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El palco

Dos vueltas al ruedo equivalen a una oreja
(Foto: Javier Arroyo)

Dos vueltas al ruedo equivalen a una oreja

Observamos, en esta temporada, que en plazas de primera se está recuperando la vuelta al ruedo, premio muy valioso en su día, y que después un matador, figura del toreo, dejó de darla si no cortaba oreja, lo puso de moda, y ahora lo hacen casi todos, lo cual nos parece una falta de respeto al público. Si el público pide insistentemente la oreja y el presidente no la concede, el matador debe dar la vuelta al ruedo para agradecer y saludar a los aficionados, que pidieron la oreja. Y si el público le pide que dé una o más vueltas al ruedo debe darlas, por las mismas razones.

Por tanto, los aficionados, los públicos en general y los toreros, deben saber que una vuelta al ruedo es premio importante, y que si el presidente niega injustamente, en opinión del público, una oreja, éste tiene la potestad de pedirle al matador que dé dos o más vueltas al ruedo, lo que equivale a una oreja. En definitiva, debemos recuperar la vuelta al ruedo, y las dos vueltas al ruedo ante lo que se crea es una injusticia por parte del presidente, como el que negó la oreja a Ginés Marín el día 5 de junio de 2019 en Las Ventas de Madrid.

El reglamento taurino dice claramente que la primera oreja la otorgará el presidente a petición mayoritaria del público, y mayoría es el 51%. Yo no me voy a pronunciar sobre si la faena de Ginés Marín fue de oreja o no, lo que sí afirmo con toda claridad es que el púbico la pidió por mayoría aplastante, y que el presidente transgredió el reglamento al negarla.

Si el presidente no cumple esta norma puede ser por que no conoce el reglamento -algo harto improbable- o por prevaricación. En ambos casos está incapacitado para subir al placo. Entendemos que el presidente está sometido a mucha presión, y más en Madrid, y puede equivocarse, pero también puede ocurrir, al menos en algún caso, que desee ser la estrella del espectáculo, tener su minuto de gloria, y el presidente jamás será estrella; los verdaderos actores en la Fiesta de los toros son el toro, el torero y el público. Abusos de autoridad o, al menos, desaciertos de algunos presidentes los vemos cada año en plazas importantes, y en esta temporada están siendo demasiado frecuentes, pero ello no justifica el insulto sino, como antes expusimos, pedir al torero que dé dos o más vueltas al ruedo, y luego una sonora pita al presidente.