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Puede que Ábalos tenga razón

Puede que Ábalos tenga razón

En este extraño país, a quien nos llama caspa se le invita a los toros y se le brinda un toro. De la misma forma que en este país de la extrañeza compulsiva la abogacía del Estado está a las órdenes de un presidente por incidente y rebaja el golpismo independentista a un no se sabe qué, para que salgan pronto a la calle y aquí no ha pasado nada. Extraño país. En donde si uno dice esto, lo dice porque es un facha. Claro. Yo soy un facha intolerante y crepuscular y casposo. Me digan ustedes qué son, además de estupendos demócratas y excelsos servidores del toreo, los que invitan, brindan y blanquean a quienes importamos un cero.

Ábalos dice estar legitimado para hablar de toros por ser hijo de torero, como para hablar de la Guardia Civil por ser nieto de uno del cuerpo. Mi hijo Gonzalo y mi hija Jimena están, entonces, legitimados para hablar de toros y de literatura y de periodismo por ser hijos de quien son. Y ainda mais, legitimados para hablar de la castaña y su colecta, del lacón con grelos, del minifundio galego y de los caballos de la capelada, habida cuenta de que sus lazos genéticos primeros son de ese espectro. Y más. Habida cuenta de que debuté con caballos en club de primera, Gonzalo podría decir estar legitimado para discernir de gambeteo y del chut. Pero, al ponerse a jugar, se hacía falta él solo. De tarjeta amarilla y a veces, de roja. Lo suyo era otra cosa.

Ábalos aficionado se gasta en toros lo que yo en juegos de la PlayStation. El Gobierno de este país, un puñado de euros para un estupendo y/o estúpido Premio Nacional Tauromaquia. Ya está, ya lo dije. Eso se gastan los máximos defensores del toreo que ocupan cargo público y que revientan los callejones de Las Ventas y de otras plazas mientras quienes les invitan les hacen la ola, se doblan, gesticulan culos, simulan felaciones de buen grado, enseñan nalgas y muestran sonrisas de acompañantes gustosos que pretenden decir ¡Oh, mira al lado de quién estoy, oh, mirad qué defensa del toreo hacemos! Oh. Ah. Uh. Tururú. Yo no me pongo al lado de Ábalos ni para heredar tres mil millones si antes no media una aclaración, disculpa, matiz o similar. Aclaro: no por ser Ábalos del PSOE. Me llama caspa Dios y, o lo enmienda, o se va al carajo. Pero yo soy facha.

Estos gestores del toro y los que dicen representarnos (a mí no, yo soy facha) son la elite de la estrategia, la tolerancia, la inteligencia, los dueños de lo sutil y los amos de las formas únicas con las que y por las que el toreo va a tener un futuro primoroso. Estoy seguro de que con Ábalos se ha hablado del voto libre que dio el PSOE en Cataluña para que salieran las cuentas y se prohibieran los toros. Y seguro de que han hablado de que, al menos, haga un matiz sobre la “caspa”. Y de que le han preguntado por qué su alcalde de Valladolid permite la agresión continuada de animalistas y le haya quitado a la empresa hasta el camión de riego.

O por qué han manifestado abiertamente, los del PSOE de Oviedo, que en esa plaza vieja, muerta, triste nido de ratas que es inmueble protegido, no han de darse ya toros, que eso es el pasado. O lo de Palma de Mallorca o lo de… ¿Sigo? No solo no se lo preguntan, sino que lanzan en collera esas sonrisas de pánfilos mamporreros al lado del señor feudal, que, oh, Deo gratias, ha tenido el gesto ducal de venir a los toros a la mejor localidad posible y sin que nadie le moleste. Ábalos no tiene cojones para ir a los toros a cualquier tendido de cualquier plaza, ni él ni otros ni los que le acompañan a él y a otros. ¿He dicho cojones? Sí. Es lógico. Solo soy un facha.

El toreo va a ser salvado y va a tener futuro gracias a la pleitesía y al buen trato de gentes de educación superior que le tienen tanta fe al toreo como a sus derechos constitucionales. Porque, esta sí que es grande, resulta que este facha habla desde hace años y casi décadas de sus derechos constitucionales. La Constitución es un texto propiedad de unos cuantos y, por supuesto, no es aplicable a los fachas como yo. Si yo fuera gestor del toreo, empresario, torero o representante áulico formal de entes superiores defensores de la tauromaquia, sentiría vergüenza por ciertas cosas. Pero no me hagan caso. Los fachas y casposos somos así. El toreo está en buenas manos. Gentes valientes que mantendrán a la Fiesta en un lugar de futuro superior. Eso, o es que son caspa. Porque puede que Ábalos tenga razón. Y sean caspa.