos torea en su propia casa -ríe de nuevo-. A lo mejor puedo tirarme un año entero sin torear ni una becerra de mi ganadería. Eso sí, de tapia salgo a casi todo… -y sonríe otra vez abiertamente-. Pero no pasa nada. Lo hago gustosamente. Además, tengo la gran suerte de vivir en Salamanca, llevo veinticinco años toreando y gozo de la amistad de los ganaderos de mi tierra. Me llaman prácticamente todos para tentar.

-Qué lujo.

-Un lujazo. Me siento un privilegiado.

-Será buen tentador, porque si no…

-Digamos que me llevo muy bien con todo el mundo...

-No le llamarán solo por eso. Al fin y al cabo, en los tentaderos se dirime el futuro de cada ganadería.

-Es cierto -y ahora cambia el semblante y se pone serio-. Llevo acumulando conocimientos toda mi vida, me preocupo de tentar bien, me gusta enseñar el ganado, sé lo que quiere cada ganadero… e imagino que todo eso influirá también.

ALENTADOR ARRANQUE

El salmantino empezó su temporada en Aignan y Zaragoza. En el coso de Pignatelli paseó una oreja, le pidieron otra y se dejó las puertas abiertas de cara a la próxima Feria del Pilar; y aunque en la localidad francesa el viento hizo de las suyas y no le permitió estar del todo a gusto, la lectura de la tarde también fue positiva: “En Aignan sopló un auténtico vendaval y cuando eso ocurre no dominas la muleta y estás más pendiente del viento que de torear. Además mi primero fue un cinqueño que desarrolló mucho sentido, pero no me pesó. Así que me quedo con eso. La parada del invierno, al menos en mi caso, que ya no toreo en América, es especialmente larga, así que el toro, al volver, te mide; y tú también te mides con el toro. Pero a pesar de todas esas complicaciones di el paso adelante y crucé esa línea imaginaria que los toreros no siempre logramos cruzar. Ese camino es el mejor para volver a las ferias”.

-En Zaragoza al menos el problema del viento no existiría…

-En Zaragoza fluyó todo, tuve sensaciones muy bonitas y con la espada los maté muy bien a los dos.

-Uno era de Saltillo y el otro, de Concha y Sierra. Hierros de ese estilo son habituales en sus menús ganaderos. ¿No se le indigesta ninguno?

-Fíjese que no, porque esos menús son los que he comido toda mi vida, los que me han sacado de casa. Gracias a esos toros he visto y recorrido todas las plazas de España, di en su día el salto a América… Pero bueno, sí que pesan. Pesan más por el antes que por el después, por el trago que se pasa en las horas previas a la corrida que por el rato en que estás ante ellos en la plaza. Salen toros complicados, pero otros se dejan muchísimo. El de Concha y Sierra tuvo unas cualidades tremendas y el de Saltillo, al menos por el pitón derecho, fue un toro muy noble, muy pasador, le faltó humillar pero sacó mucha nobleza. Eso sí, por la mano izquierda era todo lo contrario…

-En Vic mató un toro de La Quinta y otro de Flor de Jara; y en Madrid le esperan dos de Cuadri.

-Dos platitos sabrosos más…

“Tras el invierno el toro te mide; y tú también te mides con el toro. En Aignan y Zaragoza di el paso adelante, crucé esa línea imaginaria que los toreros no siempre logramos cruzar. Ese es el camino a las ferias”

-En ese circuito las carreras nunca son tan longevas.

-Bueno, yo llevo ya veinte años de alternativa.

-Sí, pero con parones más o menos largos.

-Claro… es que en ese circuito lo complicado es mantenerse. Quema mucho. Tienes que estar muy preparado, sobre todo mentalmente. Yo tuve unos años buenos, luego estuve otros más parado… y ahora estoy buscando entrar de nuevo en él. Me veo capaz de competir con todos los que están ahí. Lo digo sin ánimo de desprestigiar a ninguno, porque todos los que están se lo merecen.

-El otro día Castella, tras lidiar su lote de miuras en Sevilla, valoró públicamente a quienes un día sí y otro también bregan con corridas de ese estilo…

-Sí, pero si encima hay que triunfar con ellas y repetir esos triunfos un año tras otro… es prácticamente imposible de aguantar, salvo que nos pusieran un corazón mecánico y una mente de ordenador. Los toreros somos humanos, tenemos sentimientos, pasamos mucho miedo, en mi caso además van pasando los años y adquieres más presión por los compañeros, por tu gente, por todo, y ese cúmulo de circunstancias influyen.

-¿Qué López-Chaves podemos encontrar ahora?

-La presión del triunfo ya no me puede, estoy para intentar disfrutar y, a la vez, cruzar la línea cuando haya que cruzarla, apostar, echar la muleta, cerrar los ojos y ver qué pasa. Mi cuerpo está dispuesto a hacerlo.

-Habrá quien piense que lo que no hiciese ante el toro hace veinte años, ahora será más difícil lograrlo…

-Los toreros evolucionamos. Quizá no tenga la frescura de la novedad, pero sí puedo aportar rasgos de tauromaquias más antiguas o lidias en las que se luzca más al toro. A lo mejor antes era todo arrojo y pundonor y ahora hay un poso, una madurez y unos conocimientos que antes, lógicamente, no podía tener. Ahora intento interpretar el toreo cuanto más despacio, mejor.

-Pero sin perder ese arrojo y esa decisión que siempre le caracterizaron, entiendo.

-Ahora hay una mezcla de todo. El arrojo y la decisión de mis principios se pueden mantener, pero lo que no podía exhibir en mis primeros años de alternativa es el poso y la madurez que solo llegan con el tiempo. Muchas veces la experiencia llega cuando uno ya no la necesita, aunque en mi caso sí que la necesito.

“La presión del triunfo ya no me puede. Estoy para intentar disfrutar y, a la vez, cuando haga falta, apostar, echar la muleta, cerrar los ojos y ver qué pasa. Mi cuerpo está dispuesto a hacerlo”

-Volver a Madrid para usted es…

-Un regalo de Dios. Llevaré ocho o diez años sin torear en San Isidro. Me quita el sueño, pero quiero disfrutar de la tarde al máximo.

-Como novillero llegó a abrir la puerta grande.

-Corté tres orejas aquel día y otra el día de mi debut a un novillo de Palomo. De matador en cambio nunca he tocado pelo. Lo he tenido ahí a veces, pero la espada siempre me lo ha privado.

-Román aseguraba hace unas semanas que Las Ventas no tiene secretos, que se entrega si hay entrega. ¿Es así de fácil?

-Es así de fácil… ¡y de difícil! Pero bueno, lo importante es que estamos en la feria y alguno tendrá que ser el triunfador, ¿no? ¿Por qué no puedo ser yo?

También ganadero

La familia López-Chaves cuenta con tres ganaderías distintas. Las dirigen tres primos, Santiago, Ignacio y el propio Domingo, cada uno con su propio hierro. Las tres vacadas están formadas por simiente de origen Domecq, por lo que, llegado el caso, colaboran entre ellos intercambiándose sementales. “Lo mío es Algarra, Jandilla -vía Javier Camuñas- y eché hace unos años un toro de Matilla”, relata Domingo. “Santiago también tiene Algarra y Camuñas e Ignacio tiene la ganadería un poco más abierta, con algo de Jandilla”, matiza.

Cincuenta vacas bravas y dos sementales pastan en la finca Frades el Viejo, la explotación que regenta Domingo. Hablamos de quinientas ochenta hectáreas linderas con la población salmantina de Ledesma. “La ganadería está justo antes de llegar al pueblo y la tengo por disfrute personal. De momento solo lidio erales y mientras esté en activo no quiero asumir retos mayores. Lo paso muy mal cada vez que lidio porque muchas veces no salen todo lo buenos que yo quisiera, pero una vez me retire de los ruedos sí me gustaría ir creciendo y dedicarme de lleno a la ganadería. Esto es mi vida”. De momento, a un eral de su hierro ya le dieron la vuelta al ruedo en Salamanca. No es mal presagio, ¿verdad?

A gusto en las concurso

En Zaragoza fue el triunfador de la última corrida concurso de ganaderías. Además, el salmantino es un fijo en los festejos de este tipo que se organizan cada año en la plaza francesa de Vic-Fezensac. “Creo que se me dan bien”, apunta el propio torero. “Me gusta conocer los terrenos del toro, sus querencias, ponerlo al caballo, lucir su bravura… Me preocupo de esas cosas, que justamente son las que se buscan en las corridas concurso. Como director de lidia ando pendiente de todo ello”.

¿Es viable lucir al toro en el caballo también los días de corrida estándar?, preguntamos. “Es viable siempre y cuando el público lo quiera ver -responde el torero-. Muchas veces te pitan cuando vas a poner una segunda vez al toro de largo y lo hacen porque piensan que lo que quieres es machacarlo. Muchas aficiones lo interpretan así, al menos en España. Aquí está todo más basado en la faena de muleta y no tanto en ver una suerte de varas bonita”. En Francia ocurre al revés: los pitos se escuchan si no se coloca de nuevo al toro ante el caballo…, apuntamos. “En Francia gusta mucho el primer tercio, allí es fundamental, casi lo anteponen al de muleta. En España no pasa eso. Quizá en una concurso la gente sí vaya predispuesta a ver varios puyazos, pero en una corrida normal, no”.

Fotos: ISMA SÁNCHEZ