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Caminos nuevos

Hay tardes que pretenden marcar una época. Quizás abrir un camino nuevo. Es difícil pero no imposible. La tarde de los adolfos y Roca Rey pretendía eso, pero sucede que venía amparada por más tardes. O era esa tarde la que, sobre todo, daba cobijo a las demás tardes de San Isidro. Lo cierto es que, a mitad de camino en el serial, algo dice que es posible: caminos nuevos.

Cada ciudad tiene su contexto, sus teclas, sus públicos, sus ferias. Madrid y Las Ventas, una plaza en entredicho respecto a su seguridad (la tarde de marras había 24.000 personas y no se cayó) tiene las suyas. Muy distintas, por ejemplo, a Sevilla y la Maestranza, cosos y abonos unidos por un absoluto: que ambas propiedades de los cosos, la Comunidad en la capital de España y los maestrantes en el caso de Sevilla, se quedan con una parte desproporcionada de los ingresos. Ante este mismo mal, las dos empresas han optado este año por dos vías distintas. Una, Sevilla, consciente de que los nombres son casi su única posibilidad, tiró la casa por la ventana en presupuestos y la cosa no le fue mal. Además de haber sido una feria magnífica. De paso, le hizo un favor al toreo, pues con el buen gusto de poner a Pablo Aguado en un cartel de vitola, lo lanzó hacia Madrid y hacia muchas partes. Reafirmó a El Juli, puso ahí arriba a Roca Rey. Los tres anunciados (Juli luego de mantenerse en el no al “bombo” de forma decorosa) en Madrid.

Y Madrid planteó algo bien distinto. Madrid puede hacer cosas que las demás ferias no pueden hacer. Y lo ha hecho bajo el dominio o apellido o nombre de sorteo, cuando, de forma natural, se podría haber hecho solo si se hubiera aceptado entre todos que hay nuevos caminos. Que debe haber nuevos caminos. Simón Casas hizo la feria que pudo hacer cada año. El dinero es el dinero. En éste, una feria no sé si con mucho menos presupuesto, pero sí con riesgo evidente en todos los sentidos.

A mitad de camino, mitad de feria, le va bien. Hasta muy bien. Queda techo, pero pinta que el camino es posible. ¿Cuál? Posiblemente que el toreo de nombres reiterados, siendo estos aún necesarios, no es el único camino para las ferias. Sobre todo las que pueden sujetarse en público. Se sujetan cuando suceden cosas y en Madrid están pasando cosas

A mitad de camino, mitad de feria, le va bien. Hasta muy bien. Queda techo, pero pinta que el camino es posible. ¿Cuál? Posiblemente que el toreo de nombres reiterados, siendo estos aún necesarios, no es el único camino para las ferias. Sobre todo las que pueden sujetarse en público. Se sujetan cuando suceden cosas y en Madrid están pasando cosas.

Es curioso. En lo ganadero he visto mucho cinqueño y mucho toro de peso. Y han embestido muchos toros. No insisto en lo del viento (que ha malogrado un montón de faenas) porque parece que el decirlo sienta muy malamente. No lo digo. En tardes clave, resulta que, además del “suceso Aguado”, sale un desconocido por la puerta grande, De Miranda, y un montón de toreros dan un nivel mucho mejor de lo esperado. Y este es un camino.

Habrá más, pero este es necesario. Los tránsitos hacia delante llevan su tiempo. En el toreo se traduce que los nombres consagrados por años, han de convivir con esos otros caminos y de forma inteligente. Con talento. Y el tránsito no se hace “retentando” toreros, como tantos años hemos hecho, lanzando como novedad a quien no lo era, creyendo que ese era el camino. Eso puede ayudar, pero ya es camino conocido. La “flor” de Casas existe. Puede. Pero la flor hay que regarla, echarle cuenta. El empresario que más y mejor ha tratado a las figuras, ¿es hoy su enemigo? No lo creo. Creo que por necesidad, ha agudizado el ingenio y que le está saliendo bien. Si este San Isidro termina con el ritmo con el que ha cubierto su primera parte, habrá que decirle a Casas que ole su ingenio. Cada cual es responsable de lo que hace porque somos lo que hacemos y no lo que decimos. Con un San Isidro feliz, solo quedaría atar bien atado el asunto de la remodelación de la plaza. Vital para licencias, seguridad, desarrollo, futuro. A mí esto me da más miedo que los caminos.

Veo una insistencia en hacer de Las Ventas un recinto para facturar en muchas cosas. Y repito lo que ya he dicho: en Lisboa andan con la mosca tras la oreja. Gana ya tanto dinero Campo Pequeno sin toros, que los toros son peccata minuta. Y los socialistas se han atrevido a decir que no es obligatorio celebrar corridas. A mí eso me da miedo.